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La biblioteca, el otro gran legado de Carlos Moncaut

Una pequeña parte de su amplia colección de libros, revistas y escritos fue subastada recientemente
Susana Pereyra Iraola
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10 de diciembre de 2011  

Nunca hemos sido tan solventes como para comprar libros caros", recuerda María Teresa Barberis, que fue la esposa de Carlos Antonio Moncaut durante cuarenta y siete años: "Yo lo acompañaba, él compraba". Libros, diarios, revistas, folletos, documentos, lo que el investigador descubría y le abría camino a sus búsquedas o referencias a sus escritos se fueron acumulando en su casa de City Bell, ocupando espacios sobre las paredes "amuralladas" (él usó el término) con volúmenes y carpetas. Unos 40.000, de los cuales una pequeña parte fue subastada en Saráchaga.

De día trabajaba como visitador médico de un laboratorio (había estudiado en La Plata); en sus horas libres visitaba bibliotecas, archivos, museos, estudiaba "lo que parece poco importante en la historia tradicional y que para mí es esencial". Crónicas del diario La Tribuna fueron el origen de su primer libro: Viaje del vapor Río Salado del Sud, de Buenos Aires a Chascomús, en 1857, publicado en 1957. En 1967 publicó Biografía del Río Salado. De una conferencia de Alfredo Calcagno nació su libro Reducción jesuítica de Nuestra Señora de los Pampas 1740-1752.

Comenzó a reunir libros a los dieciocho años sobre el territorio de Misiones –escribió Julián Cáceres Freyre–, atraído por la selva y por los animales, tan bien retratada por Horacio Quiroga en sus cuentos y novelas. Y para 1945 comenzó a adquirir en las librerías de la ciudad de las diagonales y de esta ciudad los libros clásicos de viaje de Juan Queriel, Eduardo Holmberg, Federico de Basaldúa y otros clásicos de esa rica zona de la tierra colorada. Desde entonces, y hasta hoy, Moncaut reúne todo lo referente a las tradiciones indígenas y folklóricas de la provincia de Buenos Aires, la historia de sus pueblos, estancias, fortines y misiones, la vida campera tanto material como espiritual, a la que se agrega todo lo referente las ciencias naturales, con especial énfasis en la ornitología, ya que es un incondicional admirador de William H. Hudson.

Dedicó su libro Pulperías, esquinas y almacenes de la campaña bonaerense a dos libreros amigos, Gerardo Fernández Zanotti y Ezequiel Elía. Recordaba: "Fernández Zanotti prácticamente me regaló, al ver mi interés y consternación, los 24 tomos de la obra completa de Hudson, editados en 1927, que descubrí en la librería Fernández Blanco, de su padre. Tuve que aprender inglés para leerlos".

Durante uno de sus múltiples viajes por la provincia vivieron en La Esperanza, en el Tuyú, donde obtuvo testimonios con los que escribió ¿Un nuevo Hudson?, en 1967, publicado en la Revista de la Universidad de La Plata: el tema era Ronald Runnacles, un ornitólogo aficionado que llegó a reunir una colección de más de 200 huevos de aves acuáticas, que donó al Museo de Ciencias Naturales de La Plata, y murió en la segunda guerra mundial. Entre los lotes del catálogo está Estampas informales de Buenos Aires 1865. Retratos y dibujos de un viajero escocés, originalmente publicado en Escocia en 1868. Lo editó, como Amparo, de Paul Groussac, con un estudio preliminar suyo, en su propia editorial, "El Aljibe".

Variada obra

Con la colaboración de María Teresa editó con ese sello sus propios libros –algunos de los cuales fueron incluidos en la subasta–: dieciocho obras, biografías como la del Perito Francisco P. Moreno; historias de familias y de estancias; de viejos pagos y pulperías bonaerenses; de caminos reales, postas y mensajerías; carretas y galeras; reseros y troperos; tahonas y molinos; inundaciones y sequías; los canales en la zona de influencia del Salado; la necesidad de obras que regulen las aguas mediante una distribución ordenada de cultivos; forestación y sistemas de labranza para ayudar a recuperar el sistema ecológico de las pampas, originariamente protegido por los pajonales; los procesos químicos que originan la tonalidad dorada de la laguna en las cuevas de la sierra de La Tinta.

Su obra contempla temas de costumbres y tradiciones, que también expuso en más de 200 conferencias; en colaboraciones en El Día, El Pueblo, de Magdalena, y otros periódicos, y en charlas por Radio Universidad Nacional de La Plata y Radio Provincia. También colaboró con esta misma columna de La Nacion.

A su colección de libros hay que sumar los de la historia y la literatura, la arqueología y la paleontología, que lo apasionaban.

Un botijón de 1807 y un esquinero antiguo que tenía en su casa, incluidos en el previo remate de arte, daban testimonio de su otra pasión: la de coleccionar "todo lo que fuera de uso doméstico", dice su mujer, como si quisiera llevarse la memoria de la vida en el campo a su casa: azulejos, relojes, cencerros, vasos de pulpería, pavas, braseros, sifones, rastras, estribos, espuelas, monedas, imágenes religiosas y sillas.

Era chico cuando rescató del fuego en su casa de las calles 1 y 46 una partida de nacimiento y papeles pertenecientes a su abuelo vasco, oriundo de los Bajos Pirineos y que se estableció en las chacras a la vera del arroyo Azul, donde nació su padre. "Creo que desde antes de nacer me apasionó el campo", decía.

También le gustaban los pájaros. Solía traer de los bajos del Tuyú algunos pichones y se veían teros, algún tucán, patos y chajás en el jardín de su casa. Carlos A. Moncaut falleció el 22 de diciembre de 2008. María Teresa dice que siente "tristeza porque se va parte de mi vida y alegría porque los libros van a estar en manos de personas que si compran es porque les van a dar el valor que les daba Carlos".

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