Amazonia: prodigio verde

Elegida como una de las nuevas siete maravillas de la naturaleza, esta enorme cuenca de agua dulce alberga casi la mitad de las especies sobre la Tierra. Visitarla es sentir que el bicho raro somos nosotros
Silvina Pini
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31 de diciembre de 2011  

Llegar a Manaos, la ciudad capital del estado de Amazonas, es asomarse a la puerta de un universo que pronto se revelará como inabarcable. En los mapas de América el río Amazonas aparece representado como una gran arteria que nace en los Andes peruanos, recorre el norte de Brasil y desemboca, 7025 kilómetros después, en el océano Atlántico. Si acercáramos una lupa veríamos que en realidad se trata de una maraña de afluentes, riachos y canales que forman una gigantesca célula verde de 7 millones de kilómetros cuadrados. Para comprender la dimensión de esta cuenca, la más grande el mundo, basta saber que el río vierte en el océano 200 millones de litros de agua por segundo. En un solo día arroja al mar lo que el Támesis en un año.

Moverse en la mayor floresta tropical del planeta no es sencillo. La vía regia de comunicación es el agua. Pero el río tiene su temporada de llena, mayo y junio, y de seca, octubre y noviembre, cuando el agua baja hasta 19 metrosy aisla algunas regiones. La vegetación no es la misma a la vera del agua que en tierra firme en donde los árboles pueden alcanzar los 60 metros dejando el suelo en oscuridad perpetua. No sorprende que apenas el treinta por ciento de las especies vegetales haya sido clasificado, ni que existan indicios, pero no certezas, de que hay cincuenta y cuatro grupos étnicos viviendo sin contacto con la sociedad exterior. La mitad de la biodiversidad de la Tierra se halla en una selva tropical como la amazónica, que por el momento sigue inexplorada.

Los siglos de civilización, la capacidad de abstracción, la imaginación más prodigiosa,parecen no servir de mucho aquí, donde el cerebro no da abasto para procesar estímulos. La selva habla, canta, murmura y aturde de noche. También emana aromas empalagosos de frutas o la estela ácida de algún animal. Selva y río convidan peces y frutos que sólo se dan aquí. El cuerpo transpira como en un sauna. Viajar al Amazonas es también volver a un estado en el que manda lo corporal: sentir, oler, escuchar, ver y probar.

Manaos es la única ciudad con aeropuerto. Levantada a orillas del río Negro, uno de los dos afluentes principales del Amazonas junto con el Solimoes, late al ritmo del río. Tiene dos puertos, uno de pasajeros y otro de carga, por donde pasan las 25.000 embarcaciones registradas y de las otras también. Enfrente está el mercado que vale la pena recorrer. Muchas de las excursiones turísticas parten del puerto de pasajeros. Por fuera de los hoteles céntricos y corporativos –Manaos está declarada zona libre de impuestos para la industria y es un epicentro de negocios–, el histórico hotel Tropical hospeda hace 35 años a los turistas que buscan aventura. Tiene un muelle por donde lanchas y barcos de turismo pasan a buscar pasajeros, y de donde despega un hidroavión que permite divisar a escasos 10 kilómetros el Encontro das Aguas, donde el río Negro, de aguas bien oscuras, se encuentra con el Solimoes, de color marrón claro. La diferencia de temperatura, acidez y velocidad entre ambos no permite que se mezclen, formando una línea irregular de 6 kilómetros de ancho. A poco de media hora de vuelo sobre el río Negro, se avistan las Anavilhanas, el mayor archipiélago de agua dulce del mundo, formado por más de 400 islas de formas alargadas.

A una hora de navegación del Tropical está Ariaú, el hotel de selva más antiguo, que también recibe visitas por el día. Los monos ardilla vienen a saludar a la pasarela que se extiende por 8 kilómetros. Según la época, hay agua o vegetación junto a la baranda. Las copas de los árboles trepidan ante el salto de monos aulladores, y cada tanto se ven perezosos abrazados a una rama. Orquídeas, tucanes y enormes mariposas azules, naranjas y amarillas, compiten en colores. Entre los árboles más altos está el samaúma que alcanza los 40 metros y 3 de diámetro, y que puede treparse con ayuda de arneses, casco, poleas y guías para observar la selva con ojos de pájaro.

Del puerto zarpan embarcaciones de todo tipo y presupuesto que navegan durante varios días por los ríos Negro y Solimoes. Desde sencillos barcos con redes colgantes para dormir en la cubierta hasta un velero para ocho personas o un crucero cinco estrellas como el de Iberostar. El crucero fondea en medio del río, mientras lanchas rápidas dejan a los turistas en la orilla (tras el guía, con sus botellas de agua, antimosquito, zapatos cerrados y pantalón largo). De pronto el guía se detiene y levanta la mano pidiendo silencio. Pregunta si alguien más sintió un olor como a pescado. Nadie asiente. "Acaba de pasar una cobra", dice. En Brasil cobra es sinónimo de serpiente, ya sea la temible surucucú o la sucurí de 10 metros. Después señala alguno de los árboles comprendidos dentro del treinta por ciento identificado, varios medicinales como uno que cura la malaria, otro que da vigor sexual y otro que limpia los riñones. Pero hay que evitar los frutos CAL (cabeludos, amargos y lechosos) porque son venenosos. La mayor parte del conocimiento la han aportado los pueblos originarios que habitan la Amazonia. Ellos saben que para cazar, por ejemplo, cubrirse el cuerpo unos instantes con la pequeña hormiga tapiba puede ser muy útil. Las tapibas no pican y el contacto con la piel elimina el olor a humano, una gran ventaja para un cazador que no quiere ser percibido por su presa. Otra hormiga cumple una importante función social. Es la tucandeira, de casi 5 centímetros, que pica, muerde y da 24 horas de dolor intenso. Varias tribus la utilizan en un ritual de pasaje de niño a hombre: después de hacerse picar, los varones de 13 años deben bailar sin desmayarse en señal de valor.

