¿Qué son los neovecindarios?

En el edificio Palpa (Chacarita), el clima es familiar y de camaradería
En el edificio Palpa (Chacarita), el clima es familiar y de camaradería
Algo está pasando en los edificios con amenities: el fenómeno que, en plena ciudad, viene a reemplazar los barrios privados. Enterate
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2 de febrero de 2012  • 12:54



Así como en la década de los 80 los lofts fueron furor y en la de los 90 los countries irrumpieron con todo, pareciera que a fines de la primera década de los 2000 y a principios de la segunda, las viviendas que hablan –y mucho– de la época son los condominios. Si te perdiste, no temas: nos referimos a esos edificios nuevos que no paran de construirse hoy en día y que, a diferencia de los de antes (los de tus padres, por ejemplo), cuentan con varios espacios para compartir entre vecinos. Laundry, SUM, gimnasio, pileta, parrilla, sauna, business center, juegos para chicos... ¿Te suena? No digas que no, porque, si no sos vos la que vive en una de estas "viviendas multifamiliares" –tal como las llaman con propiedad arquitectos, desarrolladores y constructores–, es muy, pero muy probable que alguna de tus mejores amigas viva en una de ellas.

Desplegados en barrios de la Capital como Palermo, Colegiales, Almagro, Caballito, Núñez y Saavedra (aunque también en Florida, Vicente López, Olivos y San Isidro), se trata de la opción habitacional que la generación de jóvenes profesionales tiende a preferir tan pronto como el bolsillo y el ahorro lo permiten. Ojo, que no hablamos de los valientes de cuarenta y pocos que –en pos de que los chicos anden en bici con absoluta libertad y vivan rodeados de naturaleza– emprendieron el éxodo hacia barrios cerrados del norte, del oeste y del sur de la ciudad (¡con todas esas horas invertidas en tránsfer in/out hacia y desde la Capital!), sino más bien de los Millennials o Generación Y.

A la medida de una generación

¿Los quién?, te preguntarás. Chicas y chicos de entre 25 y 35 años, profesionales, a la caza de nuevos desafíos y horizontes, ambiciosos, libres, súper amigueros y siempre atentos a que la balanza entre el trabajo y el placer dé saldo positivo. Lo más importante: ultraurbanos y enamorados de todo lo que la ciudad tiene para ofrecer a nivel cultura y entretenimiento. De aquí que ni locos consideren como opción irse a vivir a la Tierra Prometida de los countries, opción que supo ser indiscutida para la generación anterior, la X.

Solteros, pero también (recientemente) casados/juntados, sin o con hijos chiquitos: "la" vivienda que pone en escena los valores sobre los que los Millennials –vos y tus amigas entran seguro– basan su vida es el departamento con amenities.

Ahora bien, ¿por qué? Porque, a diferencia de lo que las creencias indican –básicamente, que te pasás el día frente a una pantalla interactuando con personas únicamente de modo virtual–, se trata de una generación que pone el acento en lo colectivo.

Los lugares comunes, espacios de encuentro de grandes y chicos
Los lugares comunes, espacios de encuentro de grandes y chicos



Solidaridad, colaboración y celebración son valores a partir de los que los Millennials organizan sus vidas. Valores que, además, encuentran un correlato tangible en los lugares que eligen para habitar, los condominios.

¿Cómo? La ecuación es tan directa como sencilla: aun cuando en la escritura o en el contrato de alquiler lo que entra en juego es un departamento de dos o tres ambientes (junto con una baulera y –a veces– una cochera), el laundry, el gimnasio, la parrilla, el SUM y la pileta –sólo para citar algunos ejemplos– también forman parte de la vivienda. Son espacios que, además de pertenecer a todos, se encuentran al servicio del disfrute en comunidad. Con todo lo que ello conlleva, por supuesto.

Los amenities (tal como se llama genéricamente al combo de plus que traen los edificios nuevos) no sólo facilitan la vida, haciéndola confortable desde un lugar absolutamente racional (los gastos se prorratean) –contar con un laundry implica no tener que invertir en un lavarropas; tener una parrilla y/o un SUM permite festejar lo que te parezca sin tener que desembolsar en el alquiler de un salón (eso sí, reservando con mucha antelación); que haya un gimnasio en el edificio hace que puedas ahorrar una buena suma en concepto de fitness; que los chicos tengan un parque seguro donde jugar da tranquilidad... y la pileta en verano es una gloria–, sino que, además, dan lugar para el encuentro, para la interacción, para el desarrollo de nuevos vínculos. En otras palabras: para la construcción de una nueva red de contención, que se da entre vecinos.

Pros y contras

Tener "vecinos" (con todas las letras) y que sean copados es, sin dudas, un pro. A ver: podés dejarle al del 2º B una copia de tu llave y, si son las 8 de la mañana y te quedaste sin leche para el café, tampoco hay drama: con un simple toc toc en la puerta de la del 3° A (que sabés que se levanta más temprano que vos, ja), tenés esa taza de leche descremada que tanto necesitabas para arrancar el día.

