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Amalita, la dama del cemento

Perfil empresario del imperio económico que dirigió Amalia Lacroze de Fortabat
Juan Pablo De Santis
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20 de febrero de 2012  • 12:19

María Amalia Sara Lacroze Reyes Oribe de Fortabat Pourtale se convirtió en la mujer más rica de la Argentina el 10 de enero de 1976. Ese día su segundo esposo, Alfredo Fortabat, murió de un derrame cerebral a los 81 años. Ella, con 54, heredó uno de los mayores imperios económicos del país.

Amalia Lacroze de Fortabat dejó la vida como una de las mayores fortunas femeninas del país: en torno a los U$S 902 millones según la última estimación de la publicación especializada América Economía. Es difícil de calcular: el patrimonio de esta mujer ha sido una completa telaraña de sociedades, obras de arte y exclusivas propiedades alrededor del mundo. Alguna pista aparece con timidez con la reciente venta de un fabuloso dúplex en Nueva York por U$S 20 millones.

La herencia y Loma Negra

El lunes 15 de enero de 1976 Amalita presidió la primera reunión de directorio de Loma Negra. Cinco meses más tarde haría su debut público en este rol.

El 17 de junio la revista Gente publicó cinco páginas en blanco y negro bajo el título: "Una mujer argentina al frente de un imperio". Con fotos posadas, la nota relataba que para desempeñar sus labores empresarias "se levanta a las siete de la mañana y termina de trabajar a las ocho y media de la noche". Allí posa junto a un moderno centro computarizado, en su casa de Av. Libertador y Bulnes y hasta comiendo un asado de mulita y tomando vino de mesa junto a empleados (curiosidades de esa foto: su plato es el único vacío).

Tras esa presentación pública como mujer de negocios, 1976 se consolidaría como el año de mayor despliegue económico de su fortuna. Según el libro Los dueños de la Argentina I, del periodista Luis Majul , la herencia recibida fue:

23 campos que consistían en 160.000 hectáreas con 170.000 cabezas de ganado y una finca de 160 hectáreas en Middleburg, Virginia, Estados Unidos.

5 empresas cementeras

Un edificio sobre Avenida Libertador; una casa en Libertador y San Martín de Tours;

Una casa en San Isidro

Una casona en Mar del Plata

El edificio donde funcionaba la sede Loma Negra, en Diagonal Norte 634

Un dúplex en el Hotel Pierre, en Nueva York

Un avión Lear Jet; un avión Beechcraft 90; un helicóptero Hushes 500; un barco y automóviles

Para ese entonces su emporio económico contaba de 5000 empleados y una producción de cemento de 200.000 bolsas diarias y 1000 toneladas de cal, 3000 toros de raza y 6000 vacas Aberdeen Angus por año.

Quizás un párrafo aparte merezca su habilidad como empresaria, que estuvo nutrida de estrechos contactos con los funcionarios económicos de la última dictadura militar, en especial de su amigo Alfredo Martínez de Hoz. Para 1980 Lacroze de Fortabat había cuadruplicado su patrimonio a punta beneficios estatales y una etapa de florecimiento en el negocio cementero.

En 1977 había tomado la decisión de expandir Loma Negra hacia la provincia de Catamarca para lo cual había accedido a una reciente ley de promoción industrial: una desgravación del impuesto a capitales por diez años, de ganancias y exención de derechos de importación por 23 millones de dólares.

El resto de la ecuación se explica cuando en los dos años siguientes a 1977 el precio de la tonelada de cemento creció de 80 a 110 dólares. Esto, sumado a los picos de consumo de consumo de cemento cebados por los planes de obra pública que instrumentó la dictadura, multiplicó sus ganancias.

Inversiones en arte

A partir de la década del ’80 y en más de una ocasión, los periódicos neoyorkinos The Wall Street Journal y The New York Times se ocuparon de destacar las joyas artísticas que adquirió Lacroze de Fortabat. Dos de sus máximas adquisiciones fueron Julieta y su niñera, un Turner de U$S 7 millones; y Paysage du solei levant, un Van Gogh de U$S 10 millones. También se puede mencionar Entre los duraznos floridos, un Fader por el que pagó U$S 260.000.

Su imponente dúplex de Avenida Libertador fue la morada de todas estas piezas, hasta que en 2008 se inauguró su propio museo (Colección Fortabat) en Puerto Madero. Allí hay una extensa pinacoteca con obras de Emilio Pettoruti, Marta Minujín, Jorge de la Vega, Xul Solar, Antonio Berni, entre otros. El magnífico Turner preside la colección.

