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Una ragazza de tres mundos

Aylin Prandi, intérprete de La sal de la vida
Néstor Tirri
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25 de marzo de 2012  

"No es mérito mío", dice con modestia Aylin Prandi, la actriz todavía desconocida para el público argentino que vino a la reciente 8» Pantalla Pinamar a presentar el film italiano La sal de la vida ( G ianni e le donne): nació y se crió en Europa, pero habla un castellano rioplatense como el de cualquier chica porteña. Además de actuar en films italianos, en París hace teatro en francés. Trilingüe impecable, pues, pero ella dice que no es mérito suyo: "Mi madre, Lilian Rinar, es una ex actriz argentina -explica-, y mi padre, italianísimo, nació en Turín y se crió en Roma. Se conocieron en París y allí nací yo. Soy francesa, mientras que mis padres conservaron, cada uno, sus respectivas identidades culturales. Y me las transmitieron".

En París, la adolescente Aylin se graduó, trabajó como periodista, incursionó en moda y acabó como actriz, pero ya detentaba cierto cosmopolitismo prematuro ("Mi primer viaje en avión, sola, fue a Buenos Aires, a los cinco años"). Y así, cuando menciona su formación en el Conservatoire Dramatique parisino, instintivamente pasa a contar su vida en francés. Sin embargo, la notoriedad se la daría, con el tiempo, el cine italiano: el público argentino la conocerá este jueves, con el estreno de La sal de la vida , la segunda comedia del exitoso Gianni Di Gregorio, quien conquistó al público porteño, el año pasado, con la recordada Un feriado muy particular ( Pranzo di Ferragosto ). El nuevo es más ambicioso: costó cinco veces más.

Antes de consagrarse de lleno a la actuación, Aylin Prandi (38) se lució como bailarina para ganar "un po' di soldi". Su primer trabajo profesional fue en Canal Plus, en un programa unitario que califica de "pazzesco" (muy loco), porque todo se escribía y se grababa a bordo de un tren real y se emitía el mismo día. Y su primer film fue en francés, con el realizador franco-argelino Nadir Moknèche: Délice Paloma (2007), rodado en Argelia. De ahí saltó de nuevo a la TV francesa como protagonista de una serie que atrajo a diez millones de espectadores.

A estas alturas hay que empezar a barruntar que no es tan pequeña como insinúan sus ojos vivaces y su vocecita de nena disfónica, y que en su sólida trayectoria ha conquistado más fama de lo que uno creía.

Vecinita inquietante

-¿Cómo te convertiste en "actriz italiana"?

-En un momento dado "inventé" el recurso de grabar discos como cantante (ahora mismo se está difundiendo en la Argentina 24.000 baci , mi último CD) y empecé a viajar a Roma en busca de castings. Arranqué con una comedia de Vincenzo Salemme, No problem , que alcanzó gran popularidad. Después, dramas italianos, pero haciendo de francesa. Ahí descubrí toda una época de Italia: Fellini, Scola, ¡la Magnani!

-Era un cine que no habías vivido? ¿Qué pensaste?

-Que hubiera querido nacer en esa época. Me di cuenta de que los cineastas trabajaban con arquitectos, con intelectuales, y que los personajes femeninos tenían un carácter fortísimo.

-¿Y ahora, con Gianni Di Gregorio?

-Yo ya llevaba hechas diez películas. El había logrado un gran éxito con Un feriado muy particular , que había sido su debut?

-Pero había sido el guionista de Matteo Garrone en Gomorra, nada menos.

-Claro, no es joven y tiene experiencia, y por eso me entusiasmó participar de su nueva comedia. Es una persona de tal humanidad... que con él desaparecen las tensiones.

Di Gregorio, en efecto, seduce por su sinceridad. Así, "le sale" un cine sencillo, emotivo, y él parece actuar haciendo de sí mismo: como en la comedia anterior, aquí se rodea de "viejitas" (su madre, en el film, dice tener 92 años, ¡y los tiene de verdad!). El protagonista absoluto, Gianni, se llama como él, y es un sesentón buenazo, tolerante, jubilado prematuramente, rodeado de mujeres, cada una con un conflicto. La única que no tiene "rollo" es su vecinita, llena de vida y de una sensualidad inquietante: no hace falta aclarar que esa vecina es Aylin Prandi, quien en pocos días, en Pinamar, se convirtió en la presencia más chispeante y seductora del Festival.

-¿Qué fue lo que te gustó del trabajo con Di Gregorio?

-Ah... Es la primera vez que un director me dice: "El tuyo no es un personaje. Sos vos misma: Aylin". Di Gregorio ama a la gente y sabe qué cosas puede representar ante cámara. Yo me fasciné con él.

-En Francia hiciste Molière y Victor Hugo en teatro. En cine y en TV, comedias y dramas. ¿Qué te gustaría hacer ahora?

-No pienso en la jerarquía de un personaje ni en la profundidad de una trama. "Il bello" de este métier es ser parte de una historia, en la que vos sos una "pieza" que cuenta.

-Por tus ancestros y tus incursiones en distintos ámbitos, ¿seguirás siendo una ragazza de tres mundos?

-Es un poco ristretto pertenecer solo a tres mundos. Diría que, a medida que avanza mi carrera, tiendo a ser parte (simplemente) del mundo.

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