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Detienen a los Schoklender por desviar $ 280 millones

Están acusados de armar una asociación ilícita para estafar al Estado; no hay funcionarios imputados
Hernán Cappiello
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16 de mayo de 2012  

Después de 14 años, Sergio Schoklender volvió a la cárcel . El ex apoderado de la Fundación Madres de Plaza de Mayo quedó ayer preso, no ya por el asesinato de sus padres, sino acusado de ser el jefe de una banda que desvió más de 280 millones de pesos del Estado y 1,2 millones de dólares que estaban destinados a construir viviendas sociales, a través de la entidad de derechos humanos. También quedaron detenidos su hermano Pablo y su socio Alejandro Gotkin, acusados de ser organizadores de la misma asociación ilícita.

Sergio Schoklender quedó detenido en la cárcel de Ezeiza, el lugar que él prefirió, al igual que Gotkin. Pablo Schoklender se entregó al atardecer en la comisaría 23a., en Palermo, desde donde fue trasladado a la alcaidía de la Policía Federal, en Villa Riachuelo. Allí iba a pasar la noche y mañana será indagado.

Las medidas fueron dispuestas por el juez federal Norberto Oyarbide , que a un año del escándalo que causó la expulsión de Schoklender de la Fundación Madres de Plaza de Mayo lo había citado a prestar declaración indagatoria como parte de una serie de interrogatorios que incluyen a otros 30 sospechosos, incluida María Alejandra Bonafini, hija de Hebe de Bonafini, presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

Todos deben responder por desviar parte de los $ 765 millones que recibieron las Madres para construir viviendas sociales.

La Fundación firmaba convenios con la Secretaría de Obras Públicas de la Nación, que entregaba el dinero, y los municipios o las provincias estaban obligados a contratar a la Fundación de las Madres. No hay funcionarios públicos acusados por las falencias en el control del destino de los fondos. A los responsables del Ministerio de Planificación se los investiga en un expediente paralelo que lleva el juez Marcelo Martínez de Giorgi, que espera un informe de la Auditoría General de la Nación (AGN) para avanzar.

Sergio Schoklender llegó temprano a los tribunales federales de Comodoro Py. Pantalón negro, camisa negra y una campera de nylon , no paró de fumar hasta que lo hicieron pasar al despacho del juez Oyarbide, en el tercer piso. "Voy a contestar todo lo que el juez quiera saber", se ufanó, y se quejó de que no lo hubieran interrogado antes porque cada vez "inventaban algo más", dijo.

Asistido por la defensora oficial Perla Martínez de Buck, entró al despacho. Los dos custodios de civil de Oyarbide se habían multiplicado por cuatro y otros cuatro policías de uniforme montaban guardia en los dos extremos del tercer piso, junto a las puertas vidriadas, como para que no pasaran periodistas, pero también para que nadie se escapara. El destino de Sergio Schoklender estaba sellado. El acusado se sentó frente a Oyarbide, que personalmente le leyó las acusaciones contenidas en más de 175 fojas.

El juez sumó a las cargos que le había hecho el fiscal federal Jorge Di Lello nuevos hechos. Así quedó acusado de ser el jefe de una asociación ilícita, de fraude contra el Estado y de falsificar facturas.

Le reprocharon que de las cuentas de las Madres sacó plata en efectivo con cheques de mostrador, transfirió dinero a su hermano, compró dos barcos, utilizó fondos públicos para pagar indemnizaciones a habitantes de villas de emergencia para que liberaran terrenos, pagó sueldos con la plata que estaba destinada a construir casas, usó los paneles construidos por la Madres para hacer viviendas sociales en la construcción de casas de fin de semana de clientes particulares y en levantar su casaquinta y la de amigos y parientes.

La cuenta de lo supuestamente desviado por el grupo de acusados da 283,6 millones de pesos y 1,2 millón de dólares, según la acusación.

Tras escuchar al juez, Schoklender mantuvo una entrevista con la defensora. En medio de la charla, entró Oyarbide, y le comunicó: "Va a quedar detenido". A Schoklender se le fueron entonces las ganas de declarar, por lo menos hasta que su abogada estudie las nuevas pruebas. Piensa pedir su excarcelación, la que deberá decidir el juez hoy o mañana a más tardar, previa opinión del fiscal Di Lello, que se pronunciaría en contra.

