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La gran sábana corta de la Argentina

Nicolás Dujovne
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25 de mayo de 2012  

A partir de hoy, LA NACION publicará una serie de columnas de economistas y analistas sobre el virtual desdoblamiento del mercado cambiario y sus consecuencias para la economía del país.

La abrupta depreciación del peso en el mercado informal ocurrida esta semana no hace más que recordarnos que en economía a veces podemos controlar las cantidades, a veces los precios, pero difícilmente ambos. Y la virtual desaparición del dólar oficial de la mesa de opciones de inversión de los argentinos terminó por empujar el dólar paralelo a niveles cercanos a los 6 pesos. Esta caída en el valor del peso acelera la inflación a través del impacto sobre las expectativas sin una contrapartida de mejora en el nivel de actividad.

La sábana es corta y las semanas que pasaron han servido para comprobarlo. Es que si bien el Banco Central ha logrado comprar dólares en el mercado, al desplazar al sector privado, los depósitos en dólares en los bancos han caído, lo que provoca una disminución equivalente en las reservas del ente monetario.

Si el sector privado quiere dólares, dólares tendrá. Para ello reducirá sus depósitos o gastará menos hasta reducir las importaciones sustantivamente y regenerar así un flujo de oferta de divisas que alcance para todos. Aunque el nivel de actividad compatible con ese nuevo equilibrio sea dolorosamente más bajo que el anterior. ¿Por qué el Gobierno no deja flotar la moneda en el mercado oficial? Después de todo, el peso ya flota libremente en el mercado informal. Al dejar flotar el peso y liberar las restricciones cambiarias, el Banco Central podría intervenir para moderar la volatilidad y, a la vez, distribuiría en toda la economía las ventajas que otorgaría un peso más competitivo.

Y, entonces, la depreciación de la moneda no sólo generaría costos, sino también beneficios al colaborar con el nivel de empleo y de crecimiento. Pero habitualmente los gobiernos populistas no dejan flotar la moneda. Es que perciben que al hacerlo se verían sometidos a la disciplina del mercado, que, implacable, penalizaría el valor de la moneda ante excesos inflacionarios, desbalances monetarios u otras políticas inconsistentes.

Y luego de haber desterrado al temido riesgo país de los años 90 como termómetro de la economía al renegociar la deuda, licuar la deuda indexada por el CER falseando la inflación y estatizar las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones (AFJP), el Gobierno no tenía ningún plan de quedar expuesto a los vaivenes del mercado.

Como el ADN no cambia, tampoco lo hará sustantivamente la política cambiaria. Se podrá eventualmente legalizar el dólar paralelo a través de cambios múltiples. Pero muy difícilmente liberarlo.

Algunas lecciones de la historia: los esquemas de este tipo disminuyen notablemente la productividad, la eficiencia y el crecimiento. Las reunificaciones de los cambios múltiples terminan ocurriendo luego de su fracaso. Y la reunificación siempre ha ocurrido al valor del paralelo. ¿Cómo protegerse? Intentando vincular los ingresos y activos al valor de bienes que ajusten por el paralelo y la inflación, y pasivos y egresos por el oficial. La tarea es muy difícil. Y consumirá de aquí en adelante gran parte de los esfuerzos de nuestros emprendedores, de las familias y de la sociedad en general. Es la nueva etapa en la que ingresamos. Como país, ya hemos estado allí.

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