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Un gesto de autonomía que altera al kirchnerismo

Nicolás Balinotti
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24 de enero de 2012  

En lo que va del año el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, envió dos señales de autonomía que alteraron al poder kirchnerista: escenificó su armonía con Mauricio Macri en un picado de fútbol en el que la foto valió más que el resultado y le sugirió ayer a Hugo Moyano que revea su renuncia a los cargos en la conducción del Partido Justicialista a nivel nacional.

Por el encuentro con el jefe de gobierno porteño, los kirchneristas caminaron con pies de plomo sobre Scioli. Incluso, fue blanco de las críticas de su número dos en la provincia, Gabriel Mariotto. Ayer, justamente, mientras que el gobernador bonaerense y presidente del PJ intentaba convencer telefónicamente a Moyano para que regresara a la mesa directiva partidaria, Mariotto compartía un acto de gestión con el vicepresidente de la Nación, Amado Boudou, y los gremialistas de la Uocra, en la localidad de Coronel Suárez. Boudou también había sido duro con Scioli. "Yo no juego al fútbol", se diferenció con sutil ironía.

En su renovada versión, Scioli advirtió que el llamado al líder de la CGT fue por decisión exclusivamente propia, sin ninguna imposición de la presidenta Cristina Kirchner, hoy distanciada y sin diálogo con el jefe camionero. La decisión de convocar nuevamente a Moyano fue para respetar la estructura partidaria original que había dejado Néstor Kirchner, explicaron desde el sciolismo.

"Será difícil que Moyano vuelva sobre sus pasos", aseguraron dos de sus hombres de confianza. Sobre su renuncia a la presidencia del PJ bonaerense no habrá vuelta atrás. Mucho menos después de las críticas anónimas y subterráneas que recibió por la parálisis de la actividad partidaria y por el retraso en hacer efectiva su dimisión. Dos moyanistas argumentaron que si la salida no se concretó, fue sólo porque Scioli suspendió sobre la marcha tres encuentros que ya estaban agendados hasta con fecha, horario y lugar.

Otra cosa es lo que pueda suceder en la conducción del PJ nacional. Allí convergen los proyectos políticos de Scioli y Moyano, a pesar de que para el sindicalista el partido es "una cáscara vacía que está falto de peronismo y que el poder político maneja a su antojo", de acuerdo con su discurso del 15 de diciembre pasado.

La continuidad de Moyano en el PJ le garantizaría a Scioli un respaldo sindical en su anhelo de independizarse del kirchnerismo a partir de un armado político de cuña netamente peronista con miras a 2015. De prosperar esta iniciativa, el jefe camionero recuperaría terreno y podría pelear por un mayor protagonismo del movimiento obrero en los cargos públicos.

No es ninguna novedad que la relación de Moyano con el gobernador es mucho más aceitada de lo que era en su momento su vínculo con la Presidenta. Fue Scioli, al fin y al cabo, el que le dio el espaldarazo y le abrió un lugar a la candidatura a diputado nacional de Facundo Moyano, el único hombre del riñón del camionero que accedió a una banca en el Congreso.

A este argumento apelará Scioli si es que Moyano se mantiene intransigente y no revisa su posible regreso a la mesa de conducción del PJ nacional. Por si hace falta, Scioli cuenta, además, con la excusa de los millonarios contratos que 12 intendencias bonaerenses mantienen con la empresa recolectora de residuos Covelia, una firma vinculada al camionero.

La excusa de refundar al PJ quizá pueda torcer la postura de Moyano. El no tolerará un nuevo desplazamiento en la toma de decisiones. Si regresa, dijo un colaborador, será para que el movimiento obrero ejerza "un rol clave y protagónico".

Jugar al fútbol con Macri y salir al encuentro de Moyano son los desafíos que Scioli le planteó al kirchnerismo más rancio. Tal vez algunas imposiciones de la Casa Rosada empujaron al gobernador a este nuevo perfil, más rebelde e independiente.

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