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Un empresario con linaje pingüino

Alfredo Sainz
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27 de abril de 2012  

Como si algo le faltara al Madero Center de Puerto Madero para convertirse en el edificio emblemático del poder en la Argentina, ahora alberga al nuevo dueño de Radio 10 y el canal de noticias C5N. Cristóbal López, que ayer confirmó la compra del holding de medios fundado por Daniel Hadad, también es vecino de Cristina Kirchner y de Amado Boudou.

López nació en 1956 en la ciudad Buenos Aires, aunque al poco tiempo ya estaba instalado con sus padres en Comodoro Rivadavia, con lo cual no duda en presentarse como un NyC (nacido y criado) en la Patagonia. En el Sur no sólo conoció a su esposa y cimentó su fortuna, sino que también supo ganarse la confianza de Néstor Kirchner.

Cristóbal asegura que al ex presidente lo conoció en 1988, cuando a través de un cliente de su empresa de servicios petroleros le pidió al entonces gobernador santacruceño que intercediera ante el grupo Perez Companc y le dieran una mano en la adjudicación de una obra. Como era de esperar, la gestión oficial dio sus frutos y a partir de ese momento los caminos de Cristóbal López y de Néstor Kirchner se cruzarían varias veces, y no faltaron las voces que hablaban de una relación comercial entre el empresario exitoso y el político en alza.

Cristóbal López se jacta de su origen humilde. Sus padres llegaron del sur de España a fines de la década del ?50 y se radicaron en Comodoro Rivadavia en momentos en que la ciudad vivía el boom del petróleo. De entrada, los López pusieron una forrajería y un criadero de pollos, y a mediados de los ?70 ya se habían convertido en una de las familias más prósperas de la ciudad chubutense, al punto que en 1976, cuando los dos padres murieron en un accidente de autos, la herencia familiar que se repartieron Cristóbal y su hermana superaba el medio millón de dólares.

Durante su gestión, el negocio familiar siguió creciendo y en 1983 llegó el primer gran salto, cuando se convirtió en proveedor de servicios petroleros de la entonces estatal YPF. A casi treinta años, Cristóbal López sigue ligado al negocio del petróleo, y a través de su empresa Oil Combustibles controla una red de más de 350 estaciones de servicio y la refinería de San Lorenzo, paquete que le compró a Petrobras a cambio de US$ 110 millones.

Junto con el petróleo, la otra gran fuente de ingresos de Cristóbal López es el negocio del juego. En 1992 se quedó con el casino de su ciudad y diez años después puso un pie en Río Gallegos, lo que le permitió aceitar el vínculo que ya tenía con los Kirchner. Hoy su empresa Casino Club opera una docena de casinos en todo el país, incluyendo el Casino flotante porteño.

Los resultados de esta buena relación con el poder se terminaron de comprobar cuando el 5 de diciembre de 2007 se publicó en el Boletín Oficial un decreto que le extendía por quince años la explotación de las máquinas tragamonedas en el hipódromo de Palermo.

El contrato llevaba la firma del entonces presidente Néstor Kirchner, que cinco días después dejaría el mando a manos de su esposa.

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