Mariano Recalde, pura lealtad K para el frente de tormenta en AA

Entrenado en la militancia desde su adolescencia, el hijo del diputado moyanista Héctor Recalde llegó de la mano de La Cámpora a la presidencia de Aerolíneas Argentinas, que este año acumula pérdidas por US$ 700 millones y se convirtió en eje de una disputa gremial políticamente incómoda
Diego Cabot
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4 de diciembre de 2011  

Hace unos pocos meses nació la segunda hija de Mariano Recalde. A la primera, algo más de tres años atrás, la honró con el nombre de la mujer más importante de la historia política argentina: la llamó María Eva. Quizá si hubiese sido varón habría un Juan Domingo Recalde, pero fue niña. Entonces se decidió: a la segunda la llamó María Cristina.

Mariano Recalde está sentado en un sillón que jamás imaginó: es presidente de Aerolíneas Argentinas y Austral. Maneja una empresa que tiene 10.000 empleados y siete gremios. Es responsable de poner su firma en cuentas que terminarán este año con déficit de US$ 700 millones (el Estado ya puso US$1991 millones) y pesa sobre sus espaldas la carga de poner en el aire centenares de miles de pasajeros. No se preparó para ese reto, pero no le sacó el pecho cuando le informaron que desde el 8 de julio de 2009 sería presidente y gerente general de la aerolínea de bandera.

Recalde es un militante. Siempre lo fue. Porteño de nacimiento, ya mostró su lado político en el Colegio Nacional de Buenos Aires, donde hizo la secundaria. En 1988, después de denunciar fraude en las elecciones, luego de una segunda votación se convirtió en presidente del centro de estudiantes del colegio que ha sido cuna de muchos dirigentes políticos. Allí empezó la militancia de "Heavy", tal como lo recuerdan tres compañeros de aquellos años. Tranquilo, de perfil bajo, de paso cansino y militante de siempre son algunos de las palabras con las que lo recuerdan de su paso por el Nacional. "Un tipo de lo más normal", lo define un profesional que entonces deambulaba por los pasillos del colegio.

Es hijo de Héctor Recalde, actual diputado nacional, hombre de confianza de Hugo Moyano y siempre asesor de la Confederación General del Trabajo (CGT). La impronta gremial del padre lo acompañó desde su infancia y lo acompaña aun hoy, a sus 39 años.

En 1991, su andar tranquilo lo llevó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos. En 1995 terminó su carrera de abogado y se llevó el diploma. Durante su carrera no tuvo una militancia muy activa, quizá influido por el dominio que entonces ejercía la agrupación UPAU (la rama juvenil de la Unión del Centro Democrático) y los radicales de Franja Morada.

Pero el hombre volvió por la gloria de la política universitaria. En 1999, junto a otros ocho estudiantes, fundó Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), agrupación que nació como independiente y que impulsó una forma de hacer política con un estilo más desacartonado, cercano a los estudiantes. Algo similar ocurría en varias facultades. En Ciencias Económicas, por caso, había surgido TNT (Tontos pero no Tanto), movimiento que contaba entre sus creadores a Axel Kicillof, hoy vicepresidente de Aerolíneas. Nada quedó de aquella independencia: ambas agrupaciones se identifican con el kirchnerismo más militante y son columnas importantes de La Cámpora.

Ya como graduado, Recalde aprendió una lección más con NBI: la derrota. Con NBI se acostumbró a perder. Nuevo Derecho, una rama juvenil que responde al socialismo, le ganó cuantas veces quiso. En 2003, con la caída en desgracia de los partidos tradicionales, Nuevo Derecho y NBI se convirtieron en un clásico entre los estudiantes de abogacía. En esas elecciones, los socialistas se hicieron con el centro de estudiantes con el 30% de los votos. Recalde y los suyos lo siguieron con el 22% de las adhesiones. En 2004, volvió a perder (35% a 20%) y en 2005 los socialistas aplastaron: Nuevo Derecho se llevó el 40% de los votos y NBI los siguió con un 13 por ciento.

Por entonces, Recalde trabajaba en el Poder Judicial. Cuentan en los bares de Tribunales que Heavy ya militaba en los gremios con participación en la Justicia. Su preferido era Unión Personal Civil de la Nación (UPCN). Alguna vez fue sorprendido pegando carteles del gremio en los pasillos de Tribunales y la reprimenda le llegó rápido. "Le dijeron que le iniciarían un sumario y Recalde se asustó. Entonces inmediatamente renunció y se fue a trabajar con el padre", dijo una fuente que lo conoció y que aún lo trata.

Apoyado en la estructura de un padre abogado de los gremios desde hace décadas, Recalde hijo creció como laboralista. En 2007 se doctoró en Derecho Laboral en la UBA y se enfrentó con el rector Aníbal Alterini, lo que casi le cuesta más tarde la expulsión como docente de esa casa de estudios. Más allá del expertise que consiguió defendiendo a trabajadores y gremios, su aporte al derecho laboral no se destacó. En los registros de la Corte Suprema hay dos casos que lo tienen como letrado patrocinante: en ambos casos, el máximo tribunal no abrió la causa y la devolvió a la cámara inferior. Al año de doctorarse, se hizo conocido por una cámara oculta que le hizo a un representante de la Cámara de Empresas de Servicios de Vales Alimentarios. Denunció que le habían ofrecido 20 millones de dólares para que se frenara una ley que los abolía, el tipo lo filmó, la ley salió y escribió un libro sobre el asunto.

