Murió Guillermo O’Donnell, un analista profundo de la política

Reconocido en todo el mundo, fue el creador de la teoría de la democracia delegativa
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30 de noviembre de 2011  

A los 75 años, murió ayer en Buenos Aires el politólogo Guillermo Alberto O’Donnell, uno de los intelectuales más brillantes que la Argentina exportó al mundo. Su obra, estudiada en las universidades más prestigiosas de los países centrales, marcó una impronta en el análisis de la teoría política y constituye un aporte indispensable para comprender los fenómenos sociales que sacudieron a la región en las últimas décadas.

Defensor inclaudicable de los valores de la democracia, fue uno de los primeros cientistas sociales en advertir sobre los efectos del autoritarismo y las fragilidades que condicionaban la consolidación de los regímenes democráticos en América latina. Estudió en profundidad los períodos de transición que se dieron en el país, y en sus trabajos más recientes transmitió su preocupación por las regresiones populistas.

Reconocido en el campo académico, es uno de los investigadores argentinos más citados por sus pares de todo el mundo. Su gran capacidad creativa y su profunda sensibilidad por los problemas sociales lo convirtieron en un humanista en continua acción, en su afán por contribuir a superar la fragmentación del país.

O’Donnell describió con singular precisión el modelo de las dictaduras militares en su libro El Estado burocrático autoritario, publicado en 1982, en las postrimerías del gobierno militar y convertido en un clásico de la ciencia política. Previamente, se había volcado al estudio del funcionamiento del poder en el libro Modernización y autoritarismo (1972), concebido durante el régimen de la Revolución Argentina, que derrocó al gobierno de Arturo Illia. Muy crítico de los gobiernos militares, afirmó una vez que "el Proceso no sólo destruyó el Estado, sino que lo gangsterizó".

La llegada de Raúl Alfonsín a la presidencia lo encontró trabajando en otra obra significativa: Democracia macro y micro, donde señala que la violencia de la represión política del período militar influyó en el afianzamiento de comportamientos autoritarios en distintos contextos sociales y desalentó la participación en la vida política.

En los años 90, al intentar comprender las presidencias de Carlos Menem, Fernando Collor de Melo y Alan García, en la Argentina, Brasil y Perú, O’Donnell enarboló el concepto de la "democracia delegativa", para identificar un estilo muy propio en la región, caracterizado por un poder centralizado y claramente diferenciado del sistema representativo. Así lo expuso más de una vez en LA NACION y explicaba que los "líderes delegativos" surgen de profundas crisis y corren riesgo de pasar en un plazo muy corto de una "alta popularidad a una generalizada impopularidad".

Guillermo O’Donnell había nacido en Buenos Aires el 24 de febrero de 1936. A los 21 años se graduó de abogado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y ya florecía en él su vocación por la cosa pública y la participación política: como representante estudiantil integró el consejo directivo de la Facultad de Derecho. Tuvo un paso fugaz por la actividad política –fue subsecretario del Interior en 1963, durante el gobierno de José María Guido–, pero se volcó rápidamente a la investigación.

Obtuvo el doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de Yale y fue miembro de la Academia de Artes y Ciencias de los Estados Unidos, profesor e investigador de reconocidas universidades, como las de California, Stanford, Oxford, Cambridge y Notre Dame. La Asociación Internacional de Ciencia Política, que integró y presidió entre 1988 y 1991, lo distinguió hace cinco años por su trayectoria.

Radicado en el exterior, primero en Brasil y luego en Estados Unidos, hace dos años regresó a la Argentina, aunque nunca perdió el contacto con el país. Aquí dirigió el Centro de Investigaciones sobre el Estado y la Democracia en América Latina (Ciedal), creado en la Universidad Nacional de General San Martín, cuyo colegio académico integró y donde formó un rico plantel de investigadores. Fue también director del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes). En 1995 fue distinguido por la UBA con el doctorado honoris causa y al año siguiente recibió el Premio Konex en Ciencias Políticas. Fue declarado ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires y era presidente honorario de la Sociedad Argentina de Análisis Político.

Distintos ensayos sobre autoritarismo y democratización están incluidos en su libro Contrapuntos, aparecido en 1997. Dos años después, mientras renacía en el país la esperanza que suscitó el gobierno de la Alianza, al que asesoró durante un tiempo ad honórem, O’Donnell no abandonó su preocupación por los problemas sociales y publicó Pobreza y desigualdad en América Latina. En 2001, con la profunda crisis en puerta, escribió La (in)efectividad de la ley y la exclusión en América Latina.

Sus publicaciones más recientes son Democracia, agencia y Estado. Teoría con intención comparativa, publicado en 2010, y Democracia delegativa, editado este año. Allí reafirma que la celebración por el retorno de la democracia coexiste con la necesidad de atender sus debilidades y ejercer una "crítica democrática a la democracia".

El reconocido politólogo era hermano del escritor y ex diputado Mario "Pacho" O’Donnell. Tuvo cinco hijos –Matías, Santiago, Ignacio, María y Julia– y estaba casado con Gabriela Ippolito. Sus restos son velados en la Legislatura porteña, Perú 130, y hoy, a las 14, serán conducidos al cementerio de la Recoleta, donde serán sepultados.

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