La salida de De la Rúa por dentro: "Su tranquilidad contrastaba con lo que sucedía en la calle"

Una postal emblemática de la crisis de 2001: De la Rúa abandona la Casa Rosada en helicóptero tras su renuncia
Una postal emblemática de la crisis de 2001: De la Rúa abandona la Casa Rosada en helicóptero tras su renuncia Fuente: Archivo
La periodista Gabriela Litre, acreditada en ese momento en Casa Rosada, relata la intimidad de un día histórico; el clima en los pasillos, escenas y rostros que jamás olvidará
Julieta Nassau
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20 de diciembre de 2011  • 09:32

Antes de dormirse en la noche del 19 de diciembre de 2001, Gabriela Litre sabía que le esperaba una jornada laboral intensa. A la frenética cobertura periodística que implica la caída de un gobierno para una acreditada en la Casa Rosada, iba a sumarse el dolor de ver a su país sumido en una profunda orfandad institucional, cargado de una violencia imparable.

"Fue un momento histórico. Y un momento triste", rememora Litre en diálogo con LA NACION, y distingue el doble rol que vivió esa jornada inolvidable hace exactamente diez años: como periodista, por un lado, y como una ciudadana "común y corriente", por el otro.

La decisión de último momento de salir en helicóptero lo tomó por sorpresa al propio De la Rúa, y a nosotros también

Desde la noche anterior, a partir de una información filtrada por el entonces vocero presidencial, Juan Pablo Baylac, se sabía que los minutos de De la Rúa en el sillón de Rivadavia estaban contados. Decían que si el justicialismo no aceptaba participar de un gobierno de unidad, el presidente dejaría su lugar, lo cual preparó a todos para un cambio de mando. Sin embargo, el modo en que llegaría el desenlace anunciado era un misterio. "Dentro del propio gabinete e incluso dentro del despacho de De la Rúa no estaba claro qué pasaría", señala la periodista de LA NACION acreditada en aquel momento en la Casa de Gobierno, actualmente investigadora académica en el Centro de Desarrollo Sustentable de la Universidad de Brasilia.

"De la Rúa contó años después que él no quería salir en helicóptero, que él quería salir en coche, pero que la gente de seguridad le dijo que iba a ser imposible llegar a Olivos. La decisión de último momento de salir en helicóptero lo tomó por sorpresa al propio De la Rúa, y a nosotros también", relata. Esa postal tenía su arista escrita en la carta de renuncia del presidente que les había entregado a los periodistas el entonces secretario general de la presidencia, Nicolás Gallo. "Nos quedamos con ese papel y sin presidente", resume al rememorar el clima que se vivía en la sala de acreditados. Inmediatamente evoca la reflexión compartida entre los cronistas cuando vieron salir al presidente por vía aérea a las 19.52 de aquel día, desde un helipuerto que no estaba en condiciones óptimas para ser utilizado: "Por un lado se está quebrando la institución y por otro se está quebrando la Casa de Gobierno".

La salida del ministro de Economía, Domingo Cavallo, el 19 de diciembre, fue el preludio de una seguidilla de renuncias que antecedieron a la de De la Rúa durante el día siguiente. Las cajas de cartón se multiplicaron sobre los escritorios de los despachos, como símbolo del éxodo sigiloso de los funcionarios. "Ellos también estaban huérfanos en cierta manera", reflexiona Litre.

Fue interesante ver llorar a un hombre tan fuerte como Gallo, que siempre estaba con una actitud de contención hacia el presidente

Diez años después, la periodista aún se sorprende por la actitud de algunos de esos funcionarios que ella veía a diario. "Fue interesante ver llorar a un hombre tan fuerte como Gallo, que siempre estaba con una actitud de contención hacia el presidente", comenta. "Otra persona muy cercana a De la Rúa, que era alegre pero que en ese momento estaba muy emocional es Leonardo Aiello, su secretario privado, que lo acompañaba siempre como un amigo fiel. Ese día lo estaba cuidando como un perro de guardia, cuidando la entrada del despacho de De la Rúa, guardando los papeles en cajas de cartón", grafica, como si fuese una película que aún se reproduce constantemente en su memoria.