Afianzado en el mundo del derecho, siguió con su militancia universitaria. Ya muy cerca del kirchnerismo, llevó a NBI a una identificación total con el oficialismo gobernante. También cambiaron algunos métodos de campaña y el enfrentamiento con Nuevo Derecho se potenció: llegaron a cruzarse causas penales por amenazas hechas en el calor de la campaña. Además, sumó otra creación para lograr un lugar en la representación de graduados del consejo directivo de la Facultad. Fundó Abogados por la Justicia Social (AJUS), una agrupación con la que compitió fuerte en 2008 y logró un magro tercer puesto sin representación alguna. De esa elección se llevó otra paliza en las urnas y la acusación de sus competidores de haber destinado recursos desmesurados para una campaña de este tipo. "Hubo muchos, demasiados diría yo, recursos para esa campaña. Y perdió por escándalo", recuerda uno de sus competidores.

La hora de volar

Y un día llegó a Aerolíneas Argentinas. El ahora ministro de Justicia, Julio Alak, dejaba el cargo de gerente general de la empresa y Recalde recibió el llamado presidencial. La sorpresa no fue sólo de él: nadie en el sector imaginó que este hincha de Boca se convertiría en el mandamás de las problemáticas líneas aéreas. Recalde no se amedrentó. Asumió con su barba de un par de días y su clásica corbata prolijamente desanudada. Saludó con cierta timidez en la Casa Rosada y fue ovacionado por sus compañeros de militancia. Varios entrevieron en él a la persona capaz de encolumnar tras de sí a una generación. La exposición de su cargo, su imagen de "tipo común", como suelen definirlo casi todos, bien podrían catapultarlo a ese pedestal.

Su llegada a Aerolíneas trajo consigo una paz social con los gremios que sólo se rompió hace unos pocos días. Recalde se instaló en el codiciado piso nueve de la Torre Bouchard, donde habitan los ejecutivos de la línea aérea. Llevó consigo a varios militantes de La Cámpora a los que les repartió los principales cargos en la empresa. Los primeros fueron tiempos en los que el hombre escuchó. Varios que estuvieron con él recuerdan que disimulaba su total desconocimiento del negocio con silencio. Escuchaba y se limitaba a decir que las cosas cambiarían de a poco. Así nomás, sin grandes definiciones.

El y los suyos siempre se quejaban de que las paredes escuchaban en ese piso. Hoy el piso nueve pertenece a la cofradía de La Cámpora. Como buen kirchnerista, es desconfiado hasta el extremo. Eliminó a todos los gerentes de la línea histórica y colocó tropa propia: ya nadie que no sea amigo entra a ese sitial de las decisiones aéreas. No es amigo de llegar muy temprano a la oficina, ni de irse demasiado tarde. Eso sí, pese a moverse en un Toyota que la compañía compró hace poco, en el marco de la renovación de autos de sus ejecutivos, no sale a almorzar. En el noveno organizan almuerzos de trabajo y allí corren desde pastas hasta salmón.

Aquella petulancia con la que asumieron los jóvenes kirchneristas parece haber quedado en el olvido, quizá influidos por algunas conductas que los colocaron bajo la lupa de la opinión pública. Alguna vez, Recalde y los suyos viajaron a precios módicos a ver un partido de la Selección en Uruguay. La lista de los pasajeros y los precios que pagaron salieron a la luz y la reprimenda llegó desde el Ministerio de Planificación Federal. Julio De Vido se molestó y Aerolíneas debió sacar un comunicado en el que aclaró que Recalde había pagado el pasaje con su propio dinero. Quizá por eso el joven se privó de ir al Mundial de Sudáfrica en los vuelos que la línea aérea programó, y que le provocaron pérdidas de varios millones.

Ahora Heavy está de capa caída. La gestión política de la empresa fue virtualmente intervenida por De Vido, al punto de que, en el último acto público, escuchó cómo su regulador y jefe decía cuáles serían los pasos de la aerolínea que él maneja. Después de todo, el ala dura del Gobierno no le perdona que, después del triunfo con el 54% de los votos, alguien se haya parado de manos. Ese alguien es Ricardo Cirielli, el hombre que representa a los técnico aeronáuticos. Y la granja donde se cometió el improperio gremial es Aerolíneas. Por lo bajo, los viejos zorros del kirchnerismo le facturan algo de la soberbia con que en el último tiempo trató a los gremios. Y lo hacen responsable de que la pelea con la CGT se adelantó por su culpa. Justo a él le paso esto de quedar entre sus viejos clientes de su época de abogado y su nuevo amor político. Consciente de su erosión, se refugia en el apoyo público de Cristina Kirchner y deambula por el periodismo amigo tratando de explicar la original revolución aérea de La Cámpora, que necesita el auxilio de dos millones de dólares diarios para sobrevivir. Y sabe también que aquella ventana generacional, por ahora, está cerrada. Pero en esta Argentina nada se sabe. Y si no que lo diga Recalde, que jamás pensó en estar sentado en el sillón en el que reposa hoy.

Quien es

Nombre y apellido:

Mariano Recalde

Edad: 39 años

Trayectoria académica:

Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires y estudió Derecho en la UBA, donde años más tarde se doctoró en Derecho Laboral.

Kirchnerista de alto vuelo:

Afianzado en el mundo de la militancia universitaria, se acercó al kirchnerismo. Desde julio de 2009 es presidente y gerente general de Aerolíneas Argentinas. Está casado y es padre de dos hijas.

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