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El otro hotel de los inmigrantes

Hace 120 años, un grupo de judíos de Europa del Este llegó a Buenos Aires en el vapor Pampa y pasó una temporada en Mar del Sud. Un viaje y una estada para recordar
Silvina Beccar Varela
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25 de marzo de 2012  

Para Alicia Steimberg, escritora reconocida, su abuela Carlota, que emigró a los 11 años desde Ucrania, "conocía el secreto de la vida eterna". Esto cuenta en su ópera prima, Músicos y relojeros, donde habla de la niñez de una chica judía en la Argentina de la década de 1940. Su abuelo paterno, Rafael Steimberg, viajó a fines de 1891 en el vapor Pampa, perteneciente a la compañía francesa Chargeurs Reunis. La historia de los pampistas la atrapó desde que tuvo edad para comprenderla.

¿A quién no? 818 pampistas o estambulenses, inmigrantes judíos provenientes de Europa del Este que huían de las discriminaciones, las persecuciones y hasta los progroms surgidos en Rusia a partir del asesinato del zar Alejandro II en 1881, llegaron en aquel vapor.

El Pampa fue subvencionado por el célebre banquero judío alemán Barón Mauricio Hirsch, también llamado el Moisés de las Américas por su intención de generar una emigración en masa de los territorios hostiles a los judíos.

Según cuenta el arquitecto Pablo J. Grigera en su libro inédito Mar del Sud y el Hotel Boulevard Atlántico: "(…) El barón Mauricio Hirsch funda el 24 de agosto de 1891 la Jewish Colonization Association para asistir y promover la emigración de los judíos de todas partes de Europa y Asia, con un capital de 50 millones de francos oro depositados en el Banco Rothschild de Londres".

Grigera también describe al Pampa: "(…) Cubría el servicio de pasajeros de Buenos Aires hasta Le Havre y Dunquerque, pasando por Tenerife, y desde Europa uniendo Le Havre, Burdeos y escalas para arribar finalmente a Buenos Aires. El viaje costaba 180 pesos en primera clase y 32 en tercera y en el entrepuente. Su capitán era el comandante Fontaine y la tripulación era de 48 personas", informa.

Los pampistas llegaron a Buenos Aires el 15 de diciembre de 1891. O el 30 de diciembre. No se sabe a ciencia cierta… Como sus tierras en Entre Ríos no estaban listas, y paralelamente surgieron problemas en las colonias ya existentes (Carlos Casares y Moisés Ville), la solución transitoria del representante del barón, Wilhelm Loewenthal, fue enviarlos a Mar del Sud, villa balnearia coloquialmente llamada Mar del Sur, a unos 15 kilómetros de Miramar.

Así, a principios de enero de 1892 los pampistas fueron llevados en carros a la estación Constitución del Ferrocarril Sud, desde donde partirían con destino a Mar del Plata para, luego de pernoctar en los mismos vagones, iniciar la última etapa del viaje en 60 carretas hacia Mar del Sud.

Existen tres libros que abordan el tema de la llegada de los pampistas: Tierra soñada, Episodios de la colonización agraria judía en la Argentina. 1889-1959, de José Liebermann (Luis Lasserre, 1959); Recuerdos de un militante socialista, de Enrique Dickmann (Editorial Claridad, 1949); e Historia de los pampistas de Lázaro Schallman (Congreso Judío Latinoamericano, 1969).

La tierra soñada

Mar del Sud fue fundado en 1885 junto con su gran hotel, de más de 100 habitaciones en estilo francés, pensado para turistas europeos. Pero el sueño del balneario europeo a lo Brighton de Katherine Mansfield no prosperó: el Banco de La Plata SA que había decidido fundarlo como alternativa a Mar del Plata quebró; desde entonces Mar del Sud conservó ese aire salvaje que aún hoy lo hace especialmente atractivo.

En el capítulo "Un balneario singular" de Tierra soñada –ganador del primer premio del Concurso literario de la Jewish Colonization Association en 1952, en cuyo jurado estuvo Jorge Luis Borges–, José Liebermann recuerda la llegada a Mar del Sud: "(…) Cuando aquella impresionante caravana de sesenta carretas guiada cada una por dos carreros y acompañada por una tropa de jinetes montados en caballos de los más variados pelos se detuvo frente al rojo edificio del Boulevar Atlántico, en la solitaria localidad atlántica de Mar del Sud, a 75 kilómetros de Mar del Plata, los inmigrantes, levantando sus miradas al cielo, agradecieron a Dios por su misericordia para con ellos y con sus hijos, mientras fluían lágrimas de alegría de sus ojos".

En las crónicas de Liebermann, Dickmann y Schallman se considera este período marsudense de los pampistas como vacaciones turísticas.

Es probable que muchos la pasaran bien. Pero otros no tanto. Según Ariana Bekerman, tataranieta de Salomón Steimberg –que tomó la decisión de venir desde Bielorrusia con su esposa y su primer hijo–, para su tatarabuela, Amalia Rempel, la estada estuvo lejos de ser un descanso estival.

