J.J. Benítez: el provocador

Escribió sobre ovnis y vendió millones de libros con su relectura sobre la vida de Jesús. ¿Quién es este escritor español, tan controvertido y resistido como taquillero?
Guadalupe Diego
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18 de diciembre de 2011  

Tres décadas dedicadas a escribir sobre la vida de Jesús puede no asegurarte el cielo, pero sí los millones. Treinta años lleva el periodista español J. J. Benítez escribiendo los libros de su saga Caballo de Troya, a esta altura todo un best seller mundial traducido a varios idiomas.

La voz oficial cifra sus lectores en 20 millones y los ejemplares vendidos, en más de cuatro. Ahora acaba de lanzar el número 9. Se llama Caná, y jura que es el último.

Cuando repasa el inicio de su exitosa aventura, vuelve a su eterna y misteriosa fuente. El mismo lo cuenta en Caballo de Troya 1: "Yo estaba en México presentando mi libro El elegido, que era sobre ciertas cosas rarísimas en torno de la Sábana de Turín, y ahí un tipo me contacta, un militar norteamericano. Me cuenta una historia que al principio no creí, pero que empecé a investigar. Y escribí un libro. Fui a Planeta y quería que le quitaran 400 páginas. Me negué. Lo publicaron y hubo mucha repercusión. Yo tenía mucha información y pensé: no puedo sacar un solo libro".

Una lectura apenas diagonal del texto apura un interrogante elemental: ¿cuánto de ficción ofrecen estos libros que cuentan otra versión de la vida de Jesús de Nazaret?

"¿Ficción? Yo todo lo cuento desde la verdad. Hay mucha menos ficción de lo que la gente piensa –responde el siempre enigmático Benítez–. Pero a mí no me importa, ¿eh? Si la gente cree que es una novela, pues estupendo, no pasa nada. Claro que mis enemigos dicen que es todo ficción, que es todo invento. En ese caso yo digo que, si es así, entonces yo soy un serio aspirante al premio Nobel."

Bien lejos de la Sala de Conciertos de Estocolmo, Benítez cuenta detalles sobre la última entrega, un libro tan pesado como los anteriores. Literalmente. Es otro ladrillo de casi 1200 páginas, escritas todas originalmente con máquina, la misma que utiliza desde 1974. "Este número es una continuación de la vida pública de Jesús. Habla de los primeros prodigios, de algunas de las curaciones masivas, que son mucho más espectaculares de lo que te dicen los evangelios canónicos, porque las hacía incluso contra su propia voluntad."

Según el escritor, el relato oficial termina siendo otro, porque lo que hubo fue "una gran manipulación". Afirma que ni la elección de los apóstoles fue como los Evangelios cuentan que fue, ni el tú eres Pedro y sobre esta piedra construirás mi iglesia alguna vez ocurrió.

"La historia se ha contado de otra manera por interés. Y el mensaje inicial de Jesús no vende. El dice: Usted es inmortal, y todos los seres humanos son hermanos, hay un Dios que no castiga nunca y para todos. Esa historia no vende porque las mujeres no son lo mismo que los hombres, ni los esclavos que los hombres libres, ni los paganos que los judíos, que era lo que pretendía Jesús. Y, como no vende, entierran el mensaje. Esa es la peor manipulación que ha habido."

El Jesucristo reloaded le trajo algunos dólares y un buen puñado de enemigos. Entre ellos, los sectores más conservadores de la Iglesia y alguna que otra iglesia evangélica. Todos lo acusan de ser el diablo, una afirmación difícilmente contrastable. Lo otro, en cambio, ya sería más verificable: Benítez fue acusado por plagio no una, sino varias veces, especialmente por copiar páginas enteras del libro religioso Urantia sin mencionar jamás la fuente.

Si reescribir la vida de Jesús puede resultar cuando menos audaz, la otra pasión del periodista no es menos singular: los ovnis, la ufología. De hecho, puestos a hacer números, el hombre lleva más tiempo investigando marcianos que cristianos.

