La soja mueve el amperímetro fiscal

Nadín Argañaraz
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8 de enero de 2012  

Desde el punto de vista fiscal, la soja, una oleaginosa de la cual se termina exportando, ya sea como grano o derivados, prácticamente la totalidad de su producción, se ha transformado en una fuente relevante de recursos tanto para el gobierno nacional como para las provincias y los municipios de todo el país, independientemente de que produzcan o no el grano.

Esto obedece a que a la reinstauración de los derechos de exportación tras la devaluación de 2002 se agregó el Fondo Federal Solidario (FFS) en abril de 2009, a través del cual se envía automáticamente a las provincias un 30% de los derechos de exportación del complejo sojero, que tiene como criterio de distribución a los mismos coeficientes secundarios de la ley de coparticipación federal de impuestos hoy vigente, y no a los niveles de producción de soja de cada distrito.

Para tener una dimensión más clara de importancia relativa, debe mencionarse que los derechos de exportación sobre el complejo sojero representan alrededor de la mitad del total de derechos de exportación recaudados en la Argentina, aunque su performance del año 2011 los ubicó en un 44 por ciento.

En relación con la recaudación total nacional, los derechos de exportación sobre el complejo sojero equivalieron a un 6% en 2010 y a un 4,5% en 2011. Contrastando con alguna inversión de relevancia, puede decirse que su magnitud, descontando lo enviado a las provincias a través del FFS, fue equivalente a toda la inversión real directa ejecutada por el gobierno nacional en 2010, y financió un 61,5% de la misma en 2011. Los números simples descriptos marcan que, sin duda, se está ante una fuente de ingresos más que respetable para el gobierno nacional.

A nivel provincial, el monto del FFS repartido (neto de lo que éstas debieron remitir a sus municipios) equivalió al 22% de la inversión real directa que el conjunto de provincias ejecutó en 2010. Aquí se presentaron situaciones variadas que resulta interesante describir.

Hubo provincias en las que el FFS neto de transferencias a municipios financió la mitad de su inversión real directa -caso de Buenos Aires, Santa Fe o Corrientes- y provincias en las que el FFS no resultó tan relevante en comparación con sus gastos de inversión. Por ejemplo, en la Capital Federal equivalió al 5% de la inversión real directa de 2010 y en Santa Cruz, al 14 por ciento. Esta provincia del Sur, por ejemplo, es una de las que sin producir soja reciben una porción de los derechos de exportación que se cobran sobre la oleaginosa.

La variación tanto en los precios internacionales como en la producción de la oleaginosa afecta directamente al valor bruto de la producción (VBP), y por esa vía al valor de las exportaciones y de los ingresos fiscales.

A inicios de un año resulta clave proyectar lo que puede suceder con estas variables y de esa forma anticipar si la situación fiscal derivada resultará mejor o peor que la del año anterior.

La sequía y los precios

A fines de diciembre se ha observado una recuperación en las cotizaciones ante las condiciones climáticas desfavorables en nuestro país, que en este mercado resulta un jugador importante, teniendo en cuenta que es el tercer oferente a nivel mundial del cultivo.

De este modo, para la Argentina resta ver si los pronósticos de caída en cantidades se equilibran con las subas en las cotizaciones, al momento de determinar el valor de la cosecha y de las exportaciones.

Resulta relevante tener una mirada amplia de los aspectos que juegan roles importantes para analizar lo que podría ocurrir con los precios a futuro. Los cambios que se observan en las proyecciones a lo largo del tiempo obedecen fundamentalmente a la marcada volatilidad en las cotizaciones, por lo que será fundamental la evolución futura de éstas.

Dada esta situación de incertidumbre, resulta aconsejable que no se tomen decisiones importantes en materia de gasto público, que estén excesivamente atadas al devenir de los ingresos por retenciones sojeras.

Actualmente, por ejemplo, considerando las estimaciones de producción, exportaciones y los precios vigentes por estos días, en 2012 la campaña de la oleaginosa posibilitaría obtener una recaudación de retenciones a la exportación del complejo sojero de algo más de 7000 millones de dólares, similar a lo posibilitado en la pasada campaña; con lo que se mantendría su importancia en las cuentas fiscales, ya que continuaría siendo una de las principales fuentes de obtención de recursos para los distintos niveles de gobierno.

Pero debe quedar claro que este escenario puede variar, ya que está sujeto a la dinámica de comportamiento de las dos variables más importantes de esta actividad: la producción y los precios. De hecho, las previsiones que se podían hacer hace dos meses difieren de las actuales.

Sin duda, la bendita soja seguirá ayudando. La clave es si se puede seguir cargando sobre sus recaudaciones el peso de hacernos olvidar, por un momento, que los presupuestos llevan siempre implícita una restricción.

El autor es director general del Instituto Argentino de Análisis Fiscal, Iaraf

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