La historia de la familia pudo reconstruirse en parte gracias a una carta-legado de la tía bisabuela de Ariana, Esther, quien escribió para que todo lo que había sucedido no se perdiera.

"La situación era bastante precaria, el clima no era benévolo y surgió una peste que afectó a los más pequeños. Mi tatarabuela había dado a luz una criatura que falleció por esta enfermedad junto a muchos otros chiquitos que había en la comunidad. Se supone que están enterrados allí en una fosa común, Esther viajó para encontrar la tumba y no pudo", cuenta Ariana.

Las crónicas señalan que varios niños sufrieron una enfermedad (no se ponen de acuerdo si fue tifus, gripe o psitacosis) y fallecieron, siendo enterrados, según el reconocimiento del terreno del documentalista residente en Mar del Sud, Laureano Clavero, "en línea recta a la entrada del hotel, en la orilla sur del arroyo La Tigra", informa. Hoy ese emplazamiento está totalmente cambiado; cuesta creer que allí hubo un camposanto. Clavero es investigador especializado en paleontología, historia y cine, un amante de este balneario.

La hipótesis del cementerio se corrobora en el libro Mar del Sud, historia y vivencias, de Osvaldo J. Aramendi (Editorial Martín, 2006), donde el autor relata su infancia en la playa en 1935. En la página 30, reseña: "(…) Aquí debo decir que cuando llegamos a Mar del Sud, en los juegos de búsquedas atrevidas de niños explorando tierras casi vírgenes y sintiéndonos un poco dueños de la naturaleza, entre diversión y aventuras, descubrimos huesos humanos en los campos frente al arroyo La Tigra. Esos huesos estaban cerca de la costa, la mayoría eran de pequeños que no habrían logrado sobrevivir a la enfermedad".

Liebermann en Tierra soñada habla de una veintena de muertos, situación que no opacó en su caso los tres hermosos meses de vacaciones.

¿Qué pasó realmente en Mar del Sud? Si hoy los acantilados y sus refugios lo vuelven salvaje… ¿Cómo habrá sido la llegada de 60 carretas arengadas por gauchos, donde en la mayoría de los casos viajaban personas que no habían veraneado jamás y que ni siquiera hablaban el mismo idioma entre ellos? Es difícil saberlo, pero bien podría ser la imagen de una bella película.

Finalmente, el grupo retornó a Buenos Aires en tandas, desde donde se embarcaron a Concepción del Uruguay y, de allí, se distribuyeron en las tierras recién adquiridas de Entre Ríos por el Barón Hirsch, en San Antonio, Domínguez y Colonia Clara, así como otro grupo fue enviado provisionalmente a Moisés Ville en la provincia de Santa Fe, continuando así con la epopeya de la inmigración judía en la Argentina.

Atlántico y monumental

Apasionado por el hotel de Mar del Sud desde 1997, el arquitecto Grigera rescata la historia de uno de los últimos exponentes que queda en pie de la hotelería surgida en los centros de veraneo de nuestro país de fines del siglo XIX. Su libro inédito es la continuación de su trabajo de investigación presentado en el año 2000 en el concurso de Investigaciónes Históricas del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires. Grigera fue uno de los artífices de la declaratoria del Boulevard Atlántico como monumento histórico municipal.

Si el lector viajó a Mar del Sud, sobre todo si la noche anterior hubo sudestada, al mirar la arena con atención tal vez encuentre cubiertos de plata o tacitas picadas de porcelana de Limoges, de un edificio que aún hoy se puede visitar en su decadencia cada vez menos elegante.

UN GAUCHO JUDIO CON BUENA MEMORIA

Hijo de pampistas, a los 99 años Benedicto Caplan es descendiente de "una tribu de 30 familiares que vinieron en el vapor Pampa". Doctor en Ciencias Políticas y destacado economista, fue viceministro de Economía de la Nación y consultor internacional, entre otros trabajos.

Con lucidez reivindica su origen de gaucho judío nacido en Entre Ríos en las colonias de Hirsch: "Cada casa –cuenta– tenía una foto del barón al cual le estaremos eternamente agradecidos".

Las vivencias de Caplan fueron relatadas en su libro Memorias, un gaucho judío en la Casa Rosada (Editorial Milá, 2001). Allí dice: "El vapor Pampa arribó a Buenos Aires en diciembre de 1891 y mis abuelos desembarcaron ya con tres hijos, pues una niña les nació en el camino.

(…) A los pocos meses después del arribo se fundó la colonia San Antonio a la que fue destinado mi abuelo. Allí se instaló provisoriamente en una choza de barro y paja hasta que estuvo lista la casa construida por la colonizadora sobre el lote de 150 ha que le adjudicaron. Como la mayoría de las 4000 familias traídas por el barón Hirsch, recibió, además del traslado al país, el campo, los alambrados, el pozo, la hacienda vacuna y los caballos, las herramientas de labranza, las semillas, y un préstamo para alimentación por un tiempo prudencial".

PARA SABER MAS

http://enelmardelsur.blogspot.com

http://mardelsud.wordpress.com

http://www.amigosdemardelsud.org.ar/

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