El ballet y los nuevos lenguajes, según 3e. étage

La compañía francesa presentará Nouvelles virtuosités
Néstor Tirri
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19 de mayo de 2012  

No deja de sorprender que la troupe que encabeza Samuel Murez se llame 3e. étage. ¿Cómo puede, un "tercer piso", identificar a una compañía de danza? Murez la fundó en 2004 con solistas del Ballet al que pertenece, el de l’Opéra de París, y el origen de esta designación en clave ya es leyenda en Europa. Resulta que en ese gran teatro parisino, el primer piso está reservado a los coreógrafos, el segundo a las étoiles y a los solistas, mientras que el tercero se destina al resto del cuerpo de baile, los más jóvenes. En procura de un lenguaje artístico distinto, Murez reclutó allí jóvenes como él (ahora tiene 29 años, pero entonces era casi un adolescente); así, hace ocho años, este grupo nació en el tercer piso: sus integrantes, que hoy ya son grandes solistas, esta noche actuarán en el Teatro Coliseo con su espectáculo Nouvelles virtuosités ("Nuevos virtuosismos").

"Esa historia tiene muchos matices –advierte Murez, detrás de sus anteojos y jovialmente sentado con las piernas cruzadas en un diván–. Yo hice la escuela de l’Opéra, donde hay mucho rigor: todo está «encuadrado». Si alguien no se adapta a eso queda afuera. Finalmente entré a la compañía. Los que trabajaban conmigo eran y son muy «actuales»: corren en moto, van al cine, ven Matrix, todos se conectan a Internet… mientras que en la escena afrontan reglas extremas. Y entre el público también había gente de mi edad, pero iba con más gusto al cine que a ver ballet. ¿Qué hice yo? Empecé a crear: armé un solo y se lo mostré, en video, a un bailarín que me interesaba. Y luego a otros. Y vinieron a trabajar conmigo. Lo que hice tenía algo de Chaplin y de Buster Keaton, y también del cine de animación de Tex Avery."

Con estas prerrogativas de inspiración cinéfila, las obras del grupo de Murez recorrieron el interior de Francia y luego distintos puntos de Europa. "Lo importante en esas piezas es que tenían algo de lo que se prefiere en Francia –indica–; para que sea una buena coreografía hace falta que sea un poco seria. Pero, también, que incluya algo novedoso, y yo tengo que reconocer que soy la mitad «americano». No hago la comicidad de Buster Keaton tal cual, pero trato de que el espectador pueda reír. El lenguaje de Avery se conecta con todo el mundo: todos entienden ese código."

Y, para ilustrarlo, se incorpora del diván, hace unos pasos y unas contorsiones (brazos en remolino), e ilustra acerca de un tipo de movimiento que evoca el cine de animación.

–A todo esto le sumarás la técnica académica, se supone…

–Un poco… Sólo un poco. ¿Y sabes por qué? Porque los bailarines del Ballet de l’Opéra dominan todas las técnicas, aun las antiacadémicas.

Aquí sigue una minuciosa explicación acerca de la estructura y la actividad de la prestigiosa compañía parisina: trabajan en tres grupos, desde lo más clásico a lo más contemporáneo, con una asombrosa equidad proporcional entre una y otra tendencia.

–¿Se adaptan sin dificultad?

–Los bailarines de l’Opéra han trabajado con Carolyn Carsson, con Mats Ek, con Pina Bausch… (solistas) Yo propongo una secuencia y, en cuanto a estilo, les digo: "Un poco en onda Forsythe…", y ellos me entienden. Enseguida lo pescan y lo ejecutan.

Según Murez, esa predisposición con la que cuentan los once bailarines que integran el grupo 3e. étage logra plasmar el virtuosismo al que apuntan: tomar todas las formas, en lo que el joven coreógrafo define como una tensión entre la rigueur et la créativité (el rigor y la creatividad).

A eso alude el título del programa, cuando habla de "virtuosismos". Hay que informar que se manifestarán en diez piezas breves, agrupadas en dos partes, con un intervalo. La primera arranca con un Balanchine (Tchaikovsky pas de deux) y concluye con un enigmático título: me2 (cuando su autor lo pronuncia, se descubre el juego de palabras, en inglés: "Me two" o también "me too", sobre un poema de Raymond Federman, un escritor judío que se salvó de la razia de los nazis que se llevaron a toda su familia porque se escondió en un placard); en el medio se verá un hit de Samuel: Epiphénomènes, de 2006. "Hay siempre una razón en las cosas que nos pasan, pero a veces no llegamos a conocerlas nunca", dice su autor de esta pieza para cinco intérpretes con música ad hoc del grupo The Misters. En la segunda parte, entre otras obras, no faltará un Forsythe: Excerpt from Limbs Theorem, con música de Thom Willems.

Noventa y cinco minutos de danza actual, pues, recorrerán una velada en la que la tradición académica francesa que se remonta al 1600 se reinventará con la creatividad de estos chicos (todos, figuras relevantes) del otrora menoscabado "tercer piso".

Ludmila Pagliero no viajó

Una de las figuras destacadas de la troupe de Samuel Murez es la argentina Ludmila Pagliero, la más reciente bailarina del Ballet de l'Opéra elevada al rango de étoile. Un lamentable percance, mientras ensayaba una coreografía de McMillan, le produjo una lesión que le ha impedido viajar. "Esto es parte de nuestro métier -dice Murez, con pesar-. Las técnicas son cada vez más exigentes y el cuerpo del bailarín las sufre, cada vez más, también." La brillante discípula de Olga Ferri debía bailar el rol principal de me2 , "que yo creé especialmente para ella, que fue la primera en bailarlo. No fue la única pieza: trabajé muchas veces con ella y es una pena que no haya podido viajar."

Una carta de Ludmila expresa la desazón de la étoile ante la cancelación de un anhelado regreso; en el final de la misiva dice Pagliero: "Siento mucho no poder estar en el escenario esta noche; pienso muy fuerte en todos ustedes y espero tener el inmenso placer de presentarme rápidamente en algún teatro de la Argentina, mi país".

PARA AGENDAR

Nouvelles virtuosités: por la compañía 3e. étage (solistas del ballet de l’Opera de París). Hoy, a las 19, en el teatro Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125.

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