La detención de Schoklender, jurídicamente extraña a un año del caso, porque siempre estuvo a derecho, no representa peligro para la prueba o para la investigación, y no sorprendió al ex apoderado de las Madres. Ya hace 15 días especulaba ante sus íntimos con que el juez lo iba a encarcelar, más por razones políticas que jurídicas y además porque no le representaba ningún costo.

Oyarbide decidió su arresto porque lo considera jefe de una banda. A Alejandro Gotkin, presidente de la empresa Antártica, usada para desviar fondos, según el juez, lo detuvieron al mismo tiempo que Schoklender se negaba a declarar.

Pablo Schoklender hizo a tiempo a escaparse. Estuvo unas horas prófugo hasta ordenar sus cosas, mientras sus abogados Pablo Slominsky y Ramiro Rubinska negociaron su entrega en la División Investigación Federal de Organizaciones Criminales (Difoc), situada frente al Jardín Botánico. Sabía que podía quedar preso. Dejó en su casa plata para pagarle a su empleada, despidió a su novia y se fue. Antes, en un diálogo periodístico había insinuado que recibía presiones del Gobierno. "Me dicen: «Ojo con lo que decís, no dejés pegado a ningún funcionario»", le dijo al sitio web del diario Clarín.

Así, los Schoklender volvieron a encontrarse tras las rejas; esta vez por un delito de guante blanco.

Se lo llevaron con lo puesto

Sergio Schoklender terminó su indagatoria en un camión del Servicio Penitenciario de traslado de detenidos que, a las 14.20, lo sacó de los tribunales de Comodoro Py 2002, en Retiro. De allí fue a la calle Gurruchaga, casi Santa Fe, en Palermo, donde tiene su sede la División de Investigación Federal de Organizaciones Criminales (Difoc), que trabajó con Norberto Oyarbide.

Se fue con lo puesto. Desde allí, una vez concluidos los trámites de ingreso, fue conducido a la cárcel de Ezeiza. Le consultaron, como a otros detenidos, si allí tenía enemigos, para no poner en riesgo su vida. Su condena anterior la había cumplido en la cárcel de Villa Devoto.

No se cruzó con su hermano Pablo, con quien está distanciado. Pablo Schoklender se entregó alrededor de las 18 en la misma sede policial de Palermo. Su novia, Noelia Verónica Garay, le llevó comida y un ejemplar del último libro del escritor uruguayo Eduardo Galeano, Los hijos de los días, sobre el movimiento de los "indignados" en Europa, ante la crisis económica. Anoche lo trasladaron a la alcaidía de Villa Riachuelo donde pasó la noche.

LOS PROTAGONISTAS DEL CASO

  • SERGIO SHOKLENDER

    Ex apoderado de las Madres

    Quedó preso en los Tribunales acusado de ser el jefe de una asociación ilícita, de fraude contra el Estado y falsificación de facturas.
  • PABLO SCHOKLENDER

    Trabajó con las Madres

    Se entregó a la policía en Palermo. Está acusado de ser organizador de la red que se quedaba con los fondos para construir viviendas sociales.
  • ALEJANDRO GOTKIN

    Socio de Schoklender

    Preside Antártica, usada para desviar fondos, y Meldorek, la constructora de Schoklender. Quedó preso como organizador de la banda.
  • HEBE DE BONAFINI

    Madres de Plaza de Mayo

    No está acusada en la causa. Un peritaje determinó que Schoklender le falsificó la firma en un contrato para construir viviendas.
  • ALEJANDRA BONAFINI

    Empleada bonaerense

    Está acusada de desviar fondos. Será indagada el 31 de mayo como integrante de la red. Compró departamentos con fondos de la Fundación.
  • CON CALMA Y SIN INSULTOS AL JUEZ

    Sergio Schoklender se mostró impasible y calmo cuando el juez Norberto Oyarbide le comunicó su arresto. Se dejó esposar y trasladar en el ascensor de presos hasta el subsuelo. Diferente actitud había tenido en septiembre, cuando llenó de insultos al juez en la puerta de su despacho.

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