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Peligrosa rebelión "Tuareg"

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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10 de abril de 2012  • 00:50

Los nómades conocidos como los "tuareg" pertenecen al pueblo "bereber". Habitan el norte y occidente del desierto del Sahara. Hablamos de algo más de un millón doscientas mil personas que pertenecen a esa rama que representa el 10% del total de los distintos grupos bereberes.

Con frecuencia son objeto del calificativo de "azules", porque -con el calor- sus vestimentas de ese color se destiñen de modo que la piel incorpora una atractiva tonalidad azul. Se llaman a si mismos: "los libres". Aún hoy, sin embargo, los "tuareg" viven divididos entre nobles y vasallos. Los últimos desempeñan las tareas propias de una servidumbre doméstica.

Los nómades conocidos como los "tuareg" pertenecen al pueblo "bereber". Habitan el norte y occidente del desierto del Sahara
Tienen ciertamente una bien ganada fama de indómitos. No sólo porque históricamente se dedicaron alguna vez a saquear poblaciones, sino porque -hasta no hace mucho- se distinguieron por su feroz resistencia al colonialismo. En los últimos tiempos muchos de ellos, como milicianos o simplemente como mercenarios, formaron parte del multicolor ejército libio en tiempos de Gadafi.

Poco antes de caer el tirano regresaron apresuradamente a sus propias tierras. Lo hicieron aprovechando la situación de caos para llevar consigo el moderno armamento que les había sido suministrado por el depuesto gobierno libio, así como misiles tierra-aire de corto alcance (Sam-7) y explosivos poderosos como el Semtex, aparentemente fruto del saqueo.

Desde hace algunos años, células de Al Qaeda y grupos vinculados o emparentados con ese movimiento terrorista han estado -cual infección- operando activamente en la zona del llamado Maghreb, al norte de África. Hasta ahora se habían concentrado más bien en los secuestros y en un activo tráfico de drogas, armas y personas. Actuaban particularmente en la paupérrima Mauritania y en algunos otros rincones del Sahara Occidental. También en el Chad, Mali, Níger, y en el sur de Argelia. Cabe acotar que los grupos islámicos del Maghreb parecerían tener también conexiones con los que actúan en el norte de Nigeria perpetrando atentados contra los cristianos, al mando del desalmado Boko Haram.

Todo ello parece haber generado una mezcla explosiva que acaba de producir su primer gran sorpresa cuando, de pronto, los "tuareg" -aparentemente (pese a las desmentidas) asociados con Ansar Dine (un conocido grupo "tuareg", pero de claro perfil islámico) y Al-Qaeda (Aqmi)- a través del llamado "Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad", se apoderaron del noreste de Mali, incluyendo a sus tres ciudades más importantes: Kidal; la estratégica Gao, económicamente la más importante de la región; y la emblemática (y romántica) antigua ciudad santa islámica: Timbuktu.

Células de Al Qaeda han estado -cual infección- operando activamente en la zona del llamado Maghreb, al norte de África
En Timbuku -ciudad que, por su enorme valor cultural, está especialmente protegida por las Naciones Unidas- no sólo hay tres famosas mezquitas. También cementerios históricos y bibliotecas y anaqueles que guardan miles de insustituibles manuscritos que contienen hasta obras pertenecientes a la era pre-islámica.

Los insurgentes aprovecharon la circunstancia que Mali ha sido objeto -el 22 de marzo pasado- de una alocada asonada militar, comandada por un joven capitán de etnia "senufo" (negra), Amadou Aya Sanogo, ahora en vías de superación. Una vez en control del territorio desértico que ahora ocupan, los "tuareg" proclamaron que su objetivo era "gestionarlo". Lo cierto es que la insurrección "tuareg" tiene un claro perfil secesionista, que amenaza a la integridad territorial de Mali. Hablamos ciertamente de la posibilidad de que -de pronto- se organice una nueva "república islámica". Por lo pronto, sus líderes ya han anunciado su vocación de independizarse e impuesto en el territorio que controlan tanto el uso del velo islámico como la ley islámica, el "sharia". A la manera de Afganistán, cuando era gobernado por el Talibán. El riesgo es volver a repetir esta historia, pero difícilmente obtengan apoyo externo en su pretensión independentista.

Francia, la antigua potencia colonial, ha expresado su alarma y su preocupación por lo que está sucediendo y está convocando a los países vecinos a sofocar las dos insurrecciones acaecidas en Mali: el golpe militar y la peligrosa insurrección "tuareg". La vecina Argelia, cuyo personal en Gao ha sido detenido, también contempla con alguna alarma lo que sucede. Porque el fundamentalismo es también una amenaza en su propio interior.

Francia, la antigua potencia colonial, ha expresado su alarma y su preocupación por lo que está sucediendo y está convocando a los países vecinos a sofocar las dos insurrecciones acaecidas en Mali
Porque parte del supuesto que los "tuareg" apuntan, en rigor, a controlar todo Mali. Pese a ello, Francia ha anunciado que -a diferencia de lo que no hace mucho hiciera en Costa de Marfil- por el momento no enviará sus tropas a Mali.

Por ello, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Ecowas) está bajo presión para eventualmente (fracasadas que sean las gestiones políticas y las sanciones económicas ya dispuestas contra Mali) decidir una intervención militar, con todos los riesgos que ello implica.

Esta es, históricamente, la sexta insurrección de los "tuareg". La primera se remonta a 1916. La última es mucho más reciente; es la del 2006 que terminara concediendo un alto grado de autonomía a la zona del Sahara maliano, denominada, precisamente: Azawad.

Como suele suceder, ante estos tristes escenarios de extrema inestabilidad, la gente huye de la violencia. Por esto aparece rápidamente el desgarrador sufrimiento que representan las clásicas olas de refugiados y desplazados que estas situaciones disparan. Las Naciones Unidas sugieren que ya hay más de 200.000 personas que han huido de Mali. Muchos han marchado hacia Burkina Faso. Otros hacia Níger.

Lo cierto es que la presencia de Al-Qaeda en África no sólo es, queda visto, una grave realidad, sino que está ahora ganando presencia, terreno y hasta dimensión.

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