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Un musical solidario

Ausencia: sin estrellas ni políticos destacados, "La Bella y la Bestia" hizo su función en beneficio de las Madres de Plaza de Mayo.
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1 de julio de 1999  

De no ser por la larga hilera de pañuelos blancos en la quinta fila de las plateas, nadie hubiera pensado que la función del martes de "La Bella y la Bestia" fue realizada en beneficio de las Madres de Plaza de Mayo.

En el escenario de teatro Opera, Cecilia Dopazo, Florencia Peña, Paola Krum, Diego Ramos, Fabiana Cantilo y León Gieco fueron quienes hicieron su aporte con participaciones especiales durante la función. Por parte de los espectadores, fue la gente común la que brindó su apoyo con la compra de cada entrada.

Salvo que el público presente estuviera compuesto por familiares de las estrellas del espectáculo y los integrantes de la clase política argentina, fue aparentemente nulo su aporte en esta función a beneficio, que no llenó el teatro, de 1850 butacas.

Pero para las Madres de Plaza de Mayo el hecho parece ser lo que más importa. La entidad no suele brindar datos -tampoco lo han hecho en este caso- acerca del monto de la recaudación de los acontecimientos artísticos que se han realizado en su beneficio. Por respeto, Daniel Grinbank, productor del espectáculo, ha decidido sumarse en la reserva de esa información.

Muchas bellas y una bestia

Como si fuera un juego de niñas, la mayoría de las figuras femeninas que hicieron su aporte en esta función especial quiso ser la Bella. Florencia de la Peña y Paola Krum se sumaron en el cuadro de la canción "Home" y multiplicaron por tres la imagen de la heroína de la historia.

Más tarde, Fabiana Cantilo, ataviada con el vestido de fiesta amarillo de la heroína, cantó "Bella y Bestia son" mientras los protagonistas de la comedia musical bailaban en el centro de la escena.

Así, la única que no quiso o no pudo ser la Bella fue Cecilia Dopazo, que se ajustó tanto al papel de Babette (la doncella plumero) que ni siquiera se notó la diferencia con la habitual intérprete. "Hay una chica en el castillo", dijo asomada al balcón, pero nadie aplaudió su participación aunque fue la primera invitada especial en salir a escena.

La verdadera Babette fue quien acompañó, más tarde, a Diego Ramos en su reemplazo de Lumiere (el sirviente candelabro). Divertido y fogoso, Ramos se lució en el juego de ser un amante francés mucho más desprejuiciado que sus estereotípicos galanes de telenovela.

En general, la colaboración de las figuras invitadas fue generosamente aplaudida por el público. Más por su vocación solidaria que por su desempeño artístico, en clara desventaja con respecto al nivel del elenco estable.

El gran cierre

Una vez que se rompió el hechizo, una vez que la Bestia se convirtió en príncipe, una vez que todos volvieron a ser humanos, comenzó a acercarse el momento del homenaje final.

Luego de los saludos del elenco estable de "La Bella y la Bestia", las estrellas invitadas salieron en busca de sus aplausos. Finalizado este trámite, León Gieco subió al escenario con guitarra y armónica para cantar "Sólo le pido a Dios".

Poco a poco, la treintena de madres con pañuelos blancos subió al escenario. Con calidez saludaron, beso por beso, a todos los artistas que fueron desplazándose tras ellas para quedar en una segunda o tercera fila, lejos del primer plano. Las Madres, en un acto de alegría, se mezclaron con los personajes de Disney. Hebe de Bonafini, la presidenta de la entidad, quedó entre la Bestia, ahora Príncipe, y el malvado Gastón.

La gente en la sala se puso de pie e hizo palmas como tributo a las Madres. Mientras tanto, los chicos que habían asistido a la función agitaban sus manos para despedirse de sus ídolos. Pero esta vez tendrán algo más para aprender. A la salida del teatro, le habrán preguntado a sus padres quiénes eran esas señoras con pañuelos blancos.

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