Tocar a lo grande

En todo el mundo, las orquestas-escuela apuestan a lo mejor que la música puede dar: inclusión, fantasía, identidad. LNR habló con chicos integrantes de esta experiencia liberadora
Silvina Beccar Varela
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20 de mayo de 2012  

La música como lenguaje universal ofrece la posibilidad de encontrarnos en las diferencias. El arte se convierte así en un derecho de todos los seres humanos: un bálsamo sanador de almas.

Orquestas-escuela infantiles como la de Chascomús y su sistema de escuelas-réplica en todo el país (Fundación Soijar), el método Jaffé en Brasil, y el Programa Sonidos de la Tierra en Paraguay, entre otros, dan cuenta del arte concebido, también, como una forma de lograr la inclusión social.

Como muestra de ello, formaciones de todas partes del mundo, integradas por niños y jóvenes, tocarán frente a las Cataratas en Iguazú en Concierto 2012, gracias a una iniciativa de la provincia de Misiones (ver recuadro). "La orquesta es mi segunda casa. Cuando me enojo, estoy triste o peleo con mi hermana, tengo ganas de estar ahí y voy. Te cambia el humor, inmediatamente me siento feliz", dice Amparo García Rabell, la niña que ríe con la música que forma parte de Soijar desde los 8 años.

Como ésta, son muchas las historias de entrega y pasión que develan estas orquestas- escuela. A continuación, un recorrido por experiencias que, además, permiten entender el verdadero sentido de la palabra inclusión.

"Acá soy alguien"

En 1998 María Valeria Atela creó la Orquesta Escuela de Chascomús. Comenzó con 30 alumnos y hoy tiene más de 500, con 40 profesores formados por ella que replican el método en todo el país. La chascomunense no conocía la existencia de El Sistema –programa de educación musical creado por José Antonio Abreu en Venezuela para integrar la población infantil marginal y devolverle la autoestima y la ilusión en un marco saludable y de alegría musical–, pero diseñó algo muy similar.

Ella formó la orquesta con niños que aprendían por imitación. Una vez lograda cierta armonía, llevaba a los chicos a tocar a las escuelas de todo Chascomús para incentivar a nuevos niños a formar parte de la misma. El único requisito para participar era no tener conocimientos previos musicales; de esta forma, todos empezaban desde cero. Así fue creciendo, en aulas prestadas, con instrumentos donados, hasta llegar a lo que es hoy, un modelo en toda América latina.

Por eso fue elegida como la semilla de El Sistema en la Argentina y comparte preceptos, programas de capacitación e ideología con Venezuela: la Fundación Soijar promueve en todo el país la creación, el desarrollo y el fortalecimiento de orquestas infantiles y juveniles como herramienta de educación y promoción cultural.

En Chascomús, Soijar tiene su propia sede en construcción, con la cual se puede colaborar: www.orquesta-escuela.com.ar

Dentro de la escuela de Chascomús se escuchan historias como la de Amparo, la niña que ríe con la música. No recuerda cómo entró a la orquesta: sólo que tenía 6 años y siempre le gustó el violín. Ella tenía 3 y su hermanita 17 meses cuando murió su papá. Su madre, Ana Belén, transitó años muy difíciles; fue entonces cuando la música irrumpió con su poder sanador. Gracias a la orquesta pudo volver a anclarse en la vida: decidieron quedarse a vivir en Chascomús; actualmente, Ana trabaja junto a Valeria.

"Tuve clases con muchos profesores –cuenta Amparo– pero con Flavia (multiplicadora, primera generación de alumnos formada íntegramente en El Sistema), avancé mucho."

La niña forma parte del trío de El Sistema junto a los multiplicadores Araceli Arce (25) y Manuel Mercado (21), viola y violonchelo respectivamente, que se presentará en Iguazú en concierto 2012. "La orquesta trajo música a mi casa porque… ¿viste que sin música no se puede vivir?", dice. Y sale corriendo al ensayo.

Joana Saucedo tiene 12 años y toca el clarinete. "Se escribe así, sin h, pero si le ponés h no me importa", aclara. Se sumó a la orquesta a los 8 años, el día que la conoció en un concierto didáctico que brindaron en la escuela donde cursaba tercer grado.

Sin vergüenza, aclara: "La orquesta es mi vida porque acá soy alguien, todos me conocen. Cuando estoy triste pienso en la música. Mi familia está muy orgullosa y eso me pone feliz".

