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Griselda Siciliani: en nuevos territorios

Mientras espera el estreno de El último Elvis, que llega a las salas el jueves, la hiperactiva actriz cuenta que ha bajado las revoluciones para disfrutar su embarazo
Natalia Trzenko
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22 de abril de 2012  

Duermo mucho, de hecho me acostumbré a dormir hasta el mediodía porque a la noche estoy hasta las cuatro de la mañana despierta yendo a hacer pis. Así estoy hoy, empollando. Leyendo todo el día, con un nivel de estrés cero, bajo cero. Un estado que creo que no lo tuve ni de chica", dice Griselda Siciliani y lo cierto es que ese estado se le nota en la cara. Y en la panza, obvio. Griselda está embarazada de Margarita, que aunque todavía no llegó ya logró lo que parecía imposible, lo inédito, que su mamá bajara la velocidad de una carrera que la tiene hace años entre lo mejor para ver tanto en la televisión como en el teatro. Y muchas veces en los dos lugares al mismo tiempo, grabando todo el día y haciendo función a la noche como si sus días no tuvieran 24 sino 48 horas. Pero eso fue antes, porque ahora su actividad más intensa, además del necesario sueño, claro, es leer y leer y leer. Esta charla para hablar de El último Elvis, la película de Armando Bo que Disney estrena el jueves, es lo más parecido a la exigencia laboral que tendrá en mucho tiempo.

"Le decía a mi hermana que mido mi nivel de tranquilidad por la lectura. Nunca me pasó de meterme en una novela tras otra sin pensar: «Ay, tendría que estar estudiando la letra» o «tendría que ir mirando tal proyecto, por este ratito que tengo no voy a abrir el libro». En cambio, ahora me leo una novela en un día. Y lo estoy disfrutando a full, porque es un estado nuevo y único. Estoy a pleno con el ocio creativo", cuenta Siciliani y se ríe un poco porque ni ella misma pensó que esto –que ella embarazada– iba a ser así. Después de todo ésta es la misma persona que se tomó exactamente siete días de descanso entre el final del unitario Para vestir santos y el comienzo de las grabaciones de Los únicos, ciclo por el que acaba de ser nominada para un Martín Fierro a la mejor actriz de novela. La misma que vivía en el reverso del estrés bajo cero empollador, con mucha creatividad, pero poco ocio.

"No extraño el trabajo"

"Este es el primer descanso que me tomo después de dos años y medio seguidos de televisión y de hacer además la trasnoche teatral con la obra Corazón idiota. Pero no extraño el trabajo. Pensé que me iba a poner a proyectar mucho, a armar alguna movida independiente y aunque me junté con los chicos de El Descueve, siempre hablamos muy a futuro, para 2014 o la segunda mitad de 2013. La verdad es que pensé que iba a tener mucha más ansiedad por el trabajo, pero es tan raro lo que pasa en el cuerpo que de alguna manera te obliga a ubicarte en esta situación", explica y adelanta: toda decisión relacionada con el trabajo está demorada hasta después del parto.

"Primero tengo que ver cómo me pega la maternidad. Hay cosas que de todos modos ya me di cuenta: hacer teatro y tele al mismo tiempo no va más. Cada año tendré que elegir si hago televisión o teatro. O si hago una película. Porque el cine, para los actores, es menos esclavo. Menos que el teatro seguro, donde no podés faltar ni un día. Porque si faltás hay que suspender la función y es una tragedia."

Esta tranquilidad, esta misión zen de no superponer trabajos es tan nueva para Siciliani como la maternidad. Ya se dijo: antes ocurría todo lo contrario. Si hasta lo imposible –filmar una película al mismo tiempo en que se protagoniza un unitario y una exigente obra de teatro– ella lo hizo posible.

"El rodaje de El último Elvis fue durante el tiempo de Para vestir santos y Corazón idiota. En los días que no grababa, filmaba, y de ahí me iba al teatro. Fue un año muy cargado, de mucho esfuerzo, pero si no lo intentaba no la podía hacer y me daba mucha pena no poder hacerla", cuenta la actriz que eligió este film para su debut en cine sin haber leído el guión que Bo escribió junto a Nicolás Giacobone, con el que también había compartido la autoría del libro de Biutiful, la película de Alejandro González Iñárritu.

"En 2007 me enteré de que me querían ver para un casting de una película. Mi representante me contó la historia, me pareció espectacular, quería audicionar y después no supe nada más. Pasaron los años y en 2010 me llamó el director de casting, Javier Braier, para hablarme de la misma película, me dio un DVD y el guión. Llegué a mi casa, lo vi y lo llamé a Javier para aceptar el papel sin ver el guión", se entusiasma Siciliani.