Pocos años antes sus obras de arte se habían convertido en una reserva valor para las turbulencias financieras de Loma Negra, jamás reconocidas públicamente. En 2001 y 2002 subastó más de veinte piezas para hacer frente a deudas.

La década del noventa: poder, medios y menemismo

Con la llegada de Carlos Menem a la presidenta, la empresaria mantuvo una excelente relación con el Gobierno, comenzó a aparecer con más frecuencia en las revisas para comenzar a mostrar un perfil más político.

Menem la designó "embajadora itinerante", más tarde presidenta del Fondo Nacional de las Artes (1992) y comenzó a mostrar sus ambiciones políticas enlazadas a un perfil social. En una entrevista concedida a la Revista Noticias el 22 de enero de 1995, explicitó su adhesión al proyecto menemista y reconoció que preferiría un ministerio de Acción Social si llegaba a formar parte del gabinete.

Por esos mismos años también realizó apariciones en otras revistas realizando acciones benéficas y hasta sirviendo guiso a niños en un comedor de La Matanza. Su fundación ha destinado fondos a esta clase centros comunitarios en el conurbano bonaerense, principalmente en las localidades de Berazategui y Gregorio de Laferrere.

El negocio de Loma Negra se mantenía encaminado, es decir, con buenas ganancias. En 1993 adquirió la mayoría de acciones del diario La Prensa, del cual se desprendió en 1995. Durante el último año de su aventura periodística, el diario imprimía 46.000 ejemplares diarios y perdía alrededor de $600.000 mensuales. Por esos mismos años también compró parte de Radio El Mundo y FM Horizonte.

También fue conocido su enfrentamiento con Ernestina Herrera de Noble, directora y accionista del Grupo Clarín. En la entrevista (anteriormente citada) que otorgó a Noticias se desprende el siguiente diálogo:

-¿Puede cuantificar su riqueza?

-Más o menos…sí. Pero no se los voy a contar a ustedes

- ¿Es la mujer más rica de la Argentina?

-¡No! La señora Noble es mucho más rica que yo

-¿No la envidia un poquito, por ese diario que vende más de 500 mil ejemplares por día?

-Siento admiración por lo que ha hecho, pero no envidia. Además, no me gustaría un diario como Clarín, me parece que está en la oposición, y yo no soy anti-nada. Eso sí, hago la Claringrilla todos los días.

Por esos años amplió sus negocios como dueña de Lomax (productora de hormigón), Ecocemento, Recycomb (recicladora de basura) y como concesionaria de una línea carguera de ferrocarril, Ferrosur Roca.

Para 1999 la revista estadounidense Forbes, especializada en negocios, le calculó un patrimonio en torno a U$S 1600 millones. Ese año hubo tres argentinos entre las 200 personas más ricas del mundo: Gregorio Perez Companc (U$S 3600 millones), Roberto Rocca (U$S 2300 millones) y ella.

El adiós empresario

El 19 de abril de 2005, la cementera Loma Negra envió una comunicación a la Bolsa de Comercio porteña en donde daba cuenta que dejaba de ser una empresa argentina. El grupo brasileño Camargo Correa adquirió la firma que controla el 48% de la producción local de cemento por una cifra cercana a U$S 1025 millones.

Amalia Lacroze de Fortabat se desprendió de su empresa tras ejercer la conducción por 29 años y 4 meses y con un fin premeditado: en 2004 había encomendado al banco JP Morgan la misión de encontrar un comprador. Triunfó la oferta de Camargo Correa, aunque por su parte el grupo mexicano Cemex y la brasileña Votoramtim también participaron de las negociaciones.

El último balance que firmó la empresaria como dueña de su grupo de empresas fue el de 2004, el año en que facturó $726 millones. Tras la salida de Loma Negra, quedó retirada de las grandes ligas de negocios.

En la entrevista a Noticias, Amalita contó una anécdota que pinta su perfil su directora de empresas: una mujer que siempre trataba a hacer primar su criterio. Cuando fue dueña de La Prensa, según relata, tuvo "muchas discusiones" con Marcos Cytrynblum, su director periodístico, en relación a las tapas del matutino:

"Darle diez páginas a [la noticia de la muerte del boxeador Carlos] Monzón me parece exagerado, pero se vendieron. Marcos (Cytrynblum) me dijo que es el tema del día, todo el mundo habla de eso. Pero yo le digo, en mi diario no. Le pregunté, ¿entonces cuando me muera cuántas páginas van a publicar en La Prensa?".

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