En las misiones

Matías Vivot, director de la Orquesta de Cuerdas Pentagrama Chiquitano, desborda entusiasmo por los niños de la Chiquitania boliviana. Tiene 29 años, estudió en el conservatorio y luego la carrera de dirección Coro y Orquesta de la UCA. Hace cuatro años que viaja para coordinar la escuela y los festivales. Recuerda que la música barroca, en líneas generales, se compuso entre 1650 y 1750, y es interpretada alrededor del mundo por pocos grupos que suelen ser de especialistas, musicólogos, fanáticos... Claramente no es lo popular.

¿Qué pasa en Bolivia, entonces? "Los jesuitas fundaron reducciones en la Argentina, Paraguay y Bolivia. Estas, por ser las más alejadas del imperio, se mantuvieron en un estado de conservación destacable incluso después de la destitución de los jesuitas y la posterior matanza de aborígenes", cuenta Matías. En las zonas de Chiquitos y Moxos, al este de Bolivia (en el Amazonas), los pueblos se construyeron en torno de esas reducciones. Llevan sus nombres y las iglesias continúan en funcionamiento.

"Los jesuitas compusieron música y también enseñaron a componer a algunos nativos de las reducciones, además de traer partituras europeas. Hace unos 30 años se encontraron, en dos iglesias, más de 20.000 hojas de música de hace más de tres siglos. Estuvieron 300 años sin tocarse, sin conocerse, conservadas de muy mala manera, pero permitiendo que hoy los musicólogos copien y transcriban ese material para volver a convertirlo en música. En cada pueblo se fundaron orquestas, escuelas de luthería, coros, grupos de cámara", informa Matías.

Hoy Chiquitos es el único lugar del mundo donde la música barroca está viva, se respira, se siente en el aire, en el templo, en las personas. La escuela gratuita funciona con 200 niños y 35 forman parte de la orquesta que cada tanto toca frente a la iglesia, vistiendo sus mejores galas.

El método es similar al de Abreu: los niños aprenden imitando y, de a poco, incorporan técnica; no es solamente tocar rápido, sino bien. Entran en la orquesta rozando los 9 años (pues estudian violín desde los 5 o 6). Tocan Vivaldi, Bach, Corelli y los grandes músicos del barroco universal, así como las sonatas, misas, conciertos y sinfonías compuestos en América latina. Aman a Piazzolla y el tango argentino.

"En Bolivia yo vivo en dos pueblos: Buenavista (que queda a 150 km de Santa Cruz de la Sierra, una de las ciudades más importantes de Bolivia) y San José de Chiquitos, más internado en el Amazonas y Patrimonio de la Humanidad", cuenta. Esta parte del Amazonas es serranía y la tierra es roja y fértil: imaginen el marco de estos pequeños músicos barrocos.

Vientos contra la soledad

La Brass Band del Ecuador es la orquesta infantil de instrumentos de bronce más importante de ese país; su misión es proporcionar alto nivel de educación musical a niños y jóvenes que de otra manera no hubiesen podido acceder a esa formación.

Kevin Morales posee una sonrisa pícara, la carita redonda, los ojos brillantes. Se inició en El Sistema a los 7 años; a los 12 recibió un instrumento profesional donado gracias a su entrega y dedicación. Tocó en 12 ciudades de Alemania y Suiza. Su aspiración es estudiar música en Europa y, luego de formarse, regresar a la Brass Band para compartir sus conocimientos con otros niños como él.

María José Ortega estaba en un programa de asistencia social cuando escuchó tocar la orquesta y vio niños de su edad. Entonces se preguntó: "¿Quién podrá hablar por mí para poder ser parte de este grupo?" Allí mismo se armó de valor, subió al escenario y miró de tal manera los bronces, en especial una trompeta que la cautivó, que llamó la atención del director. Eso fue hace 7 años: hoy es una niña admirada y querida en la Brass.

Se abraza a su trompeta: sus bucles prolijos de niña de 11 años rodean los ojos de nostálgica alegría. La música le dio parte de los afectos que la vida le negó: un padre, una madre... Llega sola cada tarde a recibir sus clases de música con el firme convencimiento de que, con el tiempo, será una de las maestras del sistema. Le apasiona tocar y enseñar, sobre todo a niños y niñas que, como ella, carecieron del calor de un hogar.

Partitura tropical

El Método Jaffé de Enseñanza Colectiva de Cuerdas enseña violín, viola, violonchelo y contrabajo en grupos de 45 personas como máximo. Nació del deseo del violinista y profesor de violín Alberto Jaffé de poder enseñar la música erudita de una manera más relajada, menos rígida, y así llamar la atención de las nuevas generaciones.

