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La forza del destino

Impactante puesta en escena de Hugo de Ana para el esperado regreso de la obra de Giuseppe Verdi al Teatro Colón
Juan Carlos Montero
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25 de abril de 2012  

Compositor: Giuseppe Verdi (Versión de 1869) / Libreto: Francesco Maria Piave / Director de orquesta: Renato Palumbo / Director de coro: Peter Burian / Regie, iluminación y vestuario: Hugo de Ana / Elenco: Dimitra Theodossiou (Leonora), Mikhail Agafonov (Alvaro), Luca Salsi (Vargas), Agnes Zwierko (Preziosilla), Luis Gaeta (Meliton), Fernando Rado (Marques), Fernando Chalabe (Trabuco), Leonardo Estevez (Alcalde), Guadalupe Barrientos (Curra), Carlos Feulien (Medico) / Intérpretes: Orquesta y Coro del Teatro Colón / Sala: Teatro Colón / Nuevas funciones: jueves 26, sábado 28, miércoles 2 y viernes 4, siempre a las 20.

Nuestra opinión: muy bueno

Resulta reconfortante poder afirmar que en la actualidad es posible ofrecer una muy buena versión de La forza del destino en un teatro emblemático de la lírica mundial, como lo es el Teatro Colón de Buenos Aires. Se trata de un título que plantea uno de los conflictos mas típicos del romanticismo; el que suele existir entre el alma y la historia según el pensamiento hegeliano, aquello de que el hombre se realiza en la evolución de su existencia pero no con felicidad, sesgo de la vida humana que en el desarrollo de la obra de Verdi se escucha a partir de la primera escena, en una habitación del castillo del Marqués de Calatrava.

Esta escena se mostró y se escuchó antes que la obertura, intrepidez que lejos, de haber sido perjudicial, creó de inmediato una mayor atención, favorable a la comprensión del drama comenzado en aquella escena con la fatalidad de la muerte del marqués, y también a la mismísima partitura por el total silencio que reinó en esta versión del maestro Renato Palumbo. La orquesta, más liviana en la dinámica, tuvo la densidad sonora requerida, logro que permitió apreciar con mayor detalle la rica orquestación aplicada.

Este cambio provino evidentemente del talento y el estilo creador de Hugo de Ana, de larga carrera internacional, cuyas ideas conllevan un estilo perfectamente identificado, ya sea por la audacia de utilizar elementos simbólicos grandilocuentes como por la habilidad para crear amplios espacios con marcos ampulosos y el uso de simbolismos visuales impactantes.

Desde el punto de vista del canto, se palpó de entrada el nerviosismo de los artistas enfrentados a un público desconocido. No obstante, en pasajes como la gran aria de Leonora, "Me pellegrina ed orfana...", y el dúo con el tenor "Ah, per sempre, o mio bell'angio..." permitieron valorarlos, tanto a Dimitra Theodossiou como a Mikhail Agafonov, como dueños de muy buenos recursos naturales en la voz, emisión con volumen y color definido. Pero además, con sobrias aptitudes en la actuación.

Ya en el acto de la taberna, con todas las situaciones dramáticas que exige una acción en la que intervienen coro y bailarines como personajes y los cantantes en una amalgamada e inteligente movilidad, reapareció una ya conocida y apreciada artista como Agnes Zwierko, encarnando a Preziosilla con buen decir y la pícara soltura de la gitana. Por su parte, en la misma escena, se escuchó al barítono Luca Salsi, y en contados instantes, con su falso relato "Son Pereda...", dejó escuchar seguridad musical, buen timbre y, como era natural, el acento y las palabras de un italiano que -con el correr de la representación, y dada la importancia que alcanza el personaje tanto en el dúo con el tenor "Solenne in quest'ora...", como en su gran solo de "Urna fatal del mio destino" y la cabaletta "Eglie e salvo..."- sumó verdad a su personaje.

Asimismo la experiencia del bajo Roberto Scandiuzzi como Padre Guardián no alcanzó para otorgarle la dignidad y la prestancia que debiera tener el personaje. En tanto que la contribución de Luis Gaeta como Fray Melitón, contrariamente a lo esperado, pareció algo deslucida, contrastando con el muy buen Trabuco de Fernando Chalabe y las sobrias e inteligentes intervenciones de Fernando Radó, Leonardo Estévez, Guadalupe Barrientos y Gustavo Feulien.

Un hecho nada menor, merecedor de elogio, se refiere a la actuación teatral del coro, cuyos integrantes -más allá de su excelente rendimiento musical en los maravillosos momentos de conjunto de Verdi- participaron de la acción teatral con una predisposición fundamental en el teatro cantado de nuestro tiempo, el de la tecnología que permite la inmediata difusión del sonido y la imagen en pocos instantes. El público, en el saludo de conjunto, sostuvo su aplauso hasta la caída del nuevo telón, cuya liviandad lamentablemente deja escuchar mucho más que en el pasado, todo lo que se dice y festeja sobre las tablas.

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