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El volcán Maresca

Se presentó en Roma la primera retrospectiva dedicada en Europa a esta artista de culto, referente del arteargentino de los años 80 y 90, que tuvo una vida corta e intensa
Elisabetta Piqué
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8 de junio de 2012  

Fue amada e ignorada, pero nunca pasó desapercibida. Ahora el espíritu de Liliana Maresca (1951-1994), referente fundamental del arte argentino entre los años 80 y 90, revive en Roma, donde se inauguró la primera retrospectiva dedicada a su obra en Europa.

En la galería Spazio Nuovo, en el corazón del centro histórico de la ciudad eterna, patrocinada por la embajada argentina en Italia y titulada Liliana Maresca, una identidad multiforme , la muestra exhibe ocho esculturas minimalistas creadas por la artista -algunas de las cuales fueron prestadas por Malba y Eduardo Costantini- poco antes de morir de sida, a los 43 años. Además, pueden verse dieciséis fotografías en blanco y negro realizadas por el fotógrafo Marcos López, que retratan a Maresca en ambientes urbanos o desnuda con sus esculturas, en fotoperformances.

Para quienes no conocen a Maresca, las imágenes y las obras son reveladoras. Hablan de transgresión, energía vital, una existencia borderline y una creatividad impactante que cautivaron al curador italiano de la muestra, Ludovico Pratesi.

"Para ella el arte era vida, no quería ser artista para vender, lo que tocaba se convertía en obra de valor. Las relaciones que tenía, con hombres y con mujeres, eran intensas. Todo lo que tocaba era intenso", recordó el hermano menor de Liliana Maresca, Miguel Ángel, arquitecto que vive en Milán desde 1989, casado con una italiana.

"Ella se levantaba y el desayuno se lo servía en una bandeja de plata que teníamos de una abuela austríaca. Se hacía tostaditas, el té, era un rito; la belleza empezaba desde la mañana. Todo lo que tocaba tenía que ver con la belleza, la vida, la muerte. Ella era un caos, había un volcán dentro de ella... De chica, siempre tenía que ser diferente, tenía que ser ella: iba a la escuela y falsificaba los boletines, porque no quería ir, quería dibujar, crear", evocó.

La vida de Maresca, aunque parezca un lugar común decirlo, fue corta e intensa. Nacida en Avellaneda en 1951, fue a un colegio religioso; luego, para escaparse de la casa, estuvo un año en un noviciado; estudió cerámica, pintura y escultura, se casó y tuvo una hija, Almendra Vilela. Después de que fracasó su matrimonio, se dedicó por entero al arte.

Transformó su casona de San Telmo en una comunidad de artistas underground , lugar de fiestas, happenings y reuniones. A caballo entre el final de la dictadura y el comienzo de la democracia, en pleno "destape", Maresca escandalizó con instalaciones efímeras, performances políticas y acciones contra la clase dirigente argentina.

Una de las más recordadas es Ouroboros , en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, con una serpiente enroscada que se mordía la cola, tapizada con páginas de libros de texto que se leían en la facultad, que luego quemó. "Quería criticar el saber por el saber mismo, sin ninguna utilidad práctica", explicó Paulo Pérez Mouriz, director de Spazio Nuovo.

Realizadas con objetos comunes como ramas de árbol, juguetes, esferas metálicas o cáscaras de huevo, juntados en forma inesperada, esotérica y enigmática, las obras que se pueden ver en la retrospectiva romana se refieren a conceptos simbólicos como la metamorfosis, la alquimia y diversos estados de transformación de la materia, explicó Mouriz.

Maresca murió en Buenos Aires en 1994, cuando se hizo su primera muestra antológica, Frenesí , a la que no pudo asistir. Después de años de olvido, volvió a hablarse de su obra gracias a un gran trabajo de Adriana Lauria, curadora de Transmutaciones , una importante retrospectiva que se hizo en 2008 en el Museo Castagnino + Macro de Rosario y luego en el Centro Cultural Recoleta.

"Fue allí donde el curador, Ludovico Pratesi, conoció la obra de mi madre y se empecinó en traerla a Europa", contó Almendra, la hija de Liliana, una chica de 33 años, parecidísima a Maresca y muy emocionada en la inauguración. "Me parece que trascender es muy importante para un artista-reflexionó-. Y como espectadora, no como hija, creo que su obra es maravillosa."

Sin límites

"Liliana Maresca se animaba a todo, probaba todo y no tenía límites. Cuando descubrió que tenía sida, en 1987, al principio no le dio importancia, hasta que un día se cayó al bajarse de un tren. Igual siguió trabajando hasta el final. Si bien empezó su carrera exponiendo su cuerpo, como con la enfermedad iba perdiendo brillo, a través de la escultura recuperó el esplendor perdido y dejó un mensaje", contó a adn Paulo Pérez Mouriz, director de la galería Spazio Nuovo. Dedicada al arte contemporáneo latinoamericano, la galería editó un catálogo sobre Maresca y presentará obras suyas en el Museo Reina Sofía de Madrid, en octubre, y luego en Estados Unidos

Ficha. Liliana Maresca, una identidad multiforme , muestra curada por Ludovico Pratesi en la galería Spazio Nuovo de Roma ( www.spazionuovo.net ), hasta el 30 de junio

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