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Crecen un 30% las consultas por tecnoadicciones

Evangelina Himitian
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7 de abril de 2012  

El vacío. El fin de todo lo conocido. La principal razón de un mal humor incontrolable. Así vivieron muchos usuarios de celulares la falla técnica de Movistar, que el lunes último dejó 16,7 millones de celulares incomunicados. El efecto fue más allá de las horas que duró la interrupción del servicio.

Además de los inconvenientes puntuales, miles de usuarios comprobaron que ese aparatito ejerce un poder impensado sobre ellos. Suelen llevarlo consigo a reuniones y no lo abandonan ni cuando salen a correr. No los incomoda usarlo en el baño ni que sea lo último que consultan antes de dormir. Es que el celular se convirtió en el eje de una forma de relacionarse con el mundo, y también en la raíz de un efecto que algunos especialistas se atreven a llamar el "síndrome de abstinencia de la hiperconectividad".

En casos extremos se traduce en insomnio, mal humor y en una enfermiza necesidad de chequear todo el tiempo si el sistema había vuelto a funcionar. No es para menos. En el último año se incrementaron en un 30 por ciento las consultas sobre tecnoadicciones, según confirmó a LA NACION el jefe de la Clínica de Adicciones del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), Pablo Simone.

¿Existe tal cosa como la adicción al celular? Sí. "En los últimos tiempos creció en forma exponencial la consulta por tecnoadicciones, y el celular va a la cabeza. Siempre tiene que ver con personalidades adictivas, pero la comunicación que ofrecen los nuevos equipos tecnológicos tiene un poder adictivo mucho más fuerte", explica.

El especialista distingue entre los adictos al celular -aquellos que necesitan un tratamiento para poder controlar su patología- y aquellos que por estos días descubrieron que tienen una dependencia afectiva con el equipo. Ambos experimentaron una sensación de vacío, de incomunicación, cuando el sistema salió de funcionamiento.

Quienes recurren a ayuda de profesionales para superar esta adicción se someten a una terapia que intenta llevarlos a reencauzar el uso del celular, a limitar la cantidad de veces que se chequean llamadas y redes sociales por hora, a abandonar el hábito de llevarlo siempre en la mano, de ponerlo siempre sobre la mesa y de levantarlo y usarlo para gesticular. La combinación de teléfonos inteligentes y redes sociales es lo que torna más adictivo al dispositivo, explican los especialistas.

El año último pasará a la historia de la industria celular local como el del gran despegue de los smartphones , explica Enrique Carrier, director de la consultora de telecomunicaciones que lleva su apellido. "Los despachos de esos equipos superan un 124%, para llegar a la impresionante cifra de casi 2,5 millones de unidades", dice. Esto significa que uno de cada cuatro celulares que se venden hoy en día son smartphones .

Algunos ya se atreven a llamarlos s ocialphones, porque el principal uso que sus dueños les dan a estos equipos es la conectividad en las redes sociales. "Evidenciaron lo importante que resulta para los usuarios estar siempre en la Red, no perderse nada", dice Carrier.

En cuanto a Twitter, uno de cada tres usuarios se conecta a diario, contra dos de cada tres personas que se conectan desde un equipo móvil. "El celular puede despertar una forma de amor. Tiene un potencial adictivo muy fuerte por la inmediatez que ofrece. Además, porque es un aparato que nos comunica y no replantea, no señala una falta, no nos confronta con nosotros. "Simplemente nos conecta rápido con otros, nos obedece", asegura Simone.

Abstinencia

Fueron sólo unas horas. Tiempo suficiente para que Carolina, de 34 años, se asomara a la desesperación. De pronto, los mails dejaron de llegar. Facebook no tenía actualizaciones, no había nadie en Twitter y, lo que era peor, nadie llamaba ni contestaba a sus llamadas. Esto ocurrió el lunes pasado con los usuarios de la empresa Movistar.

Resultaba difícil imaginarse cómo sería un día de nuestras vidas, hace apenas unos cinco años.

"La conectividad permanente que generan los smartphones promueve la fantasía de la presencia -asegura la socióloga Ana Wortman, investigadora del Instituto Gino Germani-. Nadie está ausente ni lejos, no tengo que esperar para tomar una decisión. La velocidad de la información habilita a tomar decisiones que tienen consecuencias en lo inmediato. De ahí que consultores, ejecutivos, empresarios, emprendedores diversos han configurado un modo de ser trabajador, un modo de producir para los cuales los smartphones son imprescindibles."

La coordinadora del Centro de Asistencia, Capacitación e Investigación de Socioadicciones (Cacis), Alejandra Cattán, explica que, en ocasiones, la hiperconexión exagera la comunicación virtual a costa de los vínculos presenciales. "En definitiva, se está más aislado; mucha gente está conectada las 24 horas. De allí, el vacío", afirma.

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