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Un faro que intenta iluminar el futuro

Adelanto de la inauguración del miércoles
Alejandro Cruz
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20 de mayo de 2012  

Un impactante palacio de principio de siglo supo ser una usina eléctrica. Está rodeado de conventillos de chapa, una terminal de una empresa de transporte, depósitos, una fábrica, casas chorizo, un bodegón entrañable, coches sin dueños e innumerables señales de abandono. La postal está violentamente cruzada por la autopista que va a La Plata. Unos pocos metros más allá hay amarrados unos barcos (¿barcos? sí, barcos). Parece una locación de la película Brazil , aquel film de ciencia ficción que transcurría en un lugar del siglo XX en el cual la realidad, aún expresada urbanísticamente, se expresaba en términos opuestos a los de una sociedad ideal. En el palacio florentino que supo ser sede de una compañía de electricidad, la Italo, hay un grandilocuente patio central. Allí, por si faltaran referencias, hay una enorme escalera y un pequeño balcón. El lugar es perfecto para la escena de Romeo y Julieta . Perfecto no, de tan perfecto parece, casi, escenográfico. También hay dos placas. Una, de 2007, hace referencia a la piedra fundacional de la Usina de la Música. La firma Jorge Telerman, ex jefe de gobierno. La otra está datada el año pasado. Allí se habla de la Usina de las Ideas. Lo firma Mauricio Macri, actual jefe de gobierno. El miércoles habría que poner otra que diga: desde hoy, acá funcionará la Usina del Arte, el espacio que promete convertirse en el gran centro cultural de Buenos Aires del siglo XXI.

En el patio central hay una enorme torre con un reloj en lo alto. El reloj, cosa extraña, funciona. Esa mole de ladrillo a la vista sirvió de inspiración para el isologo de la Usina diseñado por Juan Gatti ("el abuelo underground del diseño", como se lo conoce en España). Gatti fue el que hizo el arte de tapa de Artaud , el álbum de Spinetta. También es el que hace el diseño gráfico de las películas de Almodóvar.

Dentro de ese palacio hay enormes ventanales, laberintos, escaleras, recovecos. También hay obreros. También hay artistas. Y hay puertas. Una de ellas, por ejemplo, da a un auditorio impecable con una acústica de primer nivel (a cargo del mismo equipo de especialistas que trabajó en el Teatro Colón) con capacidad para 1200 butacas y un enorme escenario. En ese mismo lugar, el miércoles y como parte de un acto oficial, se realizará el concierto Homenaje a Piazzolla (ver programación completa en página 3).

Una de las 18 puertas de ingreso al auditorio da a la ex sala de turbinas. Es un impactante espacio de 59 metros de largo, 18 de ancho y 12 de alto. Allí, el equipo del artista visual Leandro Erlich está montando Edificio , un fachada de un edificio afrancesado que, espejo de por medio, arma un universo con leyes propias.

En otro lateral hay una calle interna que comunica a Caffarena con Benito Pérez Galdós. Allí el artista sonoro japonés Ryoji Ikeda, referente del minimalismo audiovisual contemporáneo, presentará una instalación llamada Spectra .

"Este lugar me emociona. No hay forma de contar cómo es, hay que recorrerlo...", dice Hernán Lombardi, ministro de Cultura de la ciudad, en la primera recorrida con un medio periodístico y a días de la inauguración de esta vieja usina ubicada en La Boca que cuenta con 15.000 metros cubiertos. Lombardi está acompañado por Ricardo Szwarcer y Gustavo Mozzi, director y vice-director, respectivamente, de este esplendoroso edificio que intenta seguir los pasos del Radialsystem, de Berlín, y El 104, de París. El primero era, también, una usina. El segundo, una fábrica de ataúdes. Ambos, ahora, son lugares en los que se nutren las expresiones artísticas más vanguardistas.

Pero sigamos con la recorrida. Más adelante, en otro rincón, funcionará una sala con capacidad para unas 400 personas. Y más allá y después de dar más vueltas, habrá un espacio multipropósito que podrá oficiar de microcine para unas 200 personas. Estos dos últimos lugares forman parte del 25 por ciento de obra de que todavía no se terminó. Hay otros cuatro espacios laterales que están a pocos centímetros, metros de la autopista. Se podrán usar para artes visuales o para experiencia escénicas. Y más abajo, en un lugar definido por columnas, se arma un espacio laberíntico que parece servido para trabajos site-specific.

Pasado, presente

El edificio fue construido por el arquitecto italiano Juan Chiogna. Comenzó en 1914 y se terminó en enero de 1916. En 1919 y en 1921 se le realizaron algunas ampliaciones. En 2000, durante el gobierno de Aníbal Ibarra, tomó cuerpo la idea de instalar allí un gran centro cultural en ese edificio que se encontraba vacío. En noviembre de 2001, durante la gestión de Telerman, se presentó el proyecto en sociedad. En 20 meses iba a estar terminado. Se estimaba una inversión de 55 millones de pesos. Recién doce años después, el proyecto, con sus respectivas modificaciones, comienza a tomar cuerpo. Según estima Lombardi, a precios actualizados, la inversión al momento ronda los 110 millones de pesos.

En los planes originales, el auditorio de tres niveles fue pensado para albergar expresiones de música de cámara. Sin embargo, Szwarcer tuvo otra idea: "Será para la orquesta sinfónica tanto como para la música electrónica pasando por word-music y tango. Tampoco descarto ciertas expresiones teatrales y coreográficas".

La puesta en funcionamiento de este verdadero gigante será un trabajo en proceso. Recién a partir del año próximo, calculan los directores del lugar, estarán los espacios terminados y el espacio gastronómico en funcionamiento. "Queremos que sea el centro cultural del siglo XXI. El lugar de sorpresa, la innovación, la experimentación. Por lo cual, tiene que tener una programación adecuada y un modelo de gestión específico -apunta Szwarcer-. Debemos pensar una que permita flexibilidad operativa y agilidad. Nadie debe ser permanente en un lugar como éste." Para este año, el presupuesto operativo de la Usina del Arte es de 14 millones. Para el año próximo, deberá ser aumentado. "Es un espacio necesario para la ciudad. La propuesta fundamental será abrir las puertas a toda una generación de artistas que están dialogando con la tradición mientras se proyectan al futuro", destaca Mozzi.

Lombardi fue quien confió en Szwarcer y en Mozzi para dirigir este espacio. "Los dos tienen una enorme experiencia, capacidad intelectual y amor en lo que hacen", sostiene. Antes de radicarse en Europa, Szwarcer fue director del Teatro San Martín y del Colón. Hasta el año pasado, dirigió el festival Grec, de Barcelona. Mozzi, más allá de su trabajo como compositor y guitarrista, es el director del Festival de Tango de la ciudad. "Saben trabajar en equipo, que es uno de los grandes defectos que tenemos en la gestión de espacios culturales", agrega el funcionario.

La inminente inauguración estará llena de gestos. A tres años de la reapertura del Colón, servirá al jefe de gobierno para que, en otro 25 de Mayo, corte una cinta. Lejos de esas fotos, el real desafío será convertir esta vieja usina ubicada en un lugar postergado de la ciudad en faro y caja de resonancia de las búsquedas artísticas más contemporáneas.

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