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Pekín, el banquero preferido de los países emergentes

Financia proyectos con más facilidades y menos exigencias que el Banco Mundial o el FMI
Andrés Bermúdez Liévano
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15 de febrero de 2012  

PEKIN.- Puede que el yuan aún no sea usado como divisa de cambio, pero China se está convirtiendo en el prestamista preferido de los llamados países emergentes. Mientras que hace dos años los créditos del Banco Mundial (BM) para Africa fueron de 11.400 millones de dólares, los préstamos que los bancos de desarrollo chinos hicieron a países como Angola o Ghana superaron por sí solos ese monto.

Un informe de la calificadora Fitch confirma la tendencia: el Eximbank chino (banco oficial destinado a financiar inversiones y operaciones de comercio exterior) otorgó créditos por 67.200 millones de dólares al Africa Subsahariana en el último decenio, un 20% más que los préstamos del BM.

América latina tiene un espacio cada vez más destacado en los créditos de Pekín. Ecuador, que no puede acceder a los mercados financieros luego de entrar en default en 2008, ya acudió a China para financiar proyectos hidroeléctricos. Venezuela y Bolivia también se vieron beneficiados con la concesión de créditos.

Ghana acordó créditos con los bancos de desarrollo chinos por 13.000 millones de dólares el año pasado. El último préstamo está destinado a construir instalaciones para la incipiente industria gasífera del país, así como puertos, rutas y ferrocarriles. Como parte del acuerdo se estableció que parte de la deuda se cancele en crudo y que el 60% de los contratos deben ser adjudicados a firmas chinas.

El crédito de Ghana ilustra el modelo que el gobierno chino impulsa en Africa, donde Pekín ha ido consolidando relaciones comerciales basadas en la construcción de infraestructura y en la compra de materias primas como petróleo, carbón y gas natural.

China ofrece a sus socios financiación con condiciones económicas favorables y menos exigencias en temas como transparencia e inversión social que las que imponen el BM o el Fondo Monetario Internacional (FMI).

A cambio, pide tener acceso a la explotación de los recursos naturales y ser parte efectiva en los proyectos de infraestructura. En los últimos diez años, el comercio entre China y la región se multiplicó por 12.

"La gran diferencia entre los préstamos del BM y los chinos es que las inversiones chinas no se hacen desde una perspectiva económica, sino desde una estratégica y de seguridad nacional. Con ellos, China busca tener acceso a recursos naturales y ganar apoyo político", dice Jamie Metzl, investigador de la ONG Asia Society y ex asesor del gobierno de Bill Clinton.

Hace cinco años, Angola negociaba un préstamo con el FMI, que incluía firmes exigencias contra la corrupción y la erradicación de la pobreza. Pekín le ofreció un crédito idéntico, sin condiciones, y el país africano lo tomó sin dudar. Un caso muy similar ocurrió con Camboya y el BM.

Por el lado de América latina, las tasas preferenciales y las promesas de compras de Pekín también resultan atractivas para varios países de la región. Ecuador ya buscó a China para financiar varios de los ambiciosos proyectos hidroeléctricos con los que busca transformar la matriz energética del país.

La central de Coca Codo-Sinclair, que generará casi el 45% de la demanda interna de electricidad, está siendo construida por la empresa china Sinohydro en el Amazonas con un préstamo de 1700 millones de dólares del Eximbank.

Inversión pública

En octubre pasado, el gobierno de Rafael Correa firmó un segundo crédito por 571 millones de dólares, y luego otro por 2000 millones, ambos destinados a la construcción de centrales hidroeléctricas y otros proyectos de inversión pública.

"Estamos construyendo estas hidroeléctricas porque en los últimos ocho años Ecuador ha importado 800 millones de dólares en electricidad de sus vecinos", dijo a La Nacion Leonardo Arízaga, embajador de Ecuador en Pekín.

Ecuador no es el único país de América latina que acudió a Pekín en busca de financiación. Se calcula que Venezuela ha recibido unos 40.000 millones de dólares en préstamos del Banco de Desarrollo Chino (CDB) desde 2007, en su mayoría pagados con petróleo.

El gobierno de Hugo Chávez deposita ese dinero en el llamado Fondo Chino, para destinarlo a diversos proyectos de inversión pública, y luego cancela sus deudas con el envío de 400.000 barriles de petróleo diarios.

Caracas anunció en noviembre que había acordado un préstamo por otros 4000 millones de dólares para incrementar la producción de petróleo de empresas de los dos países en la Faja del Orinoco.

El año próximo será lanzado el satélite de comunicaciones boliviano Túpac Katari, que fue construido en China y financiado en un 75% por el CDB, con un préstamo de 250 millones de dólares. A fines de 2011 fueron aprobados otros dos créditos, uno para adquisiciones de perforadoras para el sector petrolero y otro para compras de seis helicópteros multipropósito H425.

Y en América Central, Honduras ya está construyendo la hidroeléctrica Patuca III, con un préstamo de 300 millones de dólares del Eximbank.

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