Color puro

En un nuevo cruce de artistas argentinos y franceses impulsado por Philippe Cyroulnik, la galería Vasari exhibe obras que abarcan todas las gamas del arcoíris
Julio Sánchez
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4 de mayo de 2012  

El color es, ante todo, un fenómeno social. No existe una verdad transcultural del color, como quisieran hacernos creer ciertos libros basados en un saber neurobiológico mal digerido o que cae en una psicología de pacotilla." Quien lo afirma es Michel Pastoureau, autor de más de treinta libros dedicados a la historia de los colores, los animales y los símbolos. Para este investigador francés, el color es una construcción cultural compleja y rebelde a toda generalización. A partir de las experiencias de Newton, el color tomó una dimensión más científica, pero no por eso dejó de ser menos simbólico. En este campo son conocidas y clásicas las especulaciones de Johann Wolfgang von Goethe ( Tratado del color , 1810) y las del profesor de la Bauhaus Johannes Itten, quien publicó en 1961 su Teoría del color .

Entre nosotros hay un curador francés a quien también le ha apasionado el tema: Philippe Cyroulnik, director del Centro Regional de Arte Contemporáneo de Montbéliard, reunió en la galería Vasari obras de cuatro artistas argentinos -Fabián Burgos, Juan José Cambre, Karina Peisajovich y Verónica Di Toro- y de dos franceses -Olivier Filippi y Emmanuel van der Meulen- en la muestra El color, instrucciones de uso .

Según el curador, ellos llevan a la práctica la experiencia del color "siguiendo modalidades singulares y conjugándola con distintos procedimientos, en un dibujo o en protocolos composicionales que renuevan la percepción". Al grupo se le agrega "un modesto homenaje a una gran dama del arte argentino que nos abandonó en enero de este año, Mirtha Dermisache, cuyo color distintivo era el negro de su escritura sin palabra".

Fue lamentable la pérdida de esta artista notable, creadora de las Jornadas del Color y la Forma -la última, en 1981, reunió a más de 15.000 personas en dos semanas en el Centro Cultural Recoleta-, una inolvidable experiencia de creación colectiva que nunca se repitió.

Cyroulnik trabaja con artistas argentinos desde hace más de veinte años. A principios de 2011 se pudo ver en el Centro Cultural Borges otra muestra suya, Punto, línea, curva , que reunía obras de artistas locales e internacionales. Los artistas elegidos tienen fuertes lazos con predecesores que eligieron los valores cromáticos como punto de convergencia de sus investigaciones; no hay que olvidar que el gran continente del arte es, precisamente, la historia del arte.

Quizás el más masivo (si es que cabe el término) de todos es Fabián Burgos, que en 2008 pudo ver su obra Velocidad reproducida a escala gigantesca en el frente del Edificio del Plata, a escasos metros del Obelisco porteño. Karina Peisajovich investiga el color desde la inmaterialidad de la luz y ha logrado instalaciones feéricas, sutiles y conmovedoras, aunque en este caso se encuentre presente con exquisitos trabajos en papel.

El más experimentado del grupo es Juan José Cambre, quien luego de haber pasado por las huestes del expresionismo depuró su imagen en la figura de una vasija que le sirvió de pretexto para registrar las sutiles apelaciones del color; mientras que Verónica Di Toro le hace honor a la fuerza de su apellido, con una geometría potente fundada en diagonales dinámicas (la obra en Vasari es una dominante de verticales paralelas más cercanas al op-art ).

Los jóvenes franceses, menos conocidos para el público local, presentan trabajos ligados a la abstracción geométrica. Al recorrer cada obra, el espectador se podrá preguntar cómo los artistas llegaron a liberarse de los grilletes de la figuración (como decía el ruso Kasimir Malevich) y atender el color puro. Quizás el encanto más misterioso del color se encuentre en el arcoíris, aquel regalo que Dios le hizo a Noé después del diluvio.

Ficha. El color, instrucciones de uso , en Vasari (Esmeralda 1357), hasta el 11 de junio

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