"Muchos de los funcionarios incluso estaban más simpáticos que otras veces, porque sabían que su futuro político estaba acabado, así que estaban como más abiertos y más humanos", agrega, y trae a colación la caja de chocolates que Baylac dejó a los acreditados antes de irse.

El clima de pesar, sin embargo, no se reproducía entre el personal permanente, aquellos que ven pasar gobiernos. "Recuerdo especialmente a María, que hacía 28 años trabajaba en la Casa de Gobierno, que cuando renunció De la Rúa dijo «Es lo mejor que me pasó en la vida». Lloró, pero de alegría", contrapone.

Las últimas hora de De la Rúa en la Casa Rosada
Las últimas hora de De la Rúa en la Casa Rosada Fuente: Archivo

Mientras dentro de la Casa Rosada todo era incertidumbre y una silenciosa tensión, afuera se vivía una batalla campal. Litre, como la mayoría de los periodistas, salía y entraba de uno y otro mundo para tener las dos caras de ese día, que comenzó con fuertes protestas y continuó con la orden de represión. "Quien estaba en la Plaza sabía que la situación estaba fuera de control. El estado de sitio llegó como una medida horrible, pero que tenía sentido. La represión, en cambio, fue vista como una bestialidad", señala, aún con el recuerdo de las balas de goma y los gases lacrimógenos que vio impactar en personas de distinta edad, en las siete cuadras que caminó desde la Casa Rosada hasta la redacción de LA NACION. "A mí misma me dieron unos empujones, me tiraron los anteojos. No había ciudadanos comunes y corrientes, de repente, éramos todos violentos, criminales, todos merecíamos ser golpeados", dice, con un tono crítico y el recuerdo vivo.

Sin embargo, en el despacho de De la Rúa, aquel que tiene una vista al Río de la Plata y le da la espalda a la Plaza de Mayo, se vivía una "sensación de aislamiento". "Yo creo que él estaba totalmente aislado y sobrepasado por la situación, introvertido, dependiendo de las informaciones que le llegaban a través de sus asesores más cercanos", cuenta. El propio ex presidente confirmó en una entrevista con este medio que no estaba siguiendo los hechos de violencia ni siquiera por televisión.

Yo creo que De la Rúa estaba totalmente aislado y sobrepasado por la situación

Litre terminó agobiada el extenso 20 de diciembre. Dentro de la Casa Rosada había visto la cara del fracaso nada menos que en el presidente y vivió en primera persona el escena de una salida histórica. Afuera de Balcarce 50, había sido testigo de la frustración de cientos ciudadanos y una violencia irracional contra ellos. Sin embargo, todavía le esperaban días agitados, los mismos que tuvieron en vilo a la vida política y social argentina en ese diciembre fatídico. "La sensación que nos quedó es que nadie quería ser presidente, nadie quería asumir esa responsabilidad", indica.

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El 21 de diciembre, la periodista tuvo su último contacto con De la Rúa, aún en funciones hasta que el Congreso aceptara su renuncia. El mandatario entró cinco minutos antes de las 9 y estuvo 2 horas y media en la Casa de Gobierno, en las que intentó, en vano, borrar la imagen de su salida en helicóptero como la última de su mandato: entró y salió caminando, se reunión con Felipe González y firmó su último decreto, en el que anuló el estado de sitio. "Quedó una sensación de vacío en la Casa de Gobierno y de gran expectativa porque la situación social afuera continuaba terrible. Contrastaba mucho la tranquilidad de De la Rúa con lo que estaba sucediendo realmente afuera", revive Litre, a 10 años de aquellos días que marcaron el país.

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