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John Zorn con su grupo Masada

La música del Nueva York underground se instaló por un rato en pleno centro de Buenos Aires
Eduardo Dulitzky
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18 de marzo de 2012  

John Zorn, tremendo saxofonista y compositor, típico ejemplo del músico neoyorquino de las tres últimas décadas, se presentó el jueves en el Coliseo al frente de Masada, uno de los grupos-proyectos que ha formado y dirigido durante este período, quizás el más impactante de todos, tanto por el talento y prestigio de sus integrantes como por los riesgos que individual y grupalmente asumen. Masada está integrado por el trompetista Dave Douglas, Greg Cohen, en contrabajo; Joey Baron, en batería, y Zorn, en saxo alto, y no es un grupo que hace exclusivamente jazz. Todos los músicos han sido parte del movimiento avant-garde surgido de los clubes del underground de Nueva York donde el jazz se mezclaba con la música clásica contemporánea, la electroacústica, el rock y músicas étnicas como el klezmer y la balcánica y, por supuesto, con el free jazz.

En Masada, y ya su nombre nos lo anticipa (Masada es el nombre de una ciudad fortificada de Judea en la que a fines del siglo I d.C., durante la guerra judeo-romana, un pequeño grupo de judíos soportó un largo sitio de las fuerzas de Roma hasta que, ante la inminente derrota, realizaron un suicidio colectivo para que los romanos no los esclavizaran), es la música judía, en particular el klezmer, la que es omnipresente. John Zorn es un músico judío. De su cintura colgaban los flecos que son una señal de orgullo. Su fraseo, su sonido, su alegría en la interpretación, sus movimientos, incluso por momentos flexionando la rodilla para dentro para poder tapar parcialmente la campana del saxo y lograr así un extraño sonido grave que asemeja el del shofar son los de un músico de jazz que ama al klezmer. Dave Douglas es el "sideman" ideal. Talentosísimo trompetista, con un sonido penetrante, pero aterciopelado cuando es necesario, un músico de jazz que ama la música de los Balcanes (su disco Charms of the Night Sky, junto con Greg Cohen, es uno de los más hermosos en los que se fusionan el jazz con la música étnica), desplegó junto con Zorn al unísono (en el primer tema tocaron varios minutos a una increíble velocidad) y en sus solos, una increíble musicalidad y capacidad de improvisación que provocó varias ovaciones en el público.

Pero también el jazz fue omnipresente. Sobre todo en los momentos en los que Zorn dejaba en "libertad" a sus músicos y reinaba la improvisación. Varias veces se desembocaba en el free jazz y se sentía la "presencia" del primer cuarteto de Ornette Coleman.

Párrafo aparte merecen Greg Cohen y Joey Baron. Impresionantes. En su marcación, en su justeza, en sus interrelaciones, en sus solos. Baron, cuando toca con sus dedos y la palma de sus manos, saca un sonido de la batería que uno desearía que no parara nunca.

Como bis hicieron una balada muy jazzeada, que desembocó en un delirio de locura y alegría, que obligó a bajar finalmente el telón para calmar las ovaciones del colmado auditorio.

Un concierto espectacular. Demorada su presentación en Buenos Aires, ya que hubo varios intentos fallidos para traerlos, finalmente, el ansioso público pudo disfrutar y admirar a uno de los grupos más importantes e inclasificables musicalmente de la actualidad.

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