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Un galán de perfil bajo

Ya pisa fuerte en la televisión y es uno de los pilares de Herederos de una venganza
Laura Ventura
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3 de diciembre de 2011  

Una señora sube con esfuerzo la escalera del teatro. Sin soltar el pasamanos, le pregunta a Marco Antonio Caponi: "¿Dónde queda la entrada de Filosofía de vida?". El actor, que trabaja en esta obra, se levanta para asistirla, pero no tiene la respuesta. Se avergüenza y luego confiesa en voz baja: "Yo nunca entré por la sala principal, por las plateas. Siempre fui directo a los camarines". No hace falta aclarar. Su ingreso en la actuación y en el mundo del espectáculo, nadie lo duda: fue por la puerta grande.

A sus 28 años, acepta que lo tilden de galán, pero sabe que es algo pasajero (ver recuadro). Para perdurar en el medio hace falta cierta popularidad y una formación. La primera la palpa gracias a la TV, en la que interpreta al amor de Marcela Kloosterboer en Herederos de una venganza (El Trece). La segunda, la concreta de modo informal, con las lecciones que le dan Alfredo Alcón, Rodolfo Bebán y Claudia Lapacó, sobre las tablas, en la obra que dirige Javier Daulte. En apenas dos años, logró una continuidad en las tiras más vistas de la TV, desde Valientes, Alguien que me quiera hasta la ficción más vista, en el presente.

"La mía es una historia de esperanza", resume con una sonrisa enorme, y se dispone a contarla. Nacido en Godoy Cruz, provincia de Mendoza, a los 14 años se mudó a Maipú. Cuando terminó el colegio técnico, pensó que lo suyo era la ingeniería. Los números lo apasionan. Pero no pudo ingresar en la universidad, así que sin desanimarse comenzó a tomar clases en el profesorado de educación física. "Teníamos expresión corporal. Ahí me di cuenta de que la actuación me llamaba. Un día vino Esteban Mellino a dictar algunas clases. Hicimos algunos números, sketches, y me ofreció una beca para estudiar en Buenos Aires", recuerda aquel momento en el que tocó el cielo con las manos. Al menos por primera vez.

El cambio de paisaje fue radical. Del aire puro y de las montañas, Caponi se mudó a la gran ciudad, a una pensión, por el barrio de Once. "Fui muy feliz. Quizá la palabra pensión suena a drama, pero no. Los domingos iba caminando al Obelisco por la avenida Corrientes y me quedaba mirando las marquesinas de las obras que me gustaban. Me imaginaba que actuaba allí", dice. Pronto protagonizó algunas publicidades y se fue de gira por Uruguay con una obra infantil; además, hizo algunas funciones en Loco, posee la fórmula de la felicidad, el clásico de Mellino; una obra de Gonzalo Demaría, La Anticrista y las langostas contra los vírgenes encratitas, y estudió con Raúl Serrano, primero, y luego con Horacio Acosta ("Ya dejó de ser un maestro; es mi amigo"). Actor de tiempo completo, Caponi piensa seguir estudiando siempre: "Es como la compu, tenés que actualizarte todo el tiempo, si no, te quedás en el camino".

Secretos en escena

Su cordialidad y sencillez llaman la atención. Quedan apenas unos minutos para que comience la primera de las dos funciones de Filosofía de vida, pero habla con entusiasmo, como si no sintiera la ansiedad previa antes de salir al escenario. "Lo bueno de hacer teatro de miércoles a domingos es que uno va adquiriendo más tranquilidad. Uno aprende a controlar el pulso", dice.

En un alto de las grabaciones de Herederos de una venganza, Adrián Suar le hizo saber que quería que participase de esta obra. "Mi representante me llamó y me lo dijo. No caía. Después entendí todo, por qué Alfredo es tan grande. Parece un pibe de 25 años. Su cabeza está muy adelantada. No hay nada más lindo que ir a tomar mate en el camarín. Es una escuela en sí misma", cuenta. Allí tocó el cielo por segunda vez.

En un universo de intelectuales, el personaje de Caponi ingresa en Filosofía de vida para aportarle ternura, humor y hasta romance al texto: "Es difícil contar mi personaje sin perder el cuidado de deschavarlo. Si cuento más, lo mato al espectador. Lo que sí me encanta es que entre tantas personas inteligentes, el presocrático, como lo llaman por su grado de ignorancia, nunca llega a decir algo inteligente".

De Cuyo a la Patagonia

"Me gustaría tener una carrera en el cine, filmar en otros países", dice. Ya tiene un gustito en su carrera con su participación en Patagonia, film que representa a Gran Bretaña en los Oscar. El actor, elegido a través de un casting, pertenece al elenco argentino integrado por Marta Lubos y Nahuel Pérez Bizcayart, pero sus escenas, como un guía de alta montaña, fueron con Matthew Rhys (Brothers & Sisters) y Rhys Parry Jones. "Nos hicimos muy amigos. Seguimos en contacto. Yo tenía mucho miedo porque tenía que hablar en inglés, pero mi personaje podía permitirse usar un acento. Ellos tenían que hablar español. Así que nos juntábamos a tomar cerveza y estudiábamos español."

Esta semana Caponi termina con las grabaciones de Herederos de una venganza y el elenco de Filosofía de vida ya se tomó un descanso para regresar en enero a escena. "Justo, coincidieron las dos vacaciones. Esta novela tiene mucho ritmo, mi personaje está siempre al límite, peleando, luchando. Fueron 12 meses intensos, como tres novelas en una. Desde hace dos años que no paro de trabajar, pero es imposible quejarme. Ya tuve mucho tiempo de vacaciones", ríe.

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