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El economista estrella que soñaba con profundizar el modelo

Se definía como un peronista K, de ideología Nac&Pop con perfil heterodoxo; los empresarios lo llamaban "el De Vido de La Cámpora"
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20 de diciembre de 2011  • 20:50

Era el economista estrella de La Cámpora. Un hombre clave para la agrupación juvenil kirchnerista. Un buen ejemplo de la importancia de Iván Heyn es que ocupaba tres cargos en el gobierno: era miembro estatal en el directorio de Aluar, presidente de la Corporación Puerto Madero y flamante subsecretario de Comercio Exterior.

Un perfil publicado en el suplemento Enfoques de LA NACION escrito por la periodista Laura Di Marco, da cuenta de su versatilidad kirchnerista. Claro que no tejió esos lazos solo : ocupa esos sillones en representación del Estado Nacional, con el aval de la Presidenta, en el caso de Aluar, y del ex presidente, que decidió su designación al frente de la Corporación, un organismo descentralizado de la ciudad. En Comercio Exterior estaba bajo el paraguas de Guillermo Moreno.

Heyn era licenciado en Economía por la UBA, donde se recibió con honores. En 2002 fue presidente de la FUBA, aunque su gran golpe como militante lo dio en 2000, cuando su agrupación independiente Tontos pero no Tanto (TNT) le arrebató el centro de estudiantes a Franja Morada en su facultad. Con la llegada del kirchnerismo se convirtió en el economista estrella de La Cámpora y el asesor económico de Máximo Kirchner, fundador de la agrupación juvenil.

Al gobierno K entró a los 28, como asesor de Felisa Miceli, a quien había conocido en reuniones post 2001. Cuando la ministra renunció, en medio del escándalo por la bolsa de dinero, Heyn ya había construido un lazo con Miguel Peirano, y así fue como se convirtió en Secretario de Industria en 2008 (cargo que ocupó hasta 2009), durante la gestión del silencioso ministro Carlos Fernández.

Como otros en el Gobierno, Heyn confrontó con su colega Martín Lousteau. "No entiende nada de qué se trata un modelo de desarrollo industrial", desliza aún hoy en reuniones íntimas. Pero no sentía esa incomodidad con Boudou: "Cristina ya lo dejó en claro en Huracán: no preguntemos de dónde venimos sino si estamos de acuerdo con el programa político. A mí me interesa lo que se hace. No tengo idea de lo que Amado hacía en su juventud. Además, él no fue funcionario".

Estilo K

En la Corporación Puerto Madero, donde ejercía la presidencia rotativa, aseguran que imponía sus criterios sin rodeos. "Era muy del estilo K, autoritario y exigente. Cuando se hizo cargo de la presidencia, algunos tuvieron que deshacer sus vacaciones ya acordadas porque Heyn se los exigió", relató un empleado de jerarquía intermedia.

A Heyn, que vivía en San Telmo, le gustaba trotar por las mañanas. Era obsesivo, hiperquinético y, según sus amigos, "discutidor como un trosko" cuando de política se trata. Para desenchufarse, bailaba tango y, dicen, era buen bailarín. Vivía en pareja con una politóloga llamada Luanda, que aparece en su facebook, en varias postales de su vida cotidiana y política. Hay una foto particularmente descriptiva en la que Heyn aparece en las escalinatas del think tank liberal Cema, haciendo la V de la Victoria mientras un título irónico enmarca la toma: "La heterodoxia se adapta a los nuevos tiempos".

Fue clave para La Cámpora, la agrupación de jóvenes kirchneristas. "El De Vido de La Cámpora", lo llamaban en el establishment. Desde la muerte de Néstor Kirchner, Heyn se había dedicado a tender puentes con hombres de negocios para reforzar el rol de la burguesía nacional en el segundo mandato de Cristina Kirchner.

Fiel exponente del pensamiento económico K, que pretende profundizar el "modelo". "Somos soldados de este proceso y no pedimos lugares para nosotros, pero sí participar y que nos abran las puertas", explicó Heyn. En sintonía, la Presidenta abrió las listas para decenas de jóvenes de La Cámpora que desembarcaron en distintos lugares de administración pública.

Se definía como un peronista K, de ideología Nac&Pop y economista heterodoxo. Desde ese lugar, integraba una usina donde se construye el relato económico kirchnerista, la Asociación Económica para el Desarrollo Argentino (AEDA).

Heterodoxia económica

Heyn era de tez morena, alto, de padre paraguayo y madre argentina, y tiene dos hermanos. Usa riguroso traje y parece un ejecutivo del establishment, aunque para reunirse con amigos prefería los bares viejos de Constitución.

Pero ni su pensamiento progresista ni la heterodoxia económica le impidieron, en la última interna por la conducción de la UIA, siguiendo la estrategia del oficialismo -que peleaba entonces con Techint-, aliarse con las familias Madanes y Blaquier, dueños de un imperio azucarero y, posiblemente, representantes del sector más conservador del empresariado argentino.

También muestra su dosis de pragmatismo en su relación con los medios. A diferencia de la mayoría de sus colegas de La Cámpora, que perciben al periodismo no oficialista como una especie de mancha venenosa, Heyn suele compartir encuentros y almuerzos con los periodistas especializados en economía, como hace la mayoría de los funcionarios y políticos en casi todas las democracias del mundo. Y esta tolerancia comunicacional de Heyn parecía convivir sin mayores traumas con sus elogios a Hugo Chávez, que cerró 34 radios en Venezuela porque no simpatizaban con su gobierno. "Chávez es muy democrático y tolerante", aseguró Heyn cuando la Universidad de La Plata galardonó al caribeño con el premio periodístico Rodolfo Walsh.

Dentro del Gobierno, se alinea con el influyente secretario de Legal y Técnica, Carlos Zanini, como el resto de los jóvenes K, mientras que en la intimidad considera a Amado Boudou como "el mejor alumno" del modelo.

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