El insultante monólogo de un hombre solo y desesperado

Jorge Oviedo
Jorge Oviedo LA NACION
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5 de abril de 2012  • 19:54

Solo, totalmente solo, el vicepresidente Amado Boudou se presentó frente a periodistas para desgranar una increíble catarata de insultos y agravios, acusaciones de gravísimos delitos a una enorme cantidad de personas públicas de las que no ofreció prueba alguna. Si es cierto el famoso "teorema de Baglini", que señala que mientras más lejos se está del poder más irresponsables son los enunciados políticos, Boudou está definitivamente afuera del poder cristinista.

La catarata de agravios contra el juez Rafecas, que lo está investigando, difícilmente tenga un antecedente en democracia.

Boudou incluso llamó "esbirros" y "esclavos" a los periodistas presentes, de quienes no aceptó preguntas. Llamó "mafioso" tanto al CEO del Grupo Clarín, como al presidente de la Bolsa de Comercio, Adelmo Gabbi. Y hasta acusó de tráfico de influencias a los actuales miembros de un estudio de abogados que perteneció al procurador General Esteban Righi.

La construcción de conspiraciones lo deja mal parado. Boudou dijo conocer muchas, en las cuales hasta había sido personalmente contactado para que hubiera tráfico de dinero para sobornar a parte del Poder Judicial. Lo que no explicó es por qué no denunció oportunamente esos intentos, que de existir serían delitos. Si el Vicepresidente no se presentó a la Justicia a denunciarlos faltó a su deber y cometió otro.

El funcionario también acusó a las AFJP de haber cometido delitos contra los jubilados en sociedad con el Grupo clarín, pero no ofreció ninguna explicación acerca de por qué no ha hecho denuncias judiciales sobre el particular. En realidad hubo operaciones fraudulentas en las AFJP cuyos responsables terminaron condenados, pero tal proceder fue producto de la denuncia de organismos de control durante el gobierno de la Alianza. Que se sepa, durante el kirchnerismo no hubo más que acusaciones desde el atril, pero nunca investigaciones serias.

Boudou también incursionó sorprendentemente en el terreno de las mutuales que prestaban dinero a tasas increíblemente altas a jubilados y empleados públicos, a las que llamó "mafias". No explicó por qué no habían sido desmontadas antes, ni tampoco cómo fue que de una de esas entidades salió un "ladrillo" (paquete termosellado) de billetes de 100 pesos que sumaba al menos 100.000 pesos y misteriosamente apareció en el baño del despacho de la entonces ministra de Economía, Felisa Miceli. Eso ocurrió durante la presidencia de Néstor Kirchner. ¿Qué quiso decir Boudou? ¿Que Cristina Kirchner está desmontando mafias que funcionaban en conexión con lo más alto del poder durante la gestión de Néstor Kirchner?

Algunos empresarios que tienen buenos lazos con el Gobierno dicen que en todos los actos públicos es muy importante ver la "escenografía". Interpretan que es clave ver quiénes están y dónde están ubicados y junto a quién durante, por ejemplo, los discursos de la presidenta Cristina Kirchner. Boudou estuvo absolutamente solo. Ni uno de los canales más cercanos al Gobierno cambió su programación para tratar el tema y defender al funcionario. El "teorema de Baglini" parece haber demostrado su certeza otra vez.

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