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Algo huele mal en el Barrio Chino

Pablo Tomino
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29 de noviembre de 2011  • 11:37

El Barrio Chino porteño, que busca imponer su marca al visitante extranjero al estilo del China Town de Nueva York –salvando las distancias, claro–, se debate hoy entre su colorida mística oriental y sus aires viciados por algunas irregularidades.

Es que buena parte de los habitantes de esa zona de Belgrano están molestos por el descontrol que, afirman, altera su cotidianeidad y su calidad de vida. Es cierto: transitar por este polo delimitado por Arribeños, Blanco Encalada, Montañeses y Juramento, amén de la variedad de objetos y excentricidades que allí se comercializan, implicará al visitante sortear algunos comercios donde los aromas poco agradables invaden las aceras.

Algo huele mal en el Barrio Chino y los vecinos parecen tener parte de la razón pues, en lo que va del año, la Ciudad decomisó 3400 kilos de comida en mal estado de conservación y la Dirección de Higiene y Seguridad Alimentaria labró 32 actas de infracción por irrgularidades que fueron detectadas en 42 inspecciones.

Falta de higiene, comida en mal estado y ausencia de fechas de vencimiento fueron causales de multas. Pero las faltas siguen: en muchos casos, por ejemplo, el sushi que se vende en comercios, envuelto en un nylon, tiene la fecha de elaboración en una precaria etiqueta superficial fácil de reemplazar en cuestión de segundos.

¿Tienen, en realidad, los restaurantes chinos los mismos controles que el resto? ¿Y los supermercados en particular? En teoría, sí. Pero... No fue casual que la Agencia Gubernamental de Control de la ciudad firmara un convenio con esos supermercadistas para instalar en las heladeras un microchip. ¿Por qué razón? Así se advierte si éstas fueron apagadas durante la noche y no se mantuvo la necesaria cadena de frío para los alimentos frescos.

Hoy, en varios de los supermercados de ese barrio se huelen olores nauseabundos que emanan de los depósitos de mercadería, por donde también suelen sacar los residuos a la calle. El pescado, acusan los vecinos, es el culpable. Y el dueño del local, entonces, el principal responsable por no mantener la debida higiene.

Las quejas vecinales llegaron hasta el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, que dispuso triplicar la recolección de la basura en esa zona para evitar la acumulación de desperdicios en la calle. Sin embargo, no alcanzó. Veredas de Arribeños, Montañeses y Mendoza, por ejemplo, suelen tener impregnados desperdicios de comida desde la primera hora de la mañana. Falta limpieza en el barrio y falta, también, mayor compromiso de la comunidad. La suciedad en sitios donde se manipulan alimentos, visitados por miles de personas diariamente, no son temas como para tomarlos a la ligera.

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