La revolución es un sueño eterno: fotogramas de la historia

Lito Cruz encarna a Juan José Castelli en este film basado en la novela de Andrés Rivera, que dirigió Nemesio Juárez
Julia Montesoro
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17 de mayo de 2012  

Es una mirada sobre un hombre y un momento de la historia argentina", dice Nemesio Juárez, director y coguionista de La revolución es un sueño eterno, el film basado en la novela homónima de Andrés Rivera, que se estrena hoy. El hombre en cuestión es Juan José Castelli (personificado por Lito Cruz), "una de las figuras paradigmáticas y más controvertidas de la Revolución de Mayo", según palabras del cineasta, que despliega en su película una cuidada reconstrucción de época, y recrea episodios como el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, la jura del 25, el fusilamiento de Liniers y la campaña del Ejército Expedicionario del Norte.

Un elenco numeroso acompañó a Juárez en su segundo largo (antes realizó Historias de amor, de locura y de muerte, sobre Horacio Quiroga): Juan Palomino en el rol de Monteagudo, Luis Machín como Belgrano, Adrián Navarro interpretando a Moreno y Edward Nulkievwicz como Agrelo (además, participan Ingrid Pelicori, Mónica Galán, Antonio Ugo, Manuel Vicente, Carlos Kaspar, James Murray y José Palomino Cortez).

Coproducida por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y San Luis Cine, La revolución es un sueño eterno se filmó casi en su totalidad en territorio puntano. "Allí recreamos, por ejemplo, la Sala Capitular que fue escenario del Cabildo Abierto –cuenta Juárez–. En tanto que en Sierra de las Quijadas filmamos, entre otras situaciones, la arenga de Castelli a los caciques de los pueblos originarios en la Puerta del Sol. Después nos instalamos en Buenos Aires para filmar en el Complejo Museográfico de Luján, entre otras escenas, las del combate en las Segundas Invasiones Inglesas."

El rodaje, de siete semanas, tuvo lugar en 2007. Mucho antes había llegado a las manos de Juárez la novela de Andrés Rivera, que adaptó en colaboración con Lidia Paulucci, esposa del director e "incansable batalladora para la concreción de la película", según destaca Juárez en diálogo con LA NACION.

–¿Cómo trabajaron la adaptación?

–La novela es un largo monólogo, con una estructura poética muy potente. Y está teñida fuertemente por la subjetividad del personaje, aspecto que quizás era lo más difícil de respetar, pues la estructura cinematográfica necesita variados puntos de vista. Por otro lado, en ese largo monólogo es muy difícil encontrar los diálogos que hay que construir en cine. Es decir, el enfrentamiento y las contradicciones entre personajes, que hacen a la dramaturgia y que necesita un guión. Gran parte de esos fragmentos fuertemente poéticos serían indecibles para los actores o aparecerían como muy artificiales. También en ese sentido hubo que ajustar y crear nuevos diálogos. Pero fundamentalmente había que trabajar sobre elementos que estaban subyacentes, no del todo desarrollados, latentes, o que no existían en la novela. Pero que se constituían en importantes para la información que necesita el espectador.

–¿Por ejemplo?

–En la novela se podían dar por sentadas las razones de una batalla. Pero en cine no, y de algún modo había que dar información. La novela prácticamente pasa por alto el Cabildo Abierto del 22 de mayo y en la película está recreado (además, es la primera vez que aparece en un film argentino el Cabildo Abierto del 22 de mayo). Son los elementos visualmente externos, y atractivos desde el punto de vista de la dramaticidad, que intentan enriquecer la narración original.

–El film plantea distintas líneas narrativas.

–El trabajo de adaptación fue por dos andariveles. Por un lado, el respeto a la novela. Por otro, qué elementos son necesarios para dar una estructura que respetando el espíritu de la novela, la enriquezca desde el punto de vista del actor, la recreación del personaje y demás. Entonces ubicamos el tiempo presente de la película en el momento del juicio a Castelli, cuando también se desarrolla un cáncer de lengua que va a terminar con él, antes de que finalice el juicio. En ese presente confluyen situaciones de momentos previos a la Revolución de Mayo, de la revolución en sí misma, y posteriores a ella, hacia 1812, cuando Castelli muere. Y ciertos elementos que estaban latentes en la novela decidimos plantearlos en un escenario fantasmal y atemporal como el de la Sierra de las Quijadas, como si allí se escenificaran, desde el interior de Castelli, sus recuerdos.

–¿Qué dificultades se plantearon en la construcción de los diálogos?

–Hay un hecho fundamental: estos revolucionarios de Mayo eran hombres con ideas muy arraigadas. Entonces era imposible que entre ellos dialogaran de una manera cotidiana. Porque en su índole misma estaba el debate de ideas. Por eso, nos planteamos recurrir a diálogos intensos, con argumentaciones de ideas, y que eso tenga un dramatismo que lo haga rico desde el punto de vista cinematográfico. Partiendo de esa base, creo que ésta no sólo es una película histórica, sino también política.

UN PERSONAJE EN LAS SOMBRAS

"¿Por qué traer al presente la figura de Juan José Castelli?", piensa en voz alta Nemesio Juárez, y luego responde la pregunta de la periodista: "Para mí, a partir de la novela, la figura de Castelli fue también un descubrimiento –explica el cineasta–. Después me encontré con otro libro, escrito en la década del 50. Eran los únicos elementos que había como antecedentes biográficos. Evidentemente, sobre la figura de Castelli hubo un cono de sombra, que puede ser casual, como también intencionado. Un cono de sombra que había que intentar despejar, para redescubrir e investigar a ese personaje tan decisivo en la Revolución de Mayo. Sobre todo, es el personaje que más acortó las distancias entre los ideales y el compromiso personal. Y por otro lado, es quizás uno de los más consecuentes en esto de acercar los límites entre los ideales y la acción".

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