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María Fernanda Ceriani: la mujer que no le teme al reloj biológico

Madre, profesional y ganadora de varios premios internacionales, esta doctora en Ciencias Biológicas investiga cómo se comunican las neuronas que nos hacen estar activos o dormir
Mariangeles Lopez Salon
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22 de enero de 2012  

Cuando el éxodo de cerebros parecía inevitable y unos cuantos científicos argentinos buscaban oportunidades en el exterior, ella decidió volver al país. María Fernanda Ceriani, 43 años, doctora en Ciencias Biológicas, recuerda ese momento de 2001 cuando con su marido y otra pareja de científicos debatía sobre el regreso a su Buenos Aires querido.

Muchas circunstancias hicieron el retorno inevitable. Había nacido su primer hijo, Luca, y no concebía educarlo en Estados Unidos en donde cursaba un posdoctorado en The Scripps Research Institute, California.

Además, necesitaba devolverle a su país lo que había recibido luego de estudiar en una escuela y universidad públicas. "Sentía que acá podía contribuir más", asegura.

Pero fue el reloj biológico el que marcó definitivamente su regreso. Volvió para estudiar la Drosophila melanogaster, más conocida como la mosca de la fruta, un organismo modelo que se utiliza para investigar el funcionamiento de los circuitos que anticipan los cambios ambientales. Llegó a la Fundación Campomar (actual Instituto Leloir) seleccionada por un concurso abierto organizado para repatriar nuevos investigadores.

Diez años después, es jefa del Laboratorio de Genética del Comportamiento y recibe reconocimientos internacionales. Su trabajo Mecanismos neuronales de control del comportamiento circadiano le valió el Premio Nacional L’Oréal-Unesco Por la Mujer en la Ciencia, con el respaldo del Conicet.

Logros que se suman a la familia que formó con su marido, Alejandro Schinder; su hijo Luca, de 11 años, y los mellizos Axel y Vera, de cinco.

Con la distinción, recibió 20.000 dólares para seguir trabajando, aunque asegura que ella es sólo la cara visible de un gran grupo que la acompaña, dice al presentar a su equipo.

–¿Qué estudia tu laboratorio?

–Nos interesa especialmente entender cómo las distintas células (neuronas) que albergan relojes biológicos se comunican entre sí para dar como resultado un comportamiento adaptativo para el organismo. Por ejemplo, estar activos o dormir en momentos apropiados del día. Además, estudiamos cómo la comunicación entre las neuronas de la red circadiana se va modificando a medida que los organismos van envejeciendo.

–¿Cuántos relojes funcionan en el cuerpo?

–Un montón. Hasta donde sé, el número concreto no ha sido calculado en ninguna especie, pero uno podría generalizar y decir simplemente que todas las células albergan un reloj, aunque sería más apropiado decir que todos los tipos celulares lo tienen. En mamíferos hay relojes en el cerebro, pero también en células de la piel, músculo, hígado, etc.

–¿En qué se diferencian el reloj biológico en general y el de la mujer?

–El reloj biológico es un proceso que probablemente surgió como adaptación a la vida en la tierra, con su consiguiente sucesión de días y noches. Controla procesos que ocurren cada día a la misma hora, por eso se los llama ritmos circadianos (una palabra tomada del latín, circa diem, es decir, cercano al día). Por el contrario, cuando se habla del reloj biológico de la mujer, se hace referencia a la etapa reproductiva, en la que es fértil y puede tener hijos, y que como todos sabemos tiene un fin. Ese reloj no es cíclico, más bien se parece a un reloj de arena.

Madre cientIfica

Dice que en la mujer científica los dos relojes están en su esplendor al mismo tiempo: "La ciencia es un ámbito bastante masculino. Parte del problema es que la profesión tiene su mayor demanda cuando tenemos hijos".

Con su marido comparte la profesión. Juntos viajaron a California y la decisión de volver también fue de a dos. "La carrera científica en una institución de prestigio de Estados Unidos no es fácil de sostener con una familia. Allá las mujeres con carreras exitosas no tienen hijos o los tienen después. Un laboratorio requiere todo el tiempo que le puedas dar. Además, la sensación de tener familia allá era de desamparo. Y eso también impulsó el regreso", agrega.

–¿No era justamente el mejor momento para volver?

–Era un momento muy particular de la historia reciente de nuestro país. No parecía el más propicio para empezar a montar el laboratorio, pero hacía tiempo que trabajaba en esta vuelta y no podíamos volvernos atrás. Aunque parecía temerario, estamos muy conformes con la decisión. Jamás lo lamentamos. Y no es que las cosas hayan sido siempre tan sencillas. Me tuve que hacer experta en gerenciamiento de proyectos: manejo un presupuesto y también al personal. Los subsidios te dan un respiro, y los busco activamente."

Así, logró el financiamiento de agencias nacionales (Fundación Antorchas, Conicet, Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica) e internacionales (National Institutes of Health, Howard Hughes Medical Institute y Fogarty International Research Collaboration Award). Con mirada constructiva, dice que su sueño es obtener recursos suficientes para concentrarse solamente en el laboratorio y en los proyectos.

Tiene tiempo para todo. Se levanta temprano, acompaña a los chicos al colegio y se sumerge en el laboratorio.

–¿Cómo fueron tus embarazos?

–Los dos fueron muy buenos. En el segundo trabajé hasta los 7 meses y medio. Escribía papers en mi casa mientras hacía reposo. Leía mucha ciencia, pero también literatura.

Axel y Vera nacieron por cesárea. Al varón le dieron el alta a los 10 días, y a la beba, un mes después. Simultáneamente, su hijo más grande sufrió neumonía. Entonces tenía un recién nacido en casa, otro en la nursery y el mayor, internado y requiriendo mimos intensivos. Como suele pasar. Mientras tanto, el trabajo en el laboratorio seguía avanzando, adonde volvió luego de tres meses de licencia. Ayudaron todos en la dinámica familiar: su mamá, la suegra y Delia, su mano derecha en casa. "Nuestros hijos fueron bastante considerados con nosotros".

–Como mamá, ¿qué actividades de los chicos no te perdés?

–En el jardín de infantes te invitan a 35 actividades tres veces por semana, vos nunca estás y te reclaman. Pero no falto a las reuniones de padres, al primer día de clases y al pediatra. Con mi marido nos repartimos las tareas. Pero soy feliz con lo que hago, para mí es un placer venir a trabajar.

Cuando puede, al mediodía se escapa del laboratorio para hacer yoga y spinning. A la noche, cuando termina de leer el cuento reglamentario, prende la compu y sigue trabajando.

MINIBIO CIENTIFICA

  • Es autora de más de 20 trabajos publicados en prestigiosas revistas internacionales. Participa como plenarista o simposista en congresos nacionales e internacionales.
  • Fue distinguida en el 18º Congreso Bianual de la American Society foy Neurochemistry como Young Investigator Award, y por HHMI International Research Scholar.
  • Este año recibió el Premio Nacional L’Oréal Unesco Por la Mujer en la Ciencia, con el respaldo del Conicet, que además otorgó dos menciones especiales al proyecto de la doctora María Eugenia Farías, investigadora del Conicet en la Proimi, y a la doctora Anabella Srebrow. Se enmarca en el Premio L’Oréal-Unesco For Women in Science, que busca reconocer a las mujeres científicas sobresalientes.
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