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Marcos Musitelli y una actitud valorable

Diego Morini
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25 de abril de 2000  

"La intención era defenderlo. Hay gente que decía que a mí también me iban a pegar. Yo no sé si me iban a golpear, pero era mejor que nos peguen a dos y no a uno solo", ése fue el sentimiento del delantero de Excursionistas Marcos Musitelli, de 27 años, que se lanzó sobre Adrián Barrionuevo, de Comunicaciones, con la intención de que no lo siguieran golpeando.

Tuvo un día agitado, se le notaba en el rostro. Repetía una y otra vez, recostado sobre las rejas de la casa de su abuela Sofía, en Olivos, que sólo al otro día a la mañana se había dado cuenta de la dimensión de lo sucedido. "Me despertaron dos radios a las siete de la mañana para hacerme una entrevista. En ese momento no entendía nada. Después me llamaron mis familiares y me contaron que en los diarios estaba mi nombre, por eso puse el contestador y me fui al Tigre a descansar y a pensar un poco".

Marcos es como uno de los tantos jugadores que militan en el ascenso. Y como en todos lo casos, no sólo vive del fútbol -en Excursionistas gana 500 pesos-, sino que además tiene otro trabajo: un reparto mensual de revistas en colegios privados.

Gesticula con nerviosismo, mueve la cabeza como quien busca una explicación, así comienza a relatar lo que vivió dentro de la cancha: "Terminó el partido y fui al medio de la cancha, cuando llegué, me di vuelta y vi a un hincha de Comu que entró y enseguida se cruzó con otro de Excursio; ahí empezó todo. Entraron uno, dos, tres, y después toda esa banda que rompió la puerta que está cerca del túnel".

Y continuó: "Traté de sacar a algunos de los que le estaban pegando a Barrionuevo, pero era tanta la locura que en ese momento me di vuelta y vi a un par de policías a los manotazos con los jugadores de Comunicaciones. No entendía nada", comentó.

Seguía con su relato. Comentaba que estaba mal porque justo ese día su abuela y su mamá estaban en la cancha. "Creo que es la segunda vez que van a verme y justo pasa esto". Y decía también, ya con la luz roja del grabador apagada: "No sabés lo que fue ver a Adrián pasar corriendo cerca de donde estaba yo, y poder observar en sus ojos la desesperación de no saber por dónde escapar. No me puedo sacar de la cabeza la cara de miedo que tenía Adrián".

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