Las imágenes que la decidieron sin duda ni pausa eran las de la prueba de cámara de John Mc Inerny, el protagonista del film, el que interpreta, sin ser actor pero con una voz prodigiosa, al último Elvis del título. Un hombre que se llama Carlos Gutiérrez, vive en Avellaneda, pero está convencido de que su talento para cantar como el Rey del Rock se lo legó el mismísimo muchacho de Memphis desde el más allá.

La decisión

"Me recomendaron que leyera el guión porque mi personaje no tiene muchas escenas, pero eso no me importaba. Yo quería hacer la película aunque tuviera una sola porque realmente quería participar de este proyecto cuando vi a John cantando con la guitarra. Era una situación que tenía belleza, duraba un minuto y me conmovió. Me pareció que si me pasaba eso con una prueba de cámara estaba claro que me interesaba lo que querían contar", explica Griselda que eventualmente leyó el guión, se reunió con Bo y aceptó un radical cambio de aspecto para interpretar a Alejandra Olemberg, la ex mujer del Elvis local que prefiere llamarla Priscilla, aunque en nada se parezca a la belleza con la que Presley se casó y tuvo a su única hija, Lisa Marie.

"Hablé con Armando y él me preguntó si estaba de acuerdo con afearme para la película. Me decía que hay muchas actrices que no quieren aparecer más viejas, más feas, más secas y que eso era lo que él necesitaba. Yo estuve de acuerdo. En el guión estaba claro el rol que juega mi personaje. Es una mina que tenía que tener mucha tierra, una mina que no tenía vuelo, ni luz ni nada. Es una mujer que está ajada. Y para mí era un desafío sacarme de encima el histrionismo y el brillo que en general me toca interpretar. Armando me repetía que me tenía que sacar la luz", recuerda Siciliani y dice que la insistencia dio sus frutos. Aunque fueran unos frutos bastante inusuales para una actriz con tanto carisma como ella.

"La gente que venía al rodaje no me reconocía. Armando me contó que en unas funciones que hizo con amigos y otros directores antes de que la película estuviese completamente terminada, mostrándoles una versión sin títulos, muchos no se daban cuenta de que la que interpretaba a Alejandra era yo. Eso fue genial para nosotros. Me acuerdo de que hasta lo festejamos con un abrazo. Para él era muy importante que no se viera en pantalla a Griselda Siciliani haciendo de una chica ajada", dice ella, la única intérprete que debuta en cine –antes había bailado en una escena de La antena de Esteban Sapir–, con la esperanza de que nadie la reconozca.

Aunque ya pasó bastante tiempo y ahora su concentración está puesta en lo que vendrá, la hija que tendrá con su pareja, Adrián Suar, algo de aquel rodaje compartido con actores no profesionales, entre ellos una nena que hacía de su hija llamada Margarita [López] –"como mi hija", dice–, se vuelve presente y de alguna manera se conecta con su maternidad, con la paternidad. "La filmación fue maravillosa, a todo el equipo se le notaba el proceso de años de trabajo que tuvieron con la película. Fui muy respetuosa con ellos porque uno siempre está un poco más alejado del corazón del asunto que los guionistas y directores. Para Armando es algo muy propio, muy personal. Es como un hijo al que estuvieron cuidando durante años ", dice Griselda, que entre una siesta y otra, entre el prólogo de una novela y el epílogo de otra se está preparando para hacer lo mismo, para la llegada de Margarita. Y al trabajo, por ahora, le toca otra dulce espera.

LA EXPERIENCIA SUNDANCE

Unos cuantos meses antes de que llegara el estreno local, mucho tiempo antes de que El último Elvis fuera la película de apertura del Bafici, estuvo Sundance, el más importante festival de cine independiente que se lleva a cabo en pleno invierno norteamericano en la nevada Park City.

"Un día me llamó Armando y me contó que la película había entrado en la competencia oficial de Sundance. Tenía idea de la importancia del festival, pero después me empecé a enterar de la cantidad de films que se presentan. Participar entre las catorce películas de todo el mundo era casi como ganar un premio. Estaba en reposo cuando me avisó pero suponía que cuando fuera el festival ya iba a estar bien y para mí la única manera de ir a un festival es no estar trabajando y no estar trabajando significa estar embarazada o que me cortaran una pierna", se ríe Siciliani mientras recuerda su aspecto, cero glamour, cuando llegó al festival creado por Robert Redford. "Parecía un equeco con la panza, el suéter y la campera", dice y larga la carcajada, contenta por haber viajado al festival, embarazada y, por suerte, con las dos piernas intactas.

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