Las visitas a las tribus son otro de los paseos imperdibles. En la aldea de los tukanos, el jefe suele recibir a los visitantes vestido con su traje típico. "Aium pacomá", dice en tukano, que quiere decir "bienvenido amigo". Y, más allá de que cuando no hay turistas andan en short, la música y los bailes que realizan para los extranjeros en la maloca, la casa sagrada, son bien reales. Los hombres se calzan cascabeles en un tobillo para marcar el ritmo, toman las flautas sagradas de dos metros de largo que representan el dios femenino y el dios masculino, y tocan melodías hipnóticas mientras avanzan y retroceden del brazo de sus mujeres ataviadas con faldas de fibra y collares de plumas.

A pesar del calor sofocante, nadie se baña en el río. Las razones son muchas: yacarés, anacondas, pirañas, anguilas que descargan 600 vatios de un golpe, además de otras bestias del río, como la pirarara y el canjirú, que ya son leyenda. Se han pescado pirararas de 2 metros y 70 kilos. Hay quienes dicen que existen otras más grandes capaces de engullir a una persona entera. El canjirú es un pez pequeño, y por eso mismo temible: penetra en los orificios del cuerpo de quien se bañe desnudo.

A pesar de tantas criaturas hay algunas playas seguras, como las de Tupé, para tomar un baño refrescante en las oscuras aguas del río Negro. En el río también habitan seres mágicos como los delfines rosados, que pueden verse saltar para comer un trozo de pescado en la región de Novo Airao, la tercera ciudad amazónica. Manacapurú, a 100 km de Manaos y con 87.000 habitantes, es la segunda ciudad en importancia donde, con naturalidad anfibia, las construcciones dejan la tierra y continúan en los flutuantes, casa, bares y mercados flotantes en donde la gente vive, se divierte y trabaja.

La biopiratería es un problema serio en la Amazonia en donde 12 millones de animales son capturados anualmente para ser vendidos en el exterior hasta en 25.000 dólares. Los monos son los más buscados y por eso en 1991 la Secretaría de Medio Ambiente creó Floresta dos Macacos, un centro de rehabilitación de monos recuperados del tráfico ilegal, dentro del Amazon Ecopark, un hotel de selva sobre el Igarapé (canal) Tarumá Açu, un afluente del río Negro, a una hora de Manaos. Más de 300 metros de pasarelas colgantes a 20 metros de altura, con un sistema que no perfora la corteza de los árboles, permiten ver a los monos, entre ellos el uacarí, de cara roja, una especie endémica del Amazonas. Los monos están sueltos y reciben algunas frutas por la mañana para que aprendan a buscar su propio alimento. El Ecopark cuenta también con un orquidiario al aire libre que recoge algunas de las miles de especies nativas, un jardín de plantas medicinales y una piscina natural que ningún arquitecto podría lograr: el río de agua oscura baja fresco y se encajona entre plantas, flores y frutos. Reposar allí mientras se va la tarde es sumergirse lentamente en el concierto nocturno: ranas, grillos y un universo desconocido de insectos invibles al ojo urbano comienzan a tocar la inigualable música de la selva.

Manaos, fastuosidad de ayer y hoy

Entre 1890 y 1920 Manaos vivió la Fiebre del caucho gracias al árbol de la serengueira. Era la única ciudad brasileña en tener luz eléctrica y tranvías, y una de la más prósperas del mundo. En este marco de lujo se contruyó el fastuoso teatro Amazonas, para lo que se trajeron mármoles de Carrara, cristales de Murano, muebles de París y se utilizaron 36.000 azulejos de Alsacia para hacer el techo con la bandera de Brasil. Con el surgimiento del caucho sintético, la ciudad declinó y el teatro quedó como un símbolo. Hoy, un siglo después, a dos años del próximo Mundial de fútbol, el modesto estadio Vivaldão se está transformando, gracias a la inversión de 254 millones de dólares, en un colosal estadio con capacidad para 42.000 personas, una cifra que muchos manauenses consideran un derroche, si se tiene en cuenta que el fúbol en la Amazonia no tiene relevancia y que, luego del Mundial, se jugarán unos pocos partidos al año. Si es así, el Vivaldão será, como el teatro, otro monumento fastuoso para una gloria fugaz.

Información útil

www.turismobrasil.gov.br

Gol cuenta con varios vuelos diarios a Manaos. www.voegol.com

Hotel Tropical, Manaos. Av. Cel. Teixeira, 1320; 55 (92) 2123-5000.

www.tropicalhotel.com.br

Iberostar Grand Amazon.

55 (92) 2126 9900.

www.iberostar.com.br

Amazon Ecopark, río Tarumá Açu,

55 (21) 2547 7742/3977.

www.amazonecopark.com.br

Amazon Adventure excursiones

www.amazonadventure.tur.br

Amazon Explorer excursiones.

www.amazonexplorers.com.br

Vuelos en hidroavión

www.seaplanetours.com.br

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