Eso fue en 1974. Desde entonces, el método ha sido enseñado en Fortaleza, Brasilia, San Pablo, y desde 1992, en Estados Unidos y Canadá. A partir de él, los alumnos no estudian en casa en el primer año de clase; por lo tanto, no es necesaria la inversión en instrumentos en el inicio del aprendizaje.

En los años 90, Renata Jaffé y el maestro Daniel Misiuk tomaron la posta en la enseñanza del método: empezaron en una iglesia de la zona oeste de la ciudad de San Pablo con instrumentos prestados o donados, dando clases por las noches. Con el tiempo, el trabajo ganó fuerza, después de las presentaciones públicas de los primeros grupos. A partir de una sociedad con una empresa privada y otra con el gobierno local, comenzaron a dar clases para niños de una favela de San Pablo y también para chicos de la calle por medio del Proyecto Casa del Ayuntamiento. Ese trabajo fue difundido por diarios y TV. A partir de entonces, con la orquesta de cuerdas Pão de Açúcar armada, abrieron el instituto y su programa de música. Inicialmente fundado para atender a los hijos de los empleados de la orquesta, el Instituto ofreció vacantes para la comunidad y ya acogió con ese proyecto, sólo en el estado de San Pablo, a 4890 jóvenes de entre 10 y 18 años.

Pequeñas y talentosas

La Shanghai Traditional Opera School Orquestra toca con instrumentos tradicionales chinos, obras de arte en sí mismos. Se trata de un espectáculo exótico que produce una música bellísima.

Zhou Jin-yi es solista de la tradicional flauta de bambú china. Inicialmente estudió flauta tradicional en la orquesta del colegio. Dos años después se pasó a la de bambú porque era la única que se enseñaba en su provincia. Intentó acceder al conservatorio de Shanghai sin éxito. A través de su flauta aprendió que darse por vencida es la última palabra que puede pronunciar al enfrentarse con las dificultades. "Si yo me hubiera dejado frustrar, mi vida habría cambiado radicalmente... ¿No hubiera sido una lástima perder a mi amada compañera, la flauta?", se pregunta Zhou Jin-yi.

Por su parte, Lucienne Renaudin-Vary, una niña francesa de 12 años algo tímida, pero igualmente apasionada por la música, duerme con una trompeta al lado de la cama. Estudia hace cuatro años; es verdaderamente talentosa.

Es parte de la orquesta Petites Mains Symphoniques, integrada por 160 niños de entre 6 y 12 años ganadores del famoso concurso homónimo. Al ser seleccionados tienen la oportunidad de formar parte de una experiencia extraordinaria: participar en la orquesta sinfónica durante 2 años, grabar un álbum y un DVD e ir de gira por todo el mundo. La formación se renueva totalmente cada dos años.

En las miradas y a través de las historias de todos estos niños y sus directores, es posible volver a comprender que el lenguaje de la música es universal y nos conecta con lo más sagrado del ser humano.

CHICOS EN CONCIERTO

Por tercer año consecutivo, Puerto Iguazú aúna esfuerzos para recibir cientos de niños músicos junto con sus instrumentos, maestros y organizaciones. Iguazú en Concierto 2012 se celebrará desde mañana y hasta el 26 de este mes y será un festival internacional de orquestas y coros infanto-juveniles en el que participarán setecientos chicos de los cinco continentes (entre los cuales habrá representantes de las orquestas-escuela mencionadas en esta nota). Tocarán música en uno de los escenarios naturales más maravillosos: las cataratas del Iguazú y la selva misionera. La iniciativa, organizada por la provincia de Misiones y el Ministerio de Cultura, Educación, Ciencia y Tecnología, busca potenciar los atractivos naturales de la región y fortalecer la oferta cultural. Durante 6 días se suceden conciertos gratuitos en los mejores hoteles de la región, La Aripuca y el anfiteatro de Puerto Iguazú. Como cierre habrá un megaconcierto en los jardines del Sheraton Hotel, dentro del Parque Nacional Iguazú. Gustavo Santaolalla será el padrino y uno de los directores del gran concierto final. Cada orquesta, coro o solista se eligen a través de una exhaustiva búsqueda realizada por la dirección artística del festival a cargo de Andrea Merenzon.

Programación completa: www.iguazuenconcierto.com/es/calendario

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