Todo comenzó en 1972. Benítez tenía 26 años, se afianzaba en su carrera como periodista y tenía un trabajo estable en la redacción del periódico La Gaceta del Norte, en Bilbao. Se había casado, tenía hijos. Cubría sucesos, hacía entrevistas. Así hasta que llegó un teletipo con un dato singular: un ovni había aterrizado en Burgos. Benítez salió a cubrir ese fenómeno y todos los que vinieron después. Rápidamente se convirtió en una especie de Fabio Zerpa a la española y ya no hubo plato volador que le pasara de largo. Hubo libros, conferencias y programas de televisión (acusados algunos, cómo no, de fraude).

"Yo me doy cuenta de que todo aquello es real cuando empiezo a hacer notas. Hasta que en el periódico me dijeron de ovnis, nada. Entonces tuve que elegir: el periodismo o los libros. Yo ya tenía cuatro hijos y elegí los libros. Mi mujer decía: Pero qué va a ser de nosotros, qué va a pasar..." Hoy, con los resultados del lunes, es fácil advertir qué mal hizo la señora en hacerse tanta malasangre.

Benítez fue cuestionado –también– en este terreno, sobre todo por sus modos de investigación, algo endebles. "El testimonio de una persona es sagrado. Uno se da cuenta cuando le están mintiendo. ¿Cómo puede ser que un analfabeto de la India te esté contando exactamente lo mismo que un catedrático de Canadá, con años de diferencia?"

A Benítez le encanta contar estas historias. "En Brasil hay un montón de casos, también en Colombia, Perú, Chile y la Argentina; ¡uf!, en la Argentina ni te cuento."

Y ni cuenta, porque arranca con un caso chileno. "Hubo unos guardias que en la noche ven dos luces extrañas y se preguntan qué es. Uno se despega de la patrulla y va hasta una de las luces. Misteriosamente, desaparece. Luego las luces se van, pasan 15 o 20 minutos y el tipo aparece en el suelo, inconsciente, diciendo cosas raras y con una barba de cinco días, siendo que estaba afeitado. El calendario de su reloj está adelantado 5 días y él no recuerda nada. Ese caso, de distorsión del tiempo en 15 minutos, fue muy interesante a nivel mundial."

Benítez dice que vio ovnis cuatro veces, pero que jamás se topó con un alienígena. Está absolutamente convencido de que hay seres en otras galaxias, en este mundo –infiltrados– y hasta en otras dimensiones ("por eso para ellos los viajes en el tiempo no son un problema").

En su archivo personal tiene catalogados más de 3 mil tipos diferentes de seres y dice que, cuando la NASA o Hawking salen a decir que nada está probado, él se echa a reír. "Ahora está la Casa Blanca diciendo que no hay pruebas. ¡Mentirosos! ¡Ellos tienen algunas naves! ¡Y a las criaturas que capturaron! ¡Ellos tienen más información que cualquiera!" Y lo dice así, casi gritando, enojado.

Una vez pasada la furia, volvemos al concepto. ¿Cómo que criaturas capturadas? "Claro, los tienen atrapados, están muertos. Corresponden a una nave que se estrelló en México en 1947. La nave estuvo una semana tirada hasta que vinieron del ejército, acordonaron y se llevaron todo. Después, con una estrategia bien gringa, el Pentágono distribuyó determinadas cosas para que empresas pudieran desarrollarlas diciendo que era tecnología de los nazis. Pero no era cierto, un coronel lo reveló antes de morir. Así salieron el rayo láser, la fibra óptica, el chip y no sé cuántas cosas más."

Benítez vive hace años junto a su mujer, Blanca, en una casa frente al mar, en un sitio llamado Barbete, muy próximo al cabo de Trafalgar. La aldea más próxima está a 5 kilómetros, y tiene que hacer 160 si quiere ir al cine. Dice que casi no tiene vida social y que acude a actos públicos sólo si está obligado. Que no tiene amigos, que escribe y que piensa mucho. Piensa en la muerte, y está tranquilo: "Yo sé que después de la muerte voy a seguir vivo. Lo que viene es maravilloso, magnífico, indescriptible." Así pasa sus días J. J. Benítez. O Juan José Benítez. Los amigos que no tiene le dicen Juanjo.

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