De los ocho homicidios de Mateo Banks en Azul al caso Barreda

En la historia criminal argentina hay más casos de asesinatos múltiples que de homicidas seriales
Gustavo Carabajal
(0)
4 de diciembre de 2011  

En la historia criminal argentina sobran ejemplos de homicidios múltiples, como el que ocurrió el fin de semana pasado en un departamento del barrio La Loma, en La Plata.

Algunos, como los asesinatos cometidos por Mateo Banks, en Azul, en 1922, o el caso de Luis Fernando Iribarren, conocido como el masacrador de San Andrés de Giles, se resolvieron; otro caso, como la masacre de la estancia La Payanca, en General Villegas, quedó impune.

Los criminalistas establecen una diferencia entre los asesinatos múltiples o en masa de los homicidios cometidos por los asesinos seriales. En nuestro país, son más comunes los primeros, donde se registran varias víctimas, que fueron asesinadas por un único homicida.

En cambio, los homicidas seriales, como Jeffrey Dahmer, conocido como "El Carnicero de Milwaukee", o David Berkowitz a quien se lo bautizó como "El hijo de Sam", son característicos de otras sociedades con otras problemáticas y motivaciones distintas.

Carlos Eduardo Robledo Puch, "El ángel de la Muerte"; Cayetano Santos Godino, "El Petiso Orejudo" y Guillermo Antonio Alvarez, alias "El Concheto" o "El Karateca", constituyen los referentes más conocidos de los asesinos seriales en nuestro país. En cambio, Mateo Banks, también conocido como "Mateocho", es el homicida múltiple más importante de la historia criminal argentina de los últimos cien años.

En abril de 1922, este descendiente de irlandeses utilizó su rifle Winchester para irrumpir en las estancias La Buena Suerte y El trébol, en Azul, y asesinar a sus hermanos Dionisio, Miguel y María Ana; a su cuñada, Julia Dillon; a sus sobrinas, Sara y Cecilia, y a los peones Claudio Loiza y Juan Gaitán.

Durante el juicio oral que concluyó con la condena de Mateo Banks a prisión perpetua, se determinó que el acusado mató a sus familiares para quedarse con sus propiedades; en tanto que asesinó a los dos trabajadores para lograr su impunidad.

En San Andrés de Giles

"Todos se habían puesto en contra mío. Vivíamos en un clima de tensión y distanciamiento", le dijo Luis Fernando Iribarren al juez de Instrucción de Mercedes Eduardo Costía, horas después de que la policía lo detuviera por matar a cuatro integrantes de su familia en el campo en el que vivían en la zona rural de San Andrés de Giles.

Según le confesó al magistrado, luego de matar a su hermano Marcelo, se acercó al cadáver, le cerró los ojos, y le dijo: "Negro, por qué te hice esto, si yo te quería".

La masacre ocurrió en 1986, pero fue descubierta ocho años después, cuando la policía encontró el cuerpo de Alcira, la tía del acusado. El cadáver estaba enterrado en el fondo de su casa. La autopsia determinó que, la mujer, de 63 años, fue asesinada de varios hachazos.

En agosto de 2002, luego de que los peritos concluyeron que Iribarren comprendía la criminalidad de sus actos, un tribunal de Mercedes lo condenó a prisión perpetua.

También se resolvió la denominada masacre de Flores, ocurrida en febrero de 1994, donde fueron asesinados cuatro integrantes de la familia Bagnato y un amigo de uno de los hijos (ver recuadro).

La Plata y Cipolletti fueron escenarios de dos femicidios múltiples. Hace 19 años, en la capital bonaerense, el odontólogo Ricardo Barreda asesinó a su suegra, Elena Arreche; a su esposa, Gladys McDonald, y a sus hijas, Adriana y Cecilia Barreda. La masacre ocurrió en la casa del odontólogo, situada en la calle 48 al 800.

En noviembre de 1997, en Cipolletti fueron asesinadas María Emilia González; su hermana, Paula, y una amiga, Verónica Villa. Cinco años más tarde, en un consultorio de la esa ciudad fueron asesinadas Mónica García, Carmen Marcovecchio y Alejandra Carbajales. En ambos casos hubo imputados condenados, aunque las sentencias no dejaron conformes a los familiares de las víctimas.

El nombre del autor de la masacre de la estancia La Payanca, en General Villegas, quedará siempre en el misterio. En mayo de 1992 fueron asesinados María Etcheritegui de Gianolio; su hijo, José Luis; Alfredo Forte, pareja de la mujer, y dos empleados de la familia y un vecino. Hubo varios sospechosos investigados, pero nadie fue condenado por el múltiple homicidio.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?