Una nueva galaxia que brilla a medias

"Star Wars: Episodio 1-La amenaza fantasma" ("Star Wars: Episode 1-The Phantom Menace", Estados Unidos-1999). Producción de Lucasfilm presentada por 20th Century Fox. Fotografía: David Tattersall. Música: John Williams. Edición: Paul Martin Smith. Intérpretes: Liam Neeson, Ewan McGregor, Natalie Portman, Jake Lloyd, Pernilla August, Frank Oz, Ian McDiarmid, Hugh Quarshie, Ahmed Best, Samuel L. Jackson, Ray Park, Terence Stamp y Sofia Coppola. Guión y dirección: George Lucas. Duración: 133 minutos. Para todo público. Nuestra opinión: buena.
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8 de julio de 1999  

Para aquellos que, como quien esto escribe, pasaron parte de su infancia y adolescencia disfrutando de los capítulos 4, 5 y 6 de "La guerra de las galaxias" como algo más que simples productos cinematográficos, el estreno -a 22 años del lanzamiento del film original- de "Episodio 1" deja una sensación contradictoria, un sabor agridulce.

Más allá de que aquellos otrora jóvenes e inocentes espectadores se han convertido hoy en adultos escépticos acostumbrados a (y hartos de) innumerables films de ciencia ficción plagados de efectos especiales, la sensación -después de apreciar la nueva película más de una vez- es que el hiperpromocionado imperio de George Lucas, al igual que sus Jedi, regresa, contraataca, pero no alcanza a convencer del todo. Y, para aquellos que nunca se sintieron demasiado seducidos por la propuesta entre inocente, retro-futurista, posmoderna y seudomitológica de la saga, "Episodio 1" puede resultar ya no una amenaza fantasma sino directamente una experiencia casi frustrante.

Cuando el film arranca, y en los ya míticos títulos deslizantes aparece la clásica frase "hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana", el espectador iniciado sentirá seguramente ese cosquilleo tan íntimo que provoca el hecho de sentirse partícipe de uno de esos grandes hitos de la cultura popular. Y este "Episodio 1", aun con sus medianos valores artísticos, se ganó, a fuerza de años de silencio, secretos bien guardados y una inigualable habilidad comercial, un lugar entre los films que mayor expectativa han generado en la historia del cine.

El verdadero inicio

Esta nueva historia (el comienzo de la saga, tal como reza el slogan promocional) puede resultar algo ardua para los no cultores de la serie. No sólo hay muchos (demasiados) nombres y subtramas, sino que existe -como también ocurrió con "Terminator 2"- una complicación temporal extra: al estar ambientada un par de generaciones antes que la trilogía original, aquí figuran -caracterizados como niños o jóvenes- personajes que ya aparecían como adultos en los otros tres films. Además, Anakin Skywalker (el pequeño Jake Lloyd) y la reina Amidala (interpretada por la adolescente Natalie Portman) resultaron posteriormente los padres de Luke y la princesa Laia, protagonistas junto con el Han Solo de Harrison Ford de los capítulos 4, 5 y 6.

Pero, sin entrar en este tipo de precisiones -necesarias igualmente para entender y seguir "Episodio 1"- lo que más abruma es la solemnidad, la morosidad y el escaso timing con que Lucas intenta resolver el entramado dramático-filosófico. Si bien alterna espectaculares escenas de acción con largos pasajes estáticos y muy dialogados, Lucas parece haberse quedado en los esquemas narrativos de los años 70. En este sentido, propone en este nuevo duelo entre el Bien y el Mal una construcción algo perimida, casi old-fashion .

Más allá de las elementalidades de la trama (el enfrentamiento por cuestiones básicamente económicas entre una república debilitada por el dominio de los burócratas y la poderosa y malvada Federación de Comercio, que termina con la invasión al pequeño y pacífico planeta de Naboo), lo que más resiente el relato son la incapacidad de Lucas (y, por ende, de los actores) por desarrollar personajes con una mínima hondura dramática, un registro que oscila entre el discurso ceremonioso y el infantilismo absoluto, y unos supuestos toques de humor a cargo de un torpe alienígena llamado Jar Jar Binks, que sólo pueden provocar sonrisas entre el público más pequeño.

Secuencias impactantes

La contracara de tantos minutos desperdiciados en frases ampulosas a cargo de personajes sin carisma ni matices son, básicamente, tres largas y logradas secuencias de acción (un escape submarino -a lo Julio Verne- con peces gigantes tratando de deglutir el submarino de los Jedi, una carrera de naves -a la "Ben-Hur"- con el niño Anakin como gran protagonista, y la gran batalla final -a lo "Corazón valiente"- entre los queribles Gungans y los robots de la Federación). También seducen el impresionante despliegue en lo que a decorados, dirección de arte, vestuario, efectos especiales, sonido y animación por computadora se refiere.

Con la habitual acumulación de elementos típicos de la Venecia del Renacimiento, de Africa, China, India y del mundo árabe, con cierta estética de cómic, con las referencias al cine de samurais, a los viejos seriales, a la películas de ciencia ficción de clase B de los años 50, al western y a las épicas de la Segunda Guerra Mundial, ese innegable maestro de lo visual que sigue siendo Lucas vuelve a concebir un contexto atrapante, un envoltorio disfrutable.

El gran problema es que en el núcleo, en la médula, se extraña a un director que, allá por 1971, con aquella opera prima experimental llamada "THX 1138", apuntaba a convertirse en un Godard o un Antonioni del cine norteamericano. Hoy, es un millonario con un cine tan exitoso e irreprochable como previsible.

El preestreno, con emoción

A poco más de 24 horas del estreno comercial de la película, una fila no demasiado numerosa -las entradas costaban 30 pesos- comenzaba a formarse frente a tres de los cines del complejo Hoyts del Abasto: se trataba del preestreno de "Star Wars-Episodio 1, La amenaza fantasma", organizado por Unicef Argentina y el programa de televisión Teleshow.

Entre un grupo de chicos sonrientes y señoras de largo, un émulo de Darth Vader charlaba con otro de Obi Wan Kenobi, su amigo en la vida real y enemigo mortal en el celuloide. Detrás de ellos, un hombre con el disfraz del emperador parecía más preocupado por entrar en la sala antes que los famosos invitados que por dominar la galaxia.

Ellos, los fanáticos que no pudieron soportar la espera por más tiempo, entraron al cine a los apurones y, una vez sentados estratégicamente para no perderse ni un detalle, se miraron entre sí. El momento había llegado.

"Los veinte años de espera se están terminando", afirmaba Javier Zapata, mientras sostenía su sable láser. Junto a él, sus amigos parecían haber entrado en un peligroso estado de mutismo. El silencio, sin embargo, no sería una regla en una función sólo apta para fanáticos. Las luces se apagaron y ante la aparición de la placa que identifica a la productora de George Lucas, llegó la ovación. Aplausos y gritos de alegría que no pudieron opacar el sistema de sonido más sofisticado del mundo.

Emoción en la sala

Cuando la conocida frase "En una galaxia muy, muy lejana..." se pudo leer sobre la pantalla, más de uno se emocionó, como Andrea, una joven estudiante de 20 años que nunca había visto la trilogía original.

Cada personaje conocido se ganó un aplauso y, aunque no hubo ovaciones de pie, más de uno pareció tentado. Sentados al borde de sus asientos, con la mirada fija en la película, la hipnosis era colectiva.

"Esta es la mejor de todas las películas de Star Wars", aseguró Gastón, convencido de que el resto de los fans está de acuerdo con él.

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