Después del "que se vayan todos", hubo una alta rotación en el Congreso

En diez años pasaron por la Cámara de Diputados 908 legisladores diferentes y en el Senado, 229
Laura Capriata
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20 de diciembre de 2011  

Que se vayan todos. Ese fue el clamor que la sociedad argentina hizo oír hace ya una década. Diez años después de esa eclosión, da la impresión de que se fueron pocos y se quedaron los mismos.

Sin buscar demasiado lejos, en la última elección se presentaron Eduardo Duhalde y Alberto Rodríguez Saá (hermano de Adolfo) como candidatos presidenciales. Incluso Carlos Menem ganó una senaduría por su provincia.

Tal vez la novedad parezca el matrimonio Kirchner. Sin embargo, desde 1991 gobernaban Santa Cruz, y antes de eso la intendencia de Río Gallegos. Con más alternancia en el poder, Hermes Binner había sido desde el 89 funcionario de Rosario y en el 95 intendente de esa ciudad, para luego gobernar Santa Fe. Acaso Ricardo Alfonsín fue el candidato presidencial más novedoso, aunque la herencia de su padre funcionó como un anclaje a los 80.

No hace falta hablar de la realidad de las provincias, con casos paradigmáticos como Formosa, donde Gildo Insfrán inició su quinto mandato consecutivo. En cinco distritos (Santa Cruz, Formosa, Jujuy, San Luis y La Pampa) desde 1983 gobierna el mismo partido. Hay que sumar Neuquén y La Rioja, donde pasa eso desde hace 30 años. Pero a contramano de lo que ocurre en los poderes ejecutivos, el Congreso pareció entender el mensaje popular.

Según un trabajo de la Fundación Directorio Legislativo, entre 2001 y 2011 pasarán 908 diputados diferentes por la Cámara baja (el número incluye a los que acaban de asumir). Solamente dos de ellos ocupaban una banca previamente a la crisis de 2001 y lo hacen ininterrumpidamente desde entonces. Son el peronista José María Díaz Bancalari y el radical Miguel Giubergia. Además, hay 17 diputados que ganaron una banca en 2001 y la mantienen, pero solamente cuatro la ocuparon en forma ininterrumpida.

Tomando el caso del Senado, entre 2001 y 2011 (incluidos los nuevos legisladores) pasarán 229 senadores. Solamente nueve de los que tenían una banca en 2001 la conservan, pero ninguno de los que ya estaba antes de la crisis se mantuvo en forma ininterrumpida en la suya. Como excepción hay dos senadores que antes de 2001 eran diputados y se mantienen en el Congreso desde entonces, son el peronista Miguel Angel Pichetto y el socialista Rubén Giustiniani.

Para María Barón, directora de la Fundación Directorio Legislativo, dedicada al fortalecimiento legislativo, la alta rotación que tiene el Congreso argentino no es una ventaja, al contrario. "Hay que aprender a ser legislador, y el país invierte recursos humanos y económicos en capacitarlos. Por eso lo más saludable es que se queden más tiempo y que no roten tanto", señaló.

Ana María Mustapic, profesora de Política Comparada en la Universidad Di Tella, también cree que la experiencia legislativa mejora el trabajo parlamentario, en cosas fundamentales como saber dónde buscar información, estar más conectado con grupos de interés o redactar mejor las leyes, y los hace verdaderos expertos en temas específicos.

Además lo comparó con el Congreso de Estados Unidos, donde hay congresistas que dedican toda su carrera política a eso, con una tasa de reelección del 80 o el 90 por ciento. "En nuestro país, la tasa de reelección siempre fue muy baja, menor al 20%, pero no tiene que ver con la crisis de 2001. El comportamiento de nuestro Congreso siempre fue igual", dijo a LA NACION.

El director de Poliarquía, Sergio Berensztein, tiene una hipótesis sobre los motivos del alto recambio de nuestro Congreso, y no es alentadora. "En nuestro país, el Parlamento es un lugar irrelevante, de poco poder, donde los dirigentes están de paso buscando volver al Ejecutivo nacional o al de sus provincias." Para Berensztein esa rotación no es sinónimo de renovación en la clase política, porque el recambio de gobernadores, intendentes o ministros es muchísimo más bajo.

"El sistema político después de 2001 siguió funcionando igual que antes, más fragmentado y debilitado, pero con un principio de continuidad de las personas y los mecanismos de formación de poder y de toma de decisión", fue su conclusión.

En ese escenario de inmovilidad, Berensztein marcó algunos avances de los últimos años, como el de Santa Fe, que dejó la ley de lemas e implementó la boleta única, o los casos de Chaco, Tierra del Fuego y Salta, que también dieron pasos hacia la boleta única y el voto electrónico, los mecanismos que para los expertos podrían darle mayor transparencia y representatividad al sistema político.

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