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Un vanguardista casi ignorado

Una nueva publicación hace eje en uno de los directores argentinos más rupturistas
Alejandro Cruz
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8 de enero de 2012  

"Si fuera necesario, Víctor, traicióname", le pidió Jean Genet a Víctor García mientras este último montaba El balcón , un texto suyo. En el programa de mano de ese espectáculo estrenado en San Pablo, el gran director tucumano escribió: "Necesito de un mínimo de espacio escénico, condicionado a mi magnetismo, a mi ceremonia. Todavía no estamos preparados para actuar en el desierto, sin nada. Utilizo los elementos más primarios de la civilización, como la máquina, la rueda. Lo importante es el estímulo que esos elementos provocan en la gente si son generosos, cargados de amor. No me interesa el arte como representación de lo cotidiano. [Para El balcón ] era necesario inyectar en el espectáculo sangre, semen y lágrimas".

Víctor García nació el 16 de diciembre de 1934 en San Miguel de Tucumán. Durante un largo tiempo vivió en una casa de 24 habitaciones, 4 hermanos, un cactus y 9 tías. Su padre tenía un almacén llamado El Porvenir. De chico, con el papel para envolver facturas, hacía los programas de mano de largas ceremonias teatrales que él montaba. Para una de ellas usó tambores de 200 litros. O sea, que su porvenir como puestista clave en el entramado de las vanguardias escénicas del siglo pasado, ya estaba marcado en sus primero pasos. Claro que, así como fue reconocido en todo el mundo, fue olvidado. Por eso, la edición del libro Los muros y las puertas , una investigación de Juan Carlos Malcón editada por el Instituto Nacional del Teatro, es un acto de justicia.

En 1957 García dejó su Tucumán natal y se vino a vivir a Buenos Aires. "Si no hago teatro me muero", le dijo a su hermana. Tomó clases de arte en la facultad de Arquitectura y, un año después, fundó el grupo Mimo Teatro. En 1962 la Argentina no era un paraíso (golpe de Estado y puertas que se cierran). Una tarde tomaba un café en el bar Florida Garden con compañeros del grupo. La siguiente foto es en la comisaría 1a. Después de ocho horas el tristemente conocido comisario Luis Margaride les informa que estaba ahí porque "eran unos degenerados que hacían obras de García Lorca, un homosexual, fusilado y corrupto". Así de básico. Ahí plantó banderas y dijo "basta". En realidad, según recuerda su amigo Jorge Lima, sus palabras fueron: "Yo me voy, no me puedo quedar en estas condiciones".

Y se tomó el buque. En Río de Janeiro se hizo amigo de una discípula de la coreógrafa Martha Graham que "me sacó la «tucumanada» o la «españolada» del cuerpo". Otro buque lo llevó a Barcelona. A dedo, llegó a París. Su arribo a Francia fue como su partida: desde los márgenes. A poco de arribar pidió ayuda al consulado. "He tenido una aventura, creí que sería más fácil. Necesito un trabajo cualquiera. Tengo hambre y no tengo dónde dormir, estoy en la calle", dijo. Una familia de conocidos de conocidos le terminó dando cobijo. La vida parecía encontrar su rumbo y París era una fiesta. Instalado allí (decir que García se instaló en algún sitio es exagerado para una persona que nunca tuvo casa propia y que, al dejar los hoteles, dejaba su ropa) comenzó a saber del reconocimiento y a tutearse con los grandes directores y dramaturgos que, como él, siguen alumbrando caminos.

Datos aislados y sueltos para entender lo dicho: en 1971, sir Laurence Olivier lo invitó a dirigir una obra en la sala que él estaba dirigiendo: el Old Vic, de Londres. García montó un texto de Fernando Arrabal protagonizado por Anthony Hopkins. Otro inglés, el directo Peter Brook, dijo: "Es un director de un fino talento capaz de romper las barreras del idioma y la forma convencional". De hecho, ya había montado Ubu Rey en el Louvre con 80 actores que hablaban 27 idiomas. Para Samuel Beckett, García "renovó el debilitado teatro francés". Se conocían bastante y su puesta de Comedia fue supervisada personalmente por Beckett.

Sobre el montaje que hizo de Las criadas , su autor, Jean Genet, opinó: " Las criadas no podía ser puesta de otra forma, y ésta que les dio García sólo puede darla un genio". La actriz española Nuria Espert usó términos semejantes: "Fue un genio que partió en dos la historia del teatro contemporáneo. Fue una llama destructiva y renovadora". El crítico José Monleón sostuvo: "Sin la imaginación y la libertad de hombres como Víctor García, el teatro habría muerto".

Basta de telón pintado

El uso del espacio escénico fue una de sus marcas. En El cementerio de automóviles , por ejemplo, usó un hangar de 12 metros de ancho, 18 de largo y 6 de alto lleno de carcasas de coches suspendidos y varias rampas por donde circulaban motoqueros con chaquetas negras que el público observada desde sillones giratorios. Un mazazo de modernidad.

Esa obra fue a verla una actriz y productora brasileña llamada Ruth Escobar, quien le propuso montarla en San Pablo. Antes de partir puso condiciones: "Quiero un garaje, hotel, viáticos y caché en dólares". Hecho. Fue un éxito. La relación con Escobar duró 7 años. El segundo trabajo con ella fue El balcón . "El acontecimiento de más alta significación en la historia del teatro brasileño", dijo la crítica. Los actores estaban sobre un escenario móvil que bajaba y subía desde el que miraban a cada uno de los espectadores. Para semejante despliegue se creó un cilindro de 25 metros de alto y 20 de diámetro para el que se usaron 86 toneladas de hierro. La inversión fue costosísima ya que fue necesario tirar abajo un teatro casi en su totalidad. A partir de ese momento, durante cinco meses, vino su reconstrucción.

Una de esas tardes, Ruth Escobar le dijo que estaba quebrada económicamente. "Jódase mi amor. Si quiere belleza y gloria hay que pagar, querida. Si no, no me llame a mí, que nada tengo que ver con tu mundito de burguesa de mierda", le dijo. En sus memorias, ella lo recuerda así: "Con Víctor teníamos una relación fuerte, casi maldita y sadomasoquista [...] Era una relación de destino".

El exceso, la sofisticación

La actriz y productora Nuria Espert fue la otra mujer que marcó su producción. Los presentó Fernando Arrabal. "Víctor es una persona difícil, es una persona especial, es un grandísimo talento", le previno. Con Nuria montó Las criadas , de Genet; Yerma , de García Lorca, y Divinas palabras , de Valle Inclán. La puesta de Yerma estaba compuesta por un único elemento escenográfico: una lona elástica que caía en plano inclinado hacia la platea. Ese montaje es materia de estudio permanente.

Yerma llegó a Buenos Aires en 1974. Los sábados quedaban unas 500 personas fuera del Astral. Tambiénhizo temporada en Mar del Plata. Así, el creador de los excesos y la sofisticación metía su cuña en la cuna (y el conventillo) del teatro marplantese. A lo largo de su trayectoria fue alabado y discutido. Sin embargo, como destaca Malcún en su libro, "padeció el tratamiento que le brindó la historia oficial a las minorías".

Murió el 28 de agosto de 1982. "Se dejó morir", dijeron sus amigos. Tenía 47 años. Los últimos tiempos durmió en el subte de París. "Era un desesperado que tenía miedo de quedarse solo, que soportaba muy mal la estupidez del mundo, que bebía para escapar y hacía teatro para soportarse", escribió el crítico Monleón. No hubo dinero para repatriar sus restos. Su cuerpo fue a parar al cementerio Pere-Lachaise. Allí están Oscar Wilde y Edith Piaf, otros dos artistas que conocieron el éxito y la marginalidad. Dona Severina Pata era su madre. Enterada de la muerte de su hijo, suspiró: ¡Por fin sabremos dónde está Víctor!"

A los días de morir, Nuria Espert le escribió una larga carta a un amigo en común que, como buena parte de las historias reflejadas en esta nota, aparecen en el libro del INT que se presentará próximamente: "Víctor -decía en esa misiva escrita por un cuerpo en llamas- quería convertir cada minuto del cotidiano en ese minuto que se recordaría durante toda la vida; usaba cualquier cosa para conseguirlo y, cuando digo cualquier cosa, quiero decir todo. [...] ¿Te he contado que, después de esa ruptura, apareció un día en mi casa con un cuchillo debajo de la chaqueta para matarme o matarse?"

Un artículo de José Monleón publicado en el diario El País, de España, decía: "Yo me pregunto ahora si toda la grandeza, la compulsión y la debilidad de su obra no estará en haber hecho sabiéndose siempre en esa frontera". En agosto se cumplirán 20 años de la muerte de este creador inigualable cuya producción está casi en la línea del olvido.

DIXIT

"Es un director de un fino talento capaz de romper las barreas del idioma y la forma convencional"

Peter Brook

Director de teatro

"Renovó el debilitado teatro frances"

Samuel Beckett

Dramaturgo

"Las criadas no podia ser puesta de otra forma, y esta que le dio garcia solo puede darla un genio"

Jean Genet

Dramaturgo, poeta

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