Drogas: entre el permiso y la falta de prevención

El Congreso debe dar un debate serio y amplio en una Argentina ya no de tránsito sino de consumo de estupefacientes
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26 de abril de 2012  

El debate sobre la criminalización o no de la tenencia de drogas para consumo personal sumó un capítulo no exento de dudas con la presentación de un proyecto del senador, hoy kirchnerista, Aníbal Fernández para reformar la ley de estupefacientes. Según esa iniciativa, se propone la despenalización de la tenencia para uso personal de cualquier tipo de drogas. En el caso de la marihuana, la eliminación de la persecución judicial alcanza a quienes la cultiven, siempre y cuando demuestren que es para uso privado.

El proyecto de Fernández agrava la pena para los cabecillas de organizaciones dedicadas al narcotráfico, al equiparar la escala penal con la prevista para el homicidio simple (entre 8 y 25 años de prisión); reglamenta la figura del agente encubierto, y modifica el Código Aduanero para castigar el contrabando de materia prima y de precursores químicos que se usan en la elaboración de estupefacientes.

Respecto de la existencia de bandas narcocriminales que operan desde hace tiempo en el país, solo como botón de muestra cabe recordar el reciente episodio registrado en Barrio Norte, donde en plena calle y a manos de un sicario fue ejecutado un ciudadano colombiano, de quien tanto la Justicia como la policía sospechan que estaba vinculado a ese tipo de organizaciones delictivas.

La ley en vigor pena la adquisición y la tenencia de estupefacientes y, al considerar la cantidad para consumo personal, impone un castigo que va de un mes a dos años de prisión. Paralelamente, se pena la posesión de plantas de marihuana y, si se establece que son para uso privado, el castigo va del mes a los dos años de prisión.

¿Representa la iniciativa en estudio en la Cámara alta un avance en cuanto a la legislación nacional e internacional? ¿Deja claros los parámetros sobre los cuales se determinará el grado de culpa o su ausencia total por parte del consumidor y, fundamentalmente, ayuda a intentar detener un flagelo que arrasa con muchos jóvenes que hallaron en el paco la fuente más económica y destructiva de su ser?

Un primer análisis del proyecto de Aníbal Fernández arroja como resultado que no distingue entre tipos de drogas a la hora de la despenalización. Es decir, ese permiso sería idéntico para quien consume marihuana que para quien usa cocaína, éxtasis o paco. Países como Gran Bretaña, por ejemplo, tienen señalados niveles de drogas con diferentes castigos o despenalizaciones, pues no todas tienen la misma graduación o implican igual daño potencial.

Por otra parte, este proyecto no establece un parámetro para definir cuánto es tenencia para consumo personal. Deja abierto ese criterio a los jueces, por lo que el poseedor de la droga debería afrontar una causa para que se determine si lo que portaba era una cantidad que pudiera encuadrarse en ese tipo de consumo.

Es cierto que a partir del fallo "Arriola" la Corte sentó jurisprudencia tendiente a despenalizar la cantidad mínima de estupefacientes obtenidos para ser consumidos en un lugar privado, pues se entendió que esa actividad no afecta al bien jurídico que es la salud pública. Otra cosa es hacerlo frente a terceros. Aquella sentencia tuvo como protagonistas a cinco jóvenes detenidos en Rosario por tener droga para uso personal. Todos resultaron absueltos. La cantidad admitida en ese caso fue de 1,1 gramos cada uno.

Hay que concederle al senador que realmente existe un cambio de paradigma a nivel mundial en cuanto a que fracasaron las políticas de represión que siempre atacaron a los eslabones más débiles de la cadena del narcotráfico, pero, a simple vista, su proyecto no explicita cómo se verificará la venta de drogas en las calles siendo que quien las compra para uso personal estará exento de responsabilidad.

Fundamentalmente, se necesita prevención. Sobre este punto, cabe anotar que hasta la marihuana ha dejado ya hace tiempo de ser considerada una droga meramente terapéutica e inocua. Numerosos estudios científicos han demostrado que tiene efectos negativos en la memoria del trabajo y en la capacidad para retener información por cortos períodos y que consumirla multiplica los riesgos de accidentes automovilísticos, entre otros muchos y graves efectos nocivos.

Esa circunstancia, asociada a que la Argentina ha dejado definitivamente de ser un país de tránsito para convertirse también en uno de consumo, según palabras del propio ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur, dichas en marzo ante la Comisión de Estupefacientes de la ONU, no debieran dejar lugar a un debate mezquino, sino todo lo contrario, si lo que se pretende es salvaguardar la salud de la población.

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