Georg Trakl

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11 de mayo de 2012  

Al anochecer mi corazón

Al anochecer se oye el grito de los murciélagos,

dos corceles negros brincan por la pradera,

el rojo arce murmura.

Al caminante se le aparece la pequeña taberna en el sendero.

Magnífico sabe el vino nuevo con las nueces,

magnífico: tambalearse ebrio en el bosque crepuscular.

A través del negro ramaje suenan las campanas, dolorosas,

sobre el rostro cae rocío.

En el parque

De nuevo caminando por el viejo parque.

Oh, serenidad de flores rojas y amarillas.

Y también lloráis vosotros, benignos dioses,

y el oro otoñal de los olmos.

Inmóvil se alza en el estanque azulado

el junco, enmudece al atardecer el zorzal.

¡Oh!, inclina entonces tú también la frente

ante el mármol ruinoso de los antepasados.

Adn Trakl

Salzburgo, 1887 - Cracovia, 1914

Admirada por sus contemporáneos (entre ellos, el filósofo Wittgenstein), la obra de Trakl –marcada por una refinadísima música verbal– traza un arco veloz que va del decadentismo al trauma de la Primera Guerra. El propio poeta nunca se recuperó emocionalmente de su experiencia en el frente, donde asistió a los heridos. Se suicidó en 1914 con una sobredosis de cocaína.

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