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El Cuarteto de Nos - Porfiado

Warner
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4 de mayo de 2012  • 18:41

Desde su irrupción en escena con un split compartido con el gran Alberto "Mandrake" Wolf para el sello Ayuí, en 1984, El Cuarteto de Nos construyó una corriente de pensamiento lateral en el rock uruguayo. La reedición en CD de Soy una arveja (1987), su primer LP, corrobora la capacidad de Roberto Musso y Santiago Tavella para narrar historias ácidas, surrealistas y políticamente incorrectas. El grupo continuó con la construcción de un universo propio, que explotó con Otra navidad en las trincheras (1994), un disco que fue cuátriple Platino y que incluía el hit "Me agarré el pitito con el cierre". Esa explosión los posicionó como una banda masiva en la Banda Oriental, pero "El día que Artigas se emborrachó" casi los lleva a enfrentar a un tribunal militar por osar ofender al máximo prócer charrúa. A pesar de canciones brillantes como "No somos latinos" (Cortamambo, 2000), entre fines de los 90 y principios del nuevo milenio, el crecimiento del grupo parecía estancado, casi en retroceso. Juan Campodónico es la clave para entender el renacer artístico y la proyección masiva y regional del Cuarteto. Fanático del grupo, el productor(colaborador de Drexler, discípulo de Santaolalla) les propuso (re)grabar sus grandes éxitos y reinventar el sonido de la banda. Las paredes de guitarras y una obsesión por un sonido actual y envolvente son algunas de las características de esa nueva personalidad del Cuarteto.

Pero fue con Raro (2006), y a cuestas del hit "Yendo a la casa de Damián", que el Cuarteto logró una merecidísima proyección internacional. Montados sobre el rap-rock como uno de los cimientos estilísticos, Bipolar (2009) sigue esa senda, y también es el disco que marca el alejamiento del guitarrista Riki Musso. La incorporación del Topo Antuña (guitarrista de Buenos Muchachos) y del tecladista Santiago Marrero transformaron el cuarteto en un quinteto. Nada raro para una banda que, en definitiva, nunca quiso ser normal.

Porfiado cierra esa trilogía compositiva con un Roberto Musso asumido frontman y letrista principal, profundizando en la creación de una galería de personajes obsesivos, muchas veces al borde de lo patológico. "Seré un quedado pero acá me quedo, y no intenten alterar mi estado", dice en "Algo mejor que hacer" sobre una base de ska-punk que abre el disco y que con "No quiero ser como vos", un hip-hop kilométrico con un estribillo de Auto-tune, completa un tándem inicial que reflexiona sobre ilusiones infantiles y desengaños posteriores. "Buen día Benito" es el relato afiebrado y vengativo de un hombre obsesionado por un viejo compañero de jardín de infantes, que comienza con un coro amplificado y en el flow rioplatense de Musso encuentra la rima memorable de "Tolstoi" con "Playboy".

El hip-hop es uno de los conductores de Porfiado, aunque no podríamos definirlo como un disco "de género". La personalidad musical del Cuarteto sigue siendo camaleónica, a pesar de haber endurecido y homogeneizado su sonido. Por eso "Enamorado tuyo", esa cumbia algo melancólica compuesta y cantada por Santiago Tavella, no desentona en el contexto general del disco: montada sobre un teclado vintage, parece ideal para un salón de baile con pisos de madera y luces de bola de espejos. Pero tal vez la rotación más rotunda del universo cuartetero esté en "Sólo estoy sobreviviendo". Allí Musso rima "bonsái" con "off side", y vuelve sobre algunos trucos de "Miguel gritar", con citas al tango ("el que no llora no mama") y al ámbito cinematográfico ("sé que mis valores valen, pero si las cosas no salen hago como el Zelig de Woody Allen"). Sin embargo, lo que realmente define al Cuarteto es cuando Musso canta "juro que no es llana la línea de mi encefalograma". Sólo ellos pueden incluir tamaña frase en una canción.

Por Humphrey Inzillo

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