También puede suceder que un sábado o un domingo no tengas ganas de salir o que las chicas tengan otros programas. Si estás con ganas de sociabilizar, pero tranqui, siempre habrá alguien con quien conversar en la pileta mientras tomás sol o a quien escuchar ávidamente para no recordar que vas por el minuto treinta y ocho de la cinta y que todavía faltan veintidós más.

Para las que tienen hijos, los amenities también son todo un valor. En el SUM se festejan los cumples, y en el parque –o en los juegos, si los hay– los chicos corretean y se divierten con otros de su edad, en total libertad y cuidados.

En verano, una buena manera de desenchufar a los chicos de la tela es con un plan de pileta (sin los costos que implicaría mantener una casa con jardín y con pileta ni la dedicación que eso demanda). Y hasta se puede contratar entre varias familias un profe de natación o coordinador para evitar tener que buscar (y pagar) colonia. Ni que hablar para hacer pool entre vecinos para llevarlos al cole o a alguna actividad.

La pileta, una buena opción para el verano
La pileta, una buena opción para el verano



Sin embargo, no todo siempre es color de rosa. Así como algunos aman el laundry (se traduce en un electrodoméstico menos por comprar y en espacio físico para desplegar las sábanas poslavado, por ejemplo), otros lo odian. ¿Razones? Desproporción entre la cantidad de máquinas y la cantidad de vecinos –¿dos lavarropas para cien departamentos?, ¿en serio?– y la falta de códigos en cuanto al uso: no está bueno que haya pelos de perro o de gato en las máquinas…

Por otro lado, el SUM. Es todo risas y alegría cuando no lo tenés arriba, abajo o al costado. Música, ruidos y traqueteos típicos de cualquier celebración son moneda corriente.

Por último, la cuestión de la intimidad. Hay días en los que sinceramente no estás con ganas de cruzarte con nadie en ningún pasillo, que realmente necesitás una hora de silencio al sol o que lo único que querés es sacarte el malhumor en la bicicleta del gimnasio con MTV a fondo y sin tener que conversar con el divino del 10° D, que muere por vos, pero que a vos no te copa.

En estos casos: buenos modos y flexibilidad. Los que te rodean son tan dueños de los espacios como vos y tienen derecho a disfrutarlos.

Y en definitiva, es una cuestión de criterios. Sólo se trata de practicar el "hoy por ti, mañana por mí". Como buenos (neo)vecinos...

Gimansio, a un paso del departamento
Gimansio, a un paso del departamento


Dos puntos de análisis

Sociología de los amenities

Por Luciano Elizalde*

Los amenities representan un cambio en la concepción de lo público, lo privado y lo íntimo. Son espacios físicos, sociales y psicológicos "privados" que se separan de la intimidad estricta; espacios intermedios entre los públicos y los privados que cambian las reglas y las normas relativas al contacto: las personas con que se comparten no son de la familia, del círculo privado-íntimo, pero tampoco son extraños.

* Sociólogo, profesor titular en la Universidad Austral.

Espacio compartido

Por Diana Guelar*

Lo que estos edificios permiten es la interacción, y por ello funcionan como una red de contención bárbara. En la interacción, como en la vida, pueden darse cosas buenas y cosas malas, obviamente. Lo que a mí me parece positivo del fenómeno es que, en última instancia, aprendés a compartir espacios que no son exclusivamente tuyos, pero que también forman parte de tu vivienda. ¿La clave para disfrutar de todos los beneficios? ¡Flexibilidad!

* Psicóloga. Directora de la fundación La Casita.

Y a vos, ¿qué te pasó en el condominio?

Celina Pla

27 años, publicista, San Isidro


"Tenía un vecino muy, pero muy lindo que vivía al lado de mi departamento. Un día, a una amiga se le ocurrió pasarle, por debajo de la puerta, mi celular con mi nombre. A los pocos días, me llegó una notita que decía: ‘Soy gay’. Por suerte, se mudó al poco tiempo, así que no supe nada más de él."

Aleida Pech

32 años, publicista, Palermo


"El año pasado, en mi edificio estuvo viviendo una vedette. Un día, bajo al laundry y de pronto veo colgado un disfraz de colegiala y un oso de peluche rosa gigante... Era de mi vecina. Todo bien, pero ¡no tenés por qué colgar a la vista de todos tus hábitos nocturnos! ¿No?"

Francisca Cornejo

39 años, diseñadora gráfica, Núñez


"Está bueno tener un SUM para festejarle el cumpleaños a mi hijo. Los juegos y el parque también, porque se encuentra con otros chicos. Abajo puede correr, tiene espacio verde, va a la pileta, a los juegos. Para mí, no es costoso. Sería más caro si viviera en una casa con jardín

y pileta."

Malena Bal

37 años, diseñadora gráfica, Núñez


"A la semana de mudarme, estaba en la pileta con un grupo de vecinos y surgió ir a bailar. En medio del baile, uno de mis vecinos me dio un beso... ¡Estuvimos de novios tres años! Hoy en día, seguimos viviendo en el mismo edificio y está todo más que bien: somos vecinos incondicionales."

¿Vivís en este tipo de edificio? ¿Qué está bueno y qué no? Compartí tu experiencia.

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