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Las siete verdades del ADN K

Nicolás Dujovne
Nicolás Dujovne PARA LA NACION
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5 de junio de 2012  

CUANDO en 2008, en las postrimerías de la quiebra de Lehman Brothers, el Gobierno expropió las AFJP, se produjo una ruptura en la ya débil confianza de los tenedores de deuda pública de la Argentina: el Gobierno era capaz de cualquier cosa. La deuda soberana de la Argentina ingresó en un cono de dudas que mantuvo a los bonos cotizando en paridades cercanas al 20% durante varios meses, hasta mayo de 2009, y la salida de capitales se intensificó. El supuesto para semejante castigo en el rendimiento de la deuda se basaba en la percepción de que luego de la estatización de las AFJP, cualquier cosa podía esperarse del Gobierno, y el default era inminente.

Muchos actores locales tuvieron una visión exactamente opuesta a la de los inversores extranjeros. El Gobierno era efectivamente capaz de cualquier cosa con tal de pagar la deuda sin tener que ajustar el gasto público. Habían logrado descifrar el ADN kirchnerista. En momentos de mucha incertidumbre, el análisis de dicho ADN puede oficiar de brújula para entender el presente. Y podría resumirse en las nunca publicadas "siete verdades económicas del kirchnerismo": 1. Del default, el Gobierno se va en helicóptero; 2. Reafirmar en público la voluntad de pago de las obligaciones es neoliberal; 3. De la confiscación de depósitos, el Gobierno se va en helicóptero; 4. Criticar la convertibilidad es bueno, dejar flotar el peso es peligroso; 5. El gasto público debe maximizarse sujeto a que se pueda pagar la deuda; 6. La voluntad política se impone sobre las leyes del mercado; 7. Las regulaciones no se quitan. Se acumulan.

Aceptando las siete verdades puede entenderse el control a la venta de divisas y las prohibiciones a importar. Los dólares se destinan primero al pago de la deuda y, si sobran, se acumulan reservas. ¿Dejar flotar el peso para equilibrar nuevamente la oferta y demanda de divisas? Nunca. Peligroso. Neoliberal. Mejor es regular. Las verdades primera y cuarta nos explican este comportamiento. ¿Por qué mantener los controles a la entrada de divisas al país cuando el problema es hoy la fuga? La séptima verdad es la respuesta. Las regulaciones no se quitan, se acumulan.

Que todo este descontrol fue generado sólo para pagar la deuda con reservas nadie lo va a admitir en público: esto violaría la segunda verdad. Se paga, pero en silencio. Hablar del tema sería malinterpretado por quienes conforman el imaginario colectivo que da color y espesor ideológico al kirchnerismo. Las Hebes, los movimientos sociales no están sujetos a los rigores del Gobierno, al pago de jornales. No conocen las dificultades que acarrearía no pagar la deuda. Proveámoslos de épica con YPF, las AFJP y los fantasmas de los 90. Pero nunca nos olvidemos de los íconos del derrumbe de los 90: el default y el corralito.

El sencillo rol de comunicar lo concerniente al manejo de la deuda soberana en cualquier país normal es ejercido por el director de la Oficina Nacional de Crédito Público. Pero aun cuando en nuestro país dicho cargo se superpone con la Subsecretaría de Financiamiento, la Secretaría de Finanzas y con el ministro del área, nadie habla. Mudos todos ellos, los argentinos deben entonces escuchar de Cristina declaraciones imprecisas sobre el pago del Boden 2012 "porque es de los ahorristas que sufrieron el corralito". La declaración oscurece más de lo que aclara. Los presidentes no hablan de esos temas, los especialistas lo hacen. Si el Boden 12 se paga por ese motivo, ¿cuáles serán las causas para pagar el resto de la deuda?

La incertidumbre actual da cuenta de un marcado desconocimiento acerca de la vigencia de las siete verdades. Algunos, agnósticos, nunca estuvieron convencidos de que existieran. Otros comenzaron a preguntarse si el septeto de verdades debía aplicarse sólo al período de Néstor Kirchner. Otros se horrorizaron ante la andanada de declaraciones pesificadoras de Cristina, Aníbal Fernández, Randazzo, Abal Medina, Kunkel y Felleti. No pudieron descifrar que los deseos pesificadores de estos funcionarios y legisladores se enmarcan simplemente en la sexta verdad: la política manda sobre la economía, y los argentinos deben comenzar a pensar en pesos porque así lo decide el Gobierno. La voluntad política de que ello ocurra es más fuerte que la inflación.

La Argentina necesita un ministro de Economía que ejerza sus funciones con profesionalismo. Ello probablemente no cambiará en el corto plazo. Pero al menos, algunas cuestiones comunicacionales deberían comenzar a manejarse con algo más de oficio. Hasta que ello ocurra, las siete verdades deberán guiar nuestras decisiones. Es una cuestión de fe.

© La Nación

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