Reabre un templo de la resistencia

Tras una sufrida historia, incendiado en plena dictadura y una demolición evitada a último momento, renace el Picadero
Pablo Sirvén
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20 de mayo de 2012  

En Buenos Aires crece la cantidad de espectáculos pagos, gratuitos y a la gorra, que nutren el circuito de salas, cada vez más vital que funciona en tres sistemas (oficial, comercial y el off ). Tanto es así que a las distintas compañías se les complica conseguir salas y la cartelera presenta una variedad y dinamismo inagotables, muy poco frecuente en el resto del mundo.

En este contexto, la inauguración de un nuevo/viejo teatro es una noticia más que auspiciosa por las especialísimas connotaciones que la rodean. Es que vuelve el Picadero, en origen, allá por la década del 20 del siglo pasado, fábrica de bujías, y que 60 años después se convirtió en ámbito ideal para espectáculos. Allí, en 1981, 21 obras breves dirigidas por otros tantos directores, y representadas por más de cien actores, dieron lugar al fenómeno de Teatro Abierto que, al decir del dramaturgo Roberto Cossa, resultó intolerable para la dictadura militar, que había ignorado el teatro de compromiso en sus dispersas catacumbas, pero que se inquietó más de la cuenta cuando todos confluyeron sobre el entonces Pasaje Rauch (hoy, pasaje Santos Discépolo).

"Lo que los militares no toleraron -dijo el autor de La nona - es que nos uniéramos, porque Teatro Abierto fue un hecho más político que teatral". Por eso no extrañó que en la madrugada del 6 de agosto de 1981 un incendio lo devastara. Pero esas llamas no hicieron más que encender aún más el interés por Teatro Abierto, cuyo ciclo prosiguió, sin interrupciones, en el Tabarís.

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Las instalaciones del Picadero cobijaron en los 90 estudios de TV y su naturaleza teatral volvió a expresarse fugazmente, pasó de mano en mano y estuvo cerrado otra vez por largos períodos. La picota casi se lo lleva puesto cuando un nuevo emprendimiento inmobiliario estuvo a punto de engullírselo. Las gestiones de la ONG Basta de demoler y el aniversario redondo de los 30 años de Teatro Abierto el año pasado recordado frente a su fachada tapiada sirvieron para que se tomara conciencia de que un hito patrimonial de la ciudad, con honda significación histórica, podía ser arrasado. Y ese peligro fue conjurado.

Hecho a nuevo por dentro -con un espacio central que cuenta con 295 butacas dispuestas de manera semicircular como la sala Casacuberta del San Martín en tamaño más pequeño, un espacio gastronómico temático en la planta baja y una terraza con fines múltiples-, la remozada fachada florentina del Picadero volverá a brillar cuando eche a andar su primer espectáculo, la comedia musical Forever Young , que interpretará un verdadero seleccionado de ese género, desde la semana próxima.

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Pero hay más factores especiales en torno del nuevo Picadero. El artífice del milagro podría haber sido un banquero o un mecenas cholulo de otro palo que, al cabo de un tiempo, se cansara del "chiche", condenando a la sala a retomar su accidentada historia de cierres y reaperturas frustradas.

Afortunadamente eso no sucederá porque es plata de teatro que es reinvertida en la misma actividad. En efecto, Sebastián Blutrach, hijo de productores teatrales, y él mismo generador de grandes éxitos escénicos actualmente en cartel como Toc Toc y La última sesión de Freud es quien lleva adelante esta patriada que implica en principio una inversión de más de tres millones de pesos, sólo en restauración, nuevas construcciones y equipamiento.

Tras haber sido vista ya por 150 mil personas (70 mil, sólo el último verano en Mar del Plata), Toc Toc vende más entradas este año que en la temporada pasada y ya tiene asegurada su presencia en la Ciudad Feliz cuando vuelvan los calores.

¿Cuál es la fórmula del éxito de Blutrach quien, además, estudió osteopatía, es terapista físico y director general del Teatro Metropolitan? Su respuesta es muy sencilla: "Para hacer teatro, hago lo que a mí me gusta", responde, algo así como que el instinto manda y dicta, aunque también reconoce que en el caso de Toc toc , estuvo por no hacerla porque no terminaba de convencerlo y hoy es un fenómeno teatral imparable.

Para Blutrach, el Picadero es un "bien de trabajo" que piensa usar a full (además de Forever Young , en distintos días rotarán Concha del Río, Carlos Portaluppi, algún espectáculo de Daniel Veronese y los martes al mediodía habrá un ciclo gratuito de danza contemporánea, organizado por el Ministerio de Cultura porteño, que acompañará con otras acciones esta movida en los próximos años).

El Picadero fue en aquel ya lejano y oprobioso 1981 símbolo de la resistencia cultural de una sociedad y sus artistas mancomunados contra el poder dictatorial en una pacífica pero poderosa expresión artística.

Cuando pasado mañana, a partir de las 18, Blutrach, junto con Hernán Lombardi, Carlos Rottemberg y Tito Cossa, corten las cintas de la reinauguración del Picadero algo se habrá transformado para bien. De templo de la resistencia cultural, ahora pasará a ser feliz símbolo de uno de los máximos ritos porteños: la celebración del teatro. Enhorabuena.

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