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La Terminal de Retiro ya es vigilada como un aeropuerto

Daniel Gallo
Daniel Gallo LA NACION
La Gendarmería custodia el lugar; escanean equipajes y encomiendas
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22 de enero de 2012  

Partir o llegar a la Terminal de Omnibus de Retiro ha significado, en los últimos años, cierto riesgo. Esperar con valijas un taxi en la zona resultaba una prueba de valor a la que, a diario, eran sometidos miles de pasajeros. Descuidistas y ladrones tenían libertad para pescar víctimas en los atestados pasillos del principal centro operativo de ómnibus de la Capital.

Esta imagen de abandono del Estado se proyectaba en toda la terminal hasta hace pocos días, en que comenzaron los cambios: patrullas de gendarmes son visibles en cada espacio del complejo durante las 24 horas, y los equipajes y encomiendas son escaneados por la Policía de Seguridad Aeroportuaria. La intención oficial es que los niveles de seguridad en la terminal de Retiro sean tan altos como los de cualquier aeropuerto.

En parejas, los gendarmes caminan y vigilan todos los movimientos de la terminal, desde los pasillos, las dársenas de embarque, las boleterías, la zona de encomiendas, el estacionamiento, las plataformas de arribo y hasta la salida de taxis.

Durante una recorrida que realizó LA NACION por la terminal, se observó a 36 agentes en tareas de vigilancia.

Por orden de la ministra de Seguridad, Nilda Garré, la Gendarmería reemplazó allí a la Policía Federal. Una situación similar a la que se dio en la zona sur de la ciudad, en especial en los alrededores de las villas Zabaleta y 1-11-14, en Parque Patricios y Flores. Y a los gendarmes se sumó también personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) con escáneres.

En dos ocasiones por lo menos, en 2006 y 2009, se buscó mejorar la seguridad en esa zona con planes que no tuvieron continuidad más allá de su anunciada puesta en marcha. En esta oportunidad, el primer movimiento de por sí ya es fuerte, al introducir a dos fuerzas federales que hasta mediados de 2011 tenían vedado el trabajo en la ciudad. Con la llegada de la PSA a la terminal de Retiro se agregaron dos escáneres para verificar el contenido de cargas, como se hace en los aeropuertos. Eso tiene que ver con la situación que provocó este cambio: el tránsito de drogas en ómnibus de larga distancia.

Las investigaciones policiales determinaron el flujo repetido y en aumento de drogas desde el norte del país rumbo a Retiro por medio de encomiendas. Esos envíos no tenían control alguno. Y si bien los narcotraficantes rotan sus modalidades en busca de huecos que pueda dejar el Estado, la intención oficial es anular por lo menos la cabecera central de ese negocio ilegal que tenía en Retiro un puerto franco.

Quienes conocen el pensamiento de Garré afirman que la ministra da plazos para obtener resultados; si ésta no encuentra la respuesta adecuada a un problema con la fuerza que opera en el lugar, busca las alternativas a mano en su dependencia. Apeló así a la Gendarmería y a la PSA para blindar un lugar de alto impacto visual por los miles de pasajeros que circulan cada día.

Primer paso

La presencia importante de efectivos en el lugar es tomado en el Ministerio de Seguridad como el primer paso. En esa cartera pretenden que el movimiento en la terminal de Retiro deje de ser caótico y se maneje dentro de los parámetros de seguridad previstos en el pliego de la concesión renovada a la empresa TEBA SA, en 2006. En los papeles, se esperaba que la terminal de ómnibus tuviese un perfil de control similar a los aeropuertos. Por lo pronto, se trasladó a la PSA para que imponga, en un período breve de tiempo, el sistema de control de acceso por sectores, tal como sucede en Ezeiza.

En principio, los escáneres trabajarán en la zona de encomiendas, pero se estudia la forma de incorporar además la inspección mediante rayos X de equipajes, por lo menos en forma aleatoria. Sí se empezará antes al patrullaje con perros antidrogas por las dársenas, prevención que hasta ahora no se realizaba. En 2009 se intentó colocar detectores de metales en los puestos de acceso a las zonas de embarques. La experiencia piloto no dio resultado porque los amontonamientos de personas deseosas por alcanzar su micro a punto de partir derivaba en incidentes. Se tuvo en cuenta entonces la visión económica del problema y se levantó esa medida. Pese a que se habían incautado de varias armas en esos controles.

En un trabajo por etapas, se constatará que la identidad de los pasajeros que suben a los ómnibus sea la que dicen los tickets. Esta normativa no se cumple en la actualidad.

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