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Mujeres en el aire

Los mitos de la belleza y la eterna juventud, cuestionados
Moira Soto
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3 de mayo de 2012  

Autora y directora: Mariela Asensio / Intérpretes: Raquel Ameri, Valentina Bassi, Jose Maria Muscari, Pamela Rodriguez, Debora Zanolli, Valeria Alonso / Actriz en video: Mariela Asensio / Vestuario: Vessna Bebek / Escenografia e iluminación: Gonzalo Cordova / Audiovisuales: Diego Casado Rubio / Coreografía: Barbara Hang / Música original: Mauro Garcia Barbe / Producción ejecutiva: Juan Borraspardo / Sala: Ciudad Cultural Konex, Sarmiento 3131 / Funciones: viernes y sábados, a las 23 / Duración: 55 minutos

Nuestra opinión: muy buena

Mariela Asensio no se rinde. Antes bien, la joven dramaturga, directora, productora y actriz prosigue con esta suerte de militancia a favor de sus congéneres que comenzó antes de cumplir los 20, al participar en un certamen de obras sobre violencia contra la mujer. Desde ese entonces, la actividad teatral de Asensio no ha cesado, ni siquiera cuando con un embarazo avanzado se permitió actuar y bailar en Auténtico, espectáculo donde hacía un texto autobiográfico que exponía con apasionada franqueza aspectos de la problemática de género (trata, maltrato, imagen en los medios, aborto) que ha encarado, con variada intensidad, a través de toda su obra. El reciente estreno Mujeres en el aire forma parte de una trilogía que arrancó hace 4 años en el baño –zona de intimidad y confidencias– y culminará próximamente con una pieza sobre una de las formas de esclavitud en el siglo XXI: la prostitución forzada.

Entre el musical y la comedia negra, apelando a funcionales ritmos pop, rock, sonidos electrónicos e incluso marciales cuando viene al caso, a coreografías sumamente expresivas, al color y a la luz restallantes, a proyecciones de impactantes videos ilustrativos, Mujeres… mantiene en estado de alerta los sentidos para recibir mejor la fuerte, implacable crítica que lanza la autora desde el texto y las contundentes letras de los temas musicales, hacia los imperativos de ser bellas y no envejecer, de acuerdo con los patrones que impone el mercado, que sufren mujeres de toda edad y condición.

Sobre el escenario, cinco mujeres se irán desdoblando, según transcurran las situaciones, en secretarias, conejas, barbies. Dos de ellas asumen roles protagónicos, Showgirl y Renegada, la que vendió su alma al Imperio Light y la que sabrá resistir. Todas arreadas, azuzadas, controladas, fustigadas por un personaje masculino ligeramente mutante: mandamás, conductor, gendarme, experto en belleza seriada, tergiversada por intervenciones. En ese mundo asimilable a la tinellización de la TV –que anticipó Gerardo Sofovich–, las chicas de malla enteriza y zapatos al tono parecen acatar la orden de ser físicamente perfectas para no quedarse fuera del show business. Antes fueron las Miss Universo que se proyectan en el inicio, después llegó el reinado de las modelos y ahora –localmente– tenemos la invasión de las mujeres de curvas siliconadas, labios y pómulos colagenados que van del Bailando o el teatro de revistas a los programas de chismes, apurando una breve e insignificante carrera de figuración.

Asensio marca paralelos militares, policiales para estos deberes que las chicas deben cumplir si quieren que sus cuerpos sean rentables: consumir incontables cosméticos, calmantes, dietas, hacerse lipos y electrólisis para librar esta terrible batalla por sostenerse en el candelero mediático. En alguna etapa, les tocará cumplir el rol de modernas mamás de niñitos también rentables.

"Atrapadas sin salida, con un corsé hecho a medida", recita el coro, y el jefe se defiende: "Soy un tipo bien, empresario que se hizo de abajo y escaló alto, tengo buenos sentimientos, apunto a lo popular, me siguen las masas…" Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia. Y si bien el humor –negro e irónico– circula de continuo en primer plano, el trasfondo es siempre dramáticamente reconocible en este espectáculo donde cobran alto relieve todas las actuaciones, descollando el diáfano pathos de Raquel Ameri y el consumado oficio de Valentina Bassi. Como de costumbre en esta diseñadora, un lujo pleno de aciertos el vestuario de Vessna Bebek.

Por: Moira Soto

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