Omar Khayyam

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9 de marzo de 2012  

RUBÁIYÁT

I

Los primeros reflejos del sol desgarran la bruma que cubre el rostro de la rosa. Despertaos, alegres bebedores, y llenad las copas antes que el Destino desborde la de nuestra existencia.

V

?levántate, dame vino. ¿Es éste acaso el momento de las palabras vanas? Esta noche tu pequeña boca ha llenado todos mis deseos. Dame vino color de rosa como tus mejillas. Mis votos de arrepentimiento son tan enmarañados como tus cabellos.

LXVI

Yo no soy un hombre que tema la No existencia, porque esta mitad me parece mejor que la otra. Esta es una vida que Dios me ha prestado y se la devolveré cuando Él me la pida.

CXVII

Extendí mi mano y tomé al azar uno de los vasos y éste me dijo: Yo fui una vez un cariñoso amante que se inclinaba al besar una cara querida, y esta asa que tú tienes en la mano fue un brazo que se enlazaba al cuello de la bien amada.

Versión de Alberto M. Perrone, Centro Editor de América Latina

adn Khayyam

Persia, 1048 - 1131

Además de uno de los más célebres poetas persas, Khayyam fue astrónomo y matemático, y es posible que su frecuentación de la infinitud haya moldeado sus poemas, recogidos con el título común de rubáiyát ("cuartetas" en persa). En cada una de las rubáiyát se respira hedonismo, pero es un hedonismo nada inocente, muy consciente de la fugacidad de todas las cosas

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