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La ciudad tendrá un museo del Holocausto

Es el primero en América latina: se hará un registro con los nombres de los 8000 sobrevivientes que ingresaron en la Argentina; 2000 están todavía vivos.
Alejandra Rey
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20 de julio de 1999  

Da la sensación, la patética sensación, de entrar a una especie de enorme andén donde el tiempo ya no existe.Los muros son altos, grises, los ruidos suenan distintos o simplemente no suenan, y el frío de esta ciudad no ayuda a que el humor mejore.

También podría ser una fábrica devastada o una lúgubre barraca. Y podría ser un edificio de alguna ciudad de la Europa central de antes de la Segunda Guerra Mundial.

Podría ser muchas cosas, tantas como la imaginación quiere, pero la edificación de la calle Montevideo 919 tiene un destino: a partir del 5 de agosto próximo comenzará a construirse allí el primer museo del Holocausto de América latina.

"Vamos a terminarlo antes de fin de año", asegura Nora Tage Muler de Nasielsky, directora ejecutiva de la Fundación Memoria del Holocausto.

-El lugar que eligieron es muy...

-Tiene un clima especial ¿verdad?, parece una estación de tren, esos andenes de los que partían los judíos para los campos. Por eso, cuando lo vimos nos pareció que era el adecuado. Le pedimos asesoramiento a Ralph Appelbaun, el arquitecto que diseñó el Museo de la Shoá, de Washington, y nos aconsejó que aprovecháramos el edificio porque era muy valioso desde el punto de vista arquitectónico, con un clima muy particular. Queremos que ese clima se quede en este lugar.

Hace muchos años, allí funcionó una usina de la empresa Italo. El Estado heredó el edificio y, cuando la Fundación Memoria del Holocausto decidió crear un museo, el presidente Carlos Menem se lo cedió junto con un millón de dólares para la remodelación.

A pocos meses de que abra sus puertas, quienes trabajan para la fundación cuentan cuál es el fin de tener un Museo de la Shoá. Porque vienen trabajando desde 1994, armando la base de datos de los 8000 sobrevivientes del Holocausto que llegaron a la Argentina (de los que todavía están vivos 2000), recogiendo objetos que los judíos perseguidos en Europa lograron sacar de los campos de concentración adonde fueron confinados y que se podrán ver en las salas del museo, o investigando y tomando testimonios a los que debieron soportar la opresión del nazismo.

"Queremos tener un registro unificado de los sobrevivientes, y la idea es que el museo se transforme en un espacio interactivo orientado tanto a la educación como al recuerdo de las víctimas", dijo a La Nación David Fleischer, presidente de la fundación.

Entre los objetos que se exhibirán en el museo figura un peine para sacar piojos que una sobreviviente de Auschwitz canjeó a una compañera por una ración de pan; un traje a rayas con el número 107.822 y la estrella amarilla con la inscripción "jude" que la familia Barber guardó durante años y decidió ahora donar; un jabón rescatado del campo de Majdanek, Polonia, que tiene grabada la letra RIF (algo así como "grasa judía pura") y que fue donado por un sobreviviente que ahora vive en Bolivia.

"Tenemos una colección de billetes del gueto de Therezin (Praga). Porque los judíos estaban obligados a pagar con una moneda distinta de la de todos los demás. También hay dos juegos de fotos inéditas tomadas clandestinamente en una aldea de Polonia, donde se ve a la gente caminado hacia los campos", dice Daniel Bargman, antropólogo e investigador del Ministerio de Educación, que colabora con la fundación.

Además de las salas con objetos y fotos, el museo tendrá ambientaciones que recrearán momentos o espacios históricos (el gueto de Varsovia, crematorios y barracas), un auditorio, una biblioteca y una sala donde disertarán los sobrevivientes.

"En algunos museos, los propios sobrevivientes hacen de guías. Acá, si ellos deciden que quieren acompañar a los grupos, no nos vamos a oponer, pero lo que nosotros queremos es preservarlos", dice Muler de Nasielsky.

Para no olvidar

El museo también hará una recreación de la vida judía en Europa antes de la guerra.

"Por eso, para nosotros todos los objetos que tengan que ver con esa época son valiosos. No necesariamente vamos a exhibir cosas rescatadas de los campos de concentración, entre otras cosas, porque los sobrevivientes llegaban a la Argentina con lo que les cabía en los bolsillos", dice Bargman.

Una vez por semana, los sobrevivientes se reúnen en la fundación con un grupo de profesionales que, además de escucharlos, les enseña cómo transmitir su historia personal.

"A través de esos testimonios supimos muchas cosas que ignorábamos. Nos enteramos, por ejemplo, de que hubo una niña argentina, del barrio de Boedo, que murió en Auschwitz, o que en el país ingresaron cerca de 40.000 sobrevivientes, pero la mayoría en forma ilegal", dice el antropólogo.

Este museo ayudará, seguramente, a que no se pierda la memoria.

Rastros

El antropólogo Daniel Bargman, investigador del Ministerio de Educación que colabora con la Fundación Memoria del Holocausto, explicó que, dado el tiempo transcurrido y las historias personales de cada uno, es difícil rescatar objetos que pertenecieron a sobrevivientes.

Por eso, resulta problemático rescatar de los testimonios los nombres de aquellos argentinos que en el exterior ayudaron a que algunas familias judías se salvaran de la tragedia.

Con el fin de encontrar esos rastros del pasado, la fundación tiene un E-mail (fumemholeinstein.com.ar) y un teléfono (4811-3588).

"Ojalá que si quedan sobrevivientes se comuniquen", dice, esperanzado.

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