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Correr por las Malvinas

Con la participación de varios ex combatientes argentinos se disputó la competencia que combina la aridez del recorrido de los 42 km con el rigor climático
Carolina Rossi
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20 de marzo de 2012  

Isleños, keniatas, británicos, argentinos, estadounidenses, entre otras nacionalidades, fueron algunos de los 64 atletas de elite, y en su mayoría amateurs, que participaron de la 8a edición de la maratón de las Islas Malvinas.

Una rara mezcla de sensaciones avanza sobre uno ni bien pisa Puerto Argentino. Sobre todo para los ex combatientes argentinos que fueron de la partida. Es que una herida abierta aún se percibe en ellos. No hablan con rencor, pero sí con dolor por la traumática experiencia. Allí dejaron buena parte de sus vidas. En cuerpo y mente. Fueron 649 los combatientes caídos en el campo de batalla, aunque más de la mitad (375) se produjeron en el hundimiento del General Belgrano, el buque argentino que estaba fuera de la denominada zona de exclusión marítima.

Los isleños, no todos, miran, observan y, por momentos, logran incomodar. Con apenas un vistazo reconocen la procedencia a sabiendas del evento que, por caso, quita la apacible y anodina tranquilidad del lugar.

El día de la carrera el clima engaña. Por momentos sale el sol, pero el frío combinado con la insalvable presencia del viento ganan la escena y estarán presentes durante todo el recorrido. El viento, por momentos, ayuda y colabora en ese preciso engranaje que impulsa el cuerpo hacia delante y permite correr. En otros, lastima, molesta y se transforma en un muro más dentro de la competencia.

Estos 42.195 metros no son aptos para buscar marcas, a pesar de tener un circuito certificado por la Asociación Internacional de Atletismo Asociado (IAAF). Quien viaje a Malvinas para ello, volverá con una frustración cargada en sus valijas. Pablo Ureta, el mejor argentino, es una muestra patente. Triatleta de nivel internacional, suele correr la distancia en no más de 2h40m. Y aquí, a pesar de su tercer puesto en la general, el cordobés, dos veces ganador del Columbia Cruce de los Andes, finalizó en 2h56m16s. Delante de él arribaron el británico Robert Harden (2h52m39s) y el keniata Eric Kinyanoui (2h54m51s). A Ureta aún le queda el sinsabor. El lugar en el podio no le alcanza. En su cuenta de Facebook deja evidencias: "Tuve que dejar todo y ponerle mucha garra para terminar en el tercer escalón del podio. Sin lugar a dudas fue una maratón durísima. Hoy me ganaron dos excelentes atletas que fueron mejores que yo. Un británico de la marina y un keniata".

Entre las damas, el podio fue todo argentino. Ganó Claudia Camargo (3h12m13s), quien escribe esta crónica fue segunda (4h1102s) y tercera quedó Marina Moro (4h11m44s).

Párrafo aparte para el equipo argentino "Dimos Todo", integrado por Fernando Marino, Luis Escudero, Pedro Cáceres y Marcelo Vallejo. Un cuarteto de veteranos de guerra que se llevó la posta de 4x10 km. Vallejo, quien combatió en Malvinas durante más de setenta días, antes de viajar a las Islas, le había anticipado a La Nación: "Todo sea por malvinizar" o "Me salvé porque Dios me dio una oportunidad y me gustó" [por su actual apego al deporte].

La carrera se mueve entre la explanada del estacionamiento del Standard Bank, la avenida costera Ross Road, Rowlands Rise, una gran diagonal en subida que comunica la ciudad con la ruta.

Luego otra trepada intensa hasta llegar al Aeródromo de Puerto Argentino. Enseguida, un giro de 180º para volver a la meta. Promediando la prueba se alcanza el cerro Sappers Hill, el mismo lugar donde se dieron cruentas batallas. Para los lugareños no resulta raro ver los carteles advirtiendo la presencia de campos minados, que aún hoy son indagados por barreminas provenientes de África en busca de esa pequeña caja metálica, como fieles testimonios lacerantes del conflicto bélico. Para los excombatientes, tampoco. Pero quienes corren por esas latitudes por primera vez se sumergen en una geografía que afecta la sensibilidad. Por la historia de lo que allí sucedió en 1982, claro.

(*) Atleta argentina

La más austral del mundo



Los 42 k de las Islas Malvinas son conocidos por ser la carrera pedestre más austral del mundo. Pero también por la adversidad de su clima, que puede variar entre los vientos de 90 km/h, como en 2007 , y los 17ºC del año siguiente, bajo un sol pleno y radiante.

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