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Se impuso el voto castigo en las elecciones en Independiente

El opositor Javier Cantero dio el golpe y, pese a que Julio Comparada se bajó de la lista, derrotó al oficialismo, encabezado por el ex intendente de Avellaneda Cacho Álvarez; sobre 11.685 votos consiguió casi el 60 por ciento.
Francisco Schiavo
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19 de diciembre de 2011  

El brazo político del oficialismo no torció la voluntad de los socios. Aquel voto castigo que se intuía domingo tras domingo se corporizó en Independiente con una tendencia que, con el transcurrir de las horas, se volvió irreversible: el opositor Javier Cantero ganó las elecciones presidenciales con casi el 60% de los votos sobre un total de 11.685 sufragios. Se cumplió, entonces, aquel cambio que tanto pidió la tribuna.

No alcanzó la estructura de Cacho Álvarez, ex intendente de Avellaneda y ministro del gobernador bonaerense Daniel Scioli. "No esperaba un resultado tan contundente. Creo que rompimos los aparatos sindicales e hicimos un gran trabajo. Había que cambiar todo. Hay que conducir con seriedad y dignidad. Sé que tengo una gran responsabilidad y que no puedo defraudar a los socios", fueron las primeras palabras del vencedor, desde el escalón más alto de la sede de la avenida Mitre 470, en el corazón de Avellaneda. Álvarez, resignado, con el 35 por ciento de los votos, reconoció la derrota y felicitó al ganador. Juan Torres, de Lista Roja, el tercer candidato, quedó bastante detrás, con el 4,5%.

El duro revés para el oficialismo puede explicarse en tres pasos fundamentales: la no renovación del contrato de Américo Gallego, a mediados de 2010, la influencia de la barra brava en la renuncia de Antonio Mohamed y el pasivo de 190 millones de pesos. Eso sin contar los flojos resultados deportivos, más allá del título en la Copa Sudamericana 2010. El mapa político se reorganizó a partir de esos hechos. Ni siquiera pudo modificarlo el renunciamiento de Julio Comparada, al frente de los Rojos desde 2005, por los flojos resultados en las encuestas.

De a ratos, la sede Independiente se volvió un hormiguero. En otros, el ritmo bajó hasta volverse sopor. Cantero fue el primero en votar; le siguieron Torres y Baldomero Álvarez de Olivera. Hubo seguridad. Y mucha. Tanto que los ojos agudos de la Gendarmería siguieron de cerca el acto. La barra brava, con Pablo "Bebote" Álvarez a la cabeza, entre paraguas y banderas, se presentó poco después del mediodía. Y ahí se quedó un buen rato después de la elección hasta que la decepción del resultado se apoderó de ella.

El traspaso empezó ayer, nomás. Comparada no votó, pero siguió el escrutinio desde la presidencia. "Nuestros logros se verán dentro de algún tiempo", le dijo, resignado, a LA NACION, en un breve contacto telefónico. Sin decirlo, fue su íntima despedida. Además, sugirió sentirse sin ganas de un desquite en el aspecto deportivo y aseguró que se volcará definitivamente a su familia y a sus empresas.

Fue imposible desligarse de los vínculos políticos. "Gane el que gane, voy a apoyar", dijo Hugo Moyano, líder de la CGT, cuyo hijo Pablo ocupó un cargo en el fútbol amateur en la gestión de Comparada. Será una incógnita la reacción del grupo de los camioneros con la victoria de la oposición.

Los cánticos no se demoraron no bien se conocieron los resultados. "Que se vayan todos...", fue el primero. La segunda sentencia se escuchó bien clara: "El club es de los socios". Independiente abrió otra etapa. Cantero, acompañado por los vicepresidentes Rubén Vázquez y Claudio Keblaitis, tendrá que reorganizar la agenda de los Rojos. Mejor dicho, toda su ajetreada vida institucional y deportiva.

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