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El impostor apasionado

Pablo Gorlero
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12 de enero de 2012  

Dirección general: Evelyn Bendjeskov y Manuel Wirzt. Dirección actoral: Emilio Tamer. Interpretes: Martín Bossi y Vivian Jaber. Bailarines: Gustavo Pechetto, Matías Payen, Guillermina Gimenez, Lourdes Apphatie, Victoria Dollan, Elizabeth Antoniucci. Productor General: Diego Djeredjian. Productores asociados: Alberto Lucas y Jonatan Kassir. Director residente: Edgardo Millan. Dirección de arte: Evelyn Bendjeskov. Coreografía: Ana María Zaninetti. Escenografía: Negro Flores. Vestuario: Virginia Vega y Enrique Betancourt. Luces: Hector "Cabezón" Aguilera y Pablo Vaiana. Sala: Astor Piazzolla, del auditorium. Duración: 120 minutos.

Nuestra opinión: regular.

MAR DEL PLATA.- De que Martín Bossi es un tipo talentoso no hay ninguna duda. Es buen actor, canta muy bien y se mueve cómodo en el escenario. Su ductilidad para cambiar de voz en cada personaje se complementa con un trabajo físico y de personificación por momentos exacto. Claro, como todo imitador, algunos personajes son más logrados que otros. Es el caso de Luis Majul, Aníbal Pachano, Charly García, Fito Páez y Joaquín Sabina, por ejemplo.

Pero quien haya visto M, el impostor -su anterior trabajo- sentirá seguramente que El impostor apasionado está muy lejos de la sofisticación de aquél. Ese aroma puro de music hall que le había dado Ana Sans -conocedora del género- se ha perdido para mutar en un espectáculo de verano con menor producción y menos nivel artístico. Ya no hay un cuerpo de baile sólido con grandes coreografías sino sólo cuadros más opacos que ilustrativos. Y aquel guión sensible quedó convertido en una gran excusa.

Pero ése no es el mayor problema de El impostor apasionado . El mayor inconveniente es su falta de síntesis. La propuesta se vuelve eterna debido a las largas transiciones entre cada cuadro e, incluso, durante el desarrollo de esos momentos. Bossi busca el intimismo, pero se repite, y esos instantes que podrían ser una comunión con el espectador se vuelven una manipulación temporal. No puede evitar extenderse y cuando el momento llega la atención ya está dispersa. Es una lástima, porque Bossi es un muy buen actor, con muchísimas habilidades artísticas y una innegable atracción en el espectador que busca pasar un buen rato.

Si se lograra esa síntesis, tal vez ni siquiera harían falta los bailarines ni las pantallas ni el sonido estridente de algunos tramos ni se colaría el mismo Bossi en sus personajes.

En la propuesta anterior, la participación de Vivian Jaber era fundamental. Le daba gracia, ternura y peso al espectáculo en el papel de madre de Bossi. Esta vez, su nueva criatura es indefinida y no tiene aquella potente presencia. Una lástima, ya que es una histriónica actriz de múltiples recursos.

Un punto a favor es la feroz lluvia cromática del diseño de luces de Héctor Aguilera, que tapa algunas carencias del espectáculo.

Si usted nunca vio a Bossi, tal vez lo pase bien. Si lo vio anteriormente, sentirá que le cambiaron el h igh definition por una señal